. Es difícil encontrar en el panorama actual español a un escritor tan prolífico y tan polifacético. Es más difícil aún poder asegurar que en cada uno de sus ensayos, textos críticos o narrativos se pueda encontrar siempre esa magia poética y ese humor tan característico del autor. Es difícil comprender por qué su obra narrativa ha pasado más desapercibida que la poética. Más aún, es casi inconcebible. Tal vez sea porque algunos de sus primeros libros fueron quemados en piras inquisitorias, tal vez porque el público generalista no quiere leer algo diferente. En estos oscuros tiempos de sombras de Grey y Ángeles y demonios no hay cabida para novelas como Fábula, no hay cabida para experimentos de estilo y para metáforas intelectuales. O tal vez sí.
El libro que tengo entre mis manos tiene 10 años más que yo. Ha viajado por el mundo y ha acabado en mis manos 40 años después, eso tiene que tener algún valor. Es sin duda una novela atemporal y fascinante que contiene una de las críticas más salvajes y lúcidas que jamás he leído sobre la sociedad y sus individuos. Estudia a través de una sátira mordaz y desorbitada la maldad que rodea a los sentimientos de pertenencia a las masas, la intolerancia injustificada hacia lo diferente y la educación terrible que es capaz de ejercer el estado contra los individuos.
Muchas de estas ideas plasmadas de forma más seria y concisa se pueden leer en la reunión de todos sus ensayos y artículos en los que se constata que era uno de los críticos más sensibles y sinceros del gremio.Sus relatos se reunieron bajo el título Siniestro mundo este, caballeros, y en ellos experimenta con la expresión del lenguaje con un resultado que casi parece prosa poética si no fuese porque consigue hacer que primer el elemento narrativo.En resumen, sigue siendo un imprescindible para los ávidos lectores que busquen la visión enajenada y lúcida de un soñador empedernido decepcionado que quiere hacerse oír.