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Las hijas de Anio


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02/03/2018

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Suelen estar hechas [las leyes] por necios, más a menudo por gentes que, por odio a la ecuanimidad, carecen de equidad, en todo caso siempre por hombres, autores vanos e irresolutos. Michel de Montaigne, Ensayos (De la experiencia)


Cierto es, como he oído en algún que otro medio, y así me lo parece a mí también, que estamos en un momento de retroceso de las libertades: hacía tiempo que no oía que se encarcelara a nadie en este país por decir, cantar o fotografiar aquello que le molesta al poder. Y a este últimamente le molesta todo menos su propio hedor. El poder, como siempre, hace las leyes a su gusto y medida. Tanto es así que sólo le falta aprobar, aunque da la callada por respuesta abundando en la corrupción, que lo que roben los cargos públicos, empleados de los partidos políticos, y demás, no será delito sino pago debido por los servicios prestados.

Hace ya tiempo que, cada vez que se critica esa corruptela llamada puertas giratorias, alguien replica que los políticos españoles están muy mal pagados, que se tienen que arreglar la vida para cuando dejen sus cargos, para lo cual, al parecer, no queda más camino que la corrupción. Hace mucho tiempo, Adolfo Suárez hablando de Fraga Iribarne dijo que este tenía tantas cosas en la cabeza que no le cabía el sentido común, que es el menos común de todos los sentidos. Años después otro político, actualmente en el poder, presidente del país para más señas, dijo, tras una entrevista con el presidente de entonces, José Luis Rodríguez Zapatero, que se debería exigir ser mayor de edad, es decir tener más de dieciocho años, para ejercer el poder.

Ambos tenían razón. Y ambas ocurrencias están muy bien para aplicarlas a los otros; pero cosa distinta es cuando las pullas o frases, más o menos ingeniosas, se vuelven contra uno mismo. Y así, cuando han estallado, o salido a la luz, todas las corruptelas del Partido Popular, el sentido común ha brillado en este partido por su ausencia: se ha pretendido esconder o justificar aquello que ni tenía justificación, ni un un político, con dos dedos de frente, algo de decencia y un cucharada de sentido común, hubiera negado ni ocultado. Pero, claro, eso tal vez hubiera supuesto la renuncia, la abdicación, la dimisión, cosa a la que, es cierto, no estamos acostumbrados en este país, que es más de aquello tan clásico de defendella y no enmendalla. Que lo hagan los otros. Ellos, como hacen algunos menores de edad, se esconden en el “yo no he sido”, impropio en alguien mayor de dieciocho años. Y siguen en el cargo. Tan frescos.

Y de aquí surge la otra pregunta que me corroe e inquieta desde hace mucho tiempo. Sabiendo que los políticos cobran poco, según ellos, ¿por qué hay gente que se mete en los partidos políticos y se dedica a la cosa pública? Varias veces el mismo presidente del gobierno ha dicho que no está en política por dinero, ya que en su antiguo trabajo ganaba más, o, al menos, no pasaba ninguna necesidad. Entonces, dados todos los casos de corrupción que le atañen, su demostrada ineficacia y su escasa preparación, ni idiomas sabe, ¿por qué se mantiene en el puesto? ¿Por vocación? ¿Porque se cree imprescindible para el país? ¿Quién le ha dicho semejante cosa? Seguramente se mantiene, digo yo, porque hay quienes así lo desean esperando, desando y obteniendo, que legisle de acuerdo con sus propios intereses, que no los de la nación. Está en el poder, pues, a petición de unas determinadas personas o entidades. Creo.

A veces horroriza pensar en la gente que está en el poder, o manejando los hilos en la sombra. Y así, una de las últimas propuestas, por parte de alguna brillante cabeza pensante de la Organización de empresarios, ha sido adoptar unas medidas tales que, si se viste al trabajador, al becario y al aprendiz, de edad indefinida, con una pequeña túnica, preferentemente de color marrón, se tendría la impresión de estar en la Roma de Nerón, año arriba año abajo. Estos empresarios son de mente tan estrecha que todavía no han descubierto que el futuro reside en una mejor preparación de la sociedad en general. Como burros con orejeras no ven más que una parte del camino, ignorando lo que hay a su alrededor. ¿Para qué inventar nada si tenemos esclavos y hasta los podemos vestir con túnica? Estudiar es una pérdida de tiempo: menos latín y más fútbol. O, y no lo dijo él, que inventen ellos.

