. Basta esta reseña para dejar claro que esa bebida la conozco en
épocas de pureza y de mistificación.
El Gin & Tonic (de ahora en adelante GT) nació entre los
oficiales del Raj, unos destacamentos militares de la Corona Británica que, desde 1858
hasta 1947, controlaron la llamada «India Británica» que en aquella época
estaba formada por los estados soberanos de India, Pakistán y Bangladesh.
Y nació de la manera más sencilla.
A principios
del siglo XIX las zonas templadas tropicales o subtropicales estaban asoladas
por la malaria, una enfermedad que en aquellos tiempos llegaba a ser mortal y
que era causada al ser humano por la picadura de un mosquito infectivo.
Aquellas tropas debían hacer frente, además de las
constantes revueltas civiles y de las sublevaciones de los cipayos, a
los estragos que la malaria causaba entre sus componentes, muchos de los cuales
fallecían tras sufrir fiebres y vómitos.
El descubrimiento de la quinina, un alcaloide
extraído de la corteza del Quino, un árbol de las laderas de los Andes, fue el
remedio que se utilizó para intentar paliar esa maligna enfermedad.
En 1638, D. Luis Jerónimo de Cabrera, cuarto conde de
Chinchón, era el virrey del Perú. Su segunda esposa, Dª. Francisca Enríquez de
Rivera, a los pocos meses de llegar a Lima contrajo un estado febril que hizo
temer seriamente por su vida. El alcalde de la minas de Zaruma, amigo personal
del virrey que había padecido la misma dolencia, comunicó a éste que fue curado
por los nativos con el extracto de la corteza de un árbol al que llamaban «Kinia-Kinia» ―árbol de árboles en dialecto quechua― que,
mezclado con agua, le había sido
suministrado por un jefe inca como antídoto.
Dª
Francisca, a los cinco días de administrársele aquella poción, se recuperó
totalmente por lo que, seguidamente, dio orden de recolectar grandes cantidades
de esa corteza para preparar un fármaco que ella misma se encargó de suministrar
a los numerosos enfermos de su localidad. Aquellas gentes, una vez sanadas,
denominaron a esa corteza como «Polvos de la Condesa», y también «Chinchona».
Fue
en 1820 cuando los químicos franceses Pierre
Pelletier
y Joseph Caventou consiguieron extraer los principios activos
de la corteza del Quino y descubrieron que la base de esa corteza estaba
compuesta por dos alcaloides ―bautizados como «quinina» y «chinchonina»―, con los que
decidieron elaborar preparados con fines estrictamente medicinales.
El
medicamento, en forma de pastillas, se envió a las distintas colonias europeas,
centrándose en las zonas tropicales donde la malaria estaba causando los
mayores estragos. La dosis diaria de quinina pronto se convirtió en un martirio
entre aquellos que se veían obligados a tomarla, a causa de su sabor
extremadamente amargo. Por ese motivo los oficiales británicos destacados en la
India, tras disolver esas tabletas de quinina en un vaso de agua, para hacer
más placentero su consumo le añadían azúcar y ginebra. El GT estaba a punto de nacer.
Treinta
y siete años antes, Johann Jacob Schweppe, joyero y
relojero alemán con una acusada afición científica, desarrolló un
método para carbonatar el agua. Schweppe patentó el
procedimiento y su agua gaseosa se destinó a usos medicinales.
El
agua de Schweppe recibió el apoyo unánime del colectivo médico que juzgó
su calidad superior a la de otras aguas gracias a su proceso de carbonización y
comenzó a prescribirse para curar las enfermedades del riñón y de la vesícula, así
como los trastornos gástricos y la gota.
En
1831, Guillermo IV de Inglaterra apadrinó el agua de Schweppe
como bebida oficial de la Familia Real británica y a partir de esa fecha la
marca comenzó a usar el epígrafe «by appointment of her Majesty». Esa unión con la realeza permitió a la
marca acentuar su imagen de bebida para la alta sociedad inglesa.
En 1851 la aplicación de la quinina para
algunos tratamientos médicos ―fiebre, malaria y escorbuto―, llevó a incluirla
como aditivo en el agua de Schweppe. Esta combinación,
que se conoció entonces como «Agua de Quinina», pronto pasó a denominarse como «Agua
Tónica».
Los oficiales ingleses, cuando regresaban a Gran Bretaña, se reunían en sus
exclusivos clubs masculinos, y para hacer gala entre los asistentes de haber
combatido en los destacamentos de la de la «India Británica» pedían su bebida
favorita: ginebra inglesa mezclada con aquella «Agua Tónica», indicando al camarero
que añadiese a la bebida hielo y una fina rodaja de lima. El GT acababa de ver la luz.
Esta
bebida adquirió una gran popularidad y durante más de cien años fue consumida
tal y como nació; una parte de ginebra, cuatro de agua tónica, hielo y una
rodaja de lima o limón.
Sin
embargo, a finales de la década de los 90, la cosa empezó a cambiar, y de qué
manera. Primero fueron los fabricantes de ginebra los que empezaron a ofrecer
unas nuevas bebