Afirmaciones negativas de la felicidad.

Atada a circunstancias temporales, podríamos decir que la felicidad es relativa. Esto implica que, escenarios y hechos que nos producen felicidad en el presente no son los mismos, o al menos en su mayoría, que la producían hace cinco, diez o veinte años atrás. Sin ir más lejos, cualquier sentimiento de felicidad puede verse superpuesto inmediatamente por una congoja intensa, la cual requerirá de otro tipo de escenario para apaciguarla. Por ejemplo: 

 

. Esto implica que, escenarios y hechos que nos producen felicidad en el presente no son los mismos, o al menos en su mayoría, que la producían hace cinco, diez o veinte años atrás. Sin ir más lejos, cualquier sentimiento de felicidad puede verse superpuesto inmediatamente por una congoja intensa, la cual requerirá de otro tipo de escenario para apaciguarla. Por ejemplo: 
Si estamos en el momento culmine de cualquiera sea nuestro actual escenario de felicidad y nos llega la noticia de que un ser querido ha sufrido un accidente de cualquier índole y se encuentra en terapia intensiva, la angustia va a reinar invariablemente sobre el supuesto escenario que nosotros creíamos como fuente máxima de felicidad, y el mismo va a ser cambiado por otro, que en este caso va a ser ver a nuestro ser querido mejorar.  

Dicho esto, se podría decir que la felicidad no existe, no existe como algo implícito sino más bien está ligada a pequeños momentos regidos por el ápice vertiginoso del tiempo. Ni siquiera existe en los términos en los que es acuñada por los medios y el capitalismo, dicha a base de electrodomésticos como parámetro de felicidad, falsa ilusión del progreso y metas superfluas.

¿Y porque buscamos de manera perpetua algo que no existe? La respuesta puede estar en que realmente no la buscamos, no tratamos de alcanzarla, sino más bien intentamos eludir a la tristeza, cómplice incondicional de la conciencia. Creemos que estamos en esta vida solo para sentirnos bien, y cualquier pequeño indicio de aparición de la angustia intentamos hundirla forzosamente como si fuese algo pasajero, o algo que se deje mitigar. Estar triste es estar consciente, es permanecer en un estado de alerta constante, de sentir a flor de piel lo que está sucediendo a nuestro alrededor y en nuestro interior, porque la felicidad, o más bien el momento donde la felicidad es protagonista, es un período donde el éxtasis reina, donde la inconciencia toma partido y por ende la estupidez se hace fuerte. De modo que, y llegando a una suerte de conclusión, la inexistencia de la felicidad puede ser un mecanismo para permitir el resguardo nuestra sanidad, para preservar nuestros pensamientos y no convertirnos en meras marionetas bajo sus hilos, dejando quizás en evidencia, algunos leves tintes asesinos dentro de ella.

UNETE



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