Para acabarlo de arreglar, hasta la necedad es coherente consigo misma, empezamos a difundir que las pensiones se acaban, que nadie sueñe con tener una pensión en el futuro, y menos con los años que va a cotizar la gente joven: si un joven se dedica a estudiar, lo normal es que hasta los 25 ó 30 años no tenga un trabajo bien remunerado, y eso si no tiene que irse del país. Se tendrá que jubilar a los 70 años, o más, y ni aún así tendrá pensión. Ahora bien, ¿qué pensión tiene un político cuando se retira o lo retiran? Tal vez en la respuesta a esta pregunta esté la solución de porqué, sabiendo que cobran poco, según ellos, algunos se meten en los partidos políticos. Tienen prebendas, puertas giratorias, chapuzas y trabajillos varios, que no son éticos pero son legales. ¿Cómo van a permitir entonces que otros tengan pensiones dignas? Se puede acabar la tarta, y ya se sabe: no hay azúcar para tanto moscón.

No hace mucho varias personas me comentaron que se habían comprado tierras en el pueblo, o, quien puede, casas en la ciudad, con la idea de trabajarlas y asegurarse la vejez, o dejarles a sus hijos un techo para que tengan, por lo menos, dónde refugiarse. Pues bien, otra de las cabezas pensantes, que se dedica a todo menos a lo que tiene que dedicarse, a su trabajo, ha dicho que eso es una deshonestidad por parte de los jubilados: que vendan los pisos, las tierras, y a sus hijos como esclavos, y que dejen de dar la matraca con sus huelgas y manifestaciones. Cuando no hay dinero, no hay dinero. ¿Qué le vamos a hacer?

¿Y cómo se ha llegado a esta situación? ¿No se podía controlar tanto gasto y dispendio en campañas electorales y demás e invertir algo más en sanidad, educación, etc? ¿O ha sido todo una jugada para poner al país en manos privadas? Por supuesto que un político, a no ser que esté en la oposición, no va a dar respuestas creíbles y coherentes. Cuando habla alguien que está en el poder es claro como el agua clara si ataca al contrario; y ambiguo y oscuro como agua embarrada cuando habla de sus planes, que quizás o no existan o sean inconfesables. De ahí el fango. Esta casta cree todavía que ellos son los viejos sacerdotes, que el pueblo es tonto e ignorante, y que con cuatro palabras, dos palmadas y medio eclipse se soluciona el problema. El ejemplo lo hemos visto estos días: asumen que la subida del 0,25 para las pensiones es un subida que no es para sacar pecho, pero, pobrecicos, no pueden hacer más, qué más quisieran ellos… La respuesta es clara: váyanse a casa porque soluciones hay.

Dicen que en todas las casas se cuecen habas, y en la mía a calderadas. En tierras lejanas el Gran Patán, sustentado por sus amiguitos del rifle, no está por la labor, pese a los continuos asesinatos, de la prohibición de la venta de armas de fuego sino porque, dado que gran cantidad de las matanzas se origina en institutos, los profesores vayan armados a clase. Volvemos al salvaje oeste, al technicolor y al héroe sin el que no se puede vivir en este perro mundo. La culpa, pues, a partir de este momento, será del profesor que sea lento en desenfundar, y por eso el alumno díscolo, o dislocado, se ha llevado por delante a un buen montón de compañeros. Hay que disparar primero, ser rápido y valiente. Y mientras tanto, el negocio de armas, y componentes varios, viento en popa, que es de lo que se trata. Aquí igualmente, nos tragamos a carretadas la corrupción, el desfalco, la mentira, la impunidad, el que se condene a una persona por cuatro chistes sin gracia, y encima votamos a quien lo hace y lo permite. No hay más que pedir. Jugada perfecta.

No voy a reivindicar nada, por supuesto, ni a proponer nada. Pero todo esto, y más cosas, prohibiciones incluidas, me ha recordado un par de mitos, el de aquel que convertía en oro todo cuanto tocaba, cosa que al final se convirtió en su pesadilla; y el otro, casi desconocido, de las hijas de Anio: estas tenían el don de convertir en pan, aceite y vino todo cuanto rozaban sus manos. El enemigo las raptó para su uso y provecho, y ellas se suicidaron a fin de no procurar alimentos a los enemigos de su pueblo.

Ha coincidido la relectura de este mito, que tenía olvidado, con el de las páginas finales de otro en el que se estudia, y detalla, el paso de una sociedad matrilineal a otra patilineal. El mito de la gran diosa y de Eva, y el papel que jugó el cristianismo en una visión del mundo, de la vida y de la sociedad. Con toda una teología desarrollada por san Pablo y san Agustín, y sustentada por la iglesia con la inestimable ayuda, a veces, de la santa Inquisición. Está claro, aquí, quién hizo las leyes y para qué las hizo. Y como siempre, se privó a la humanidad del placer, del gozo de la vida y de la alegría. Tal vez algún día las podamos recuperar con un poco de sentido común, menos políticos y más solidaridad. Tal vez. Quién sabe.







Etiquetas:   Corrupción   ·   Mitos y Leyendas   ·   Leyes   ·   Partidos Políticos   ·   Pensiones

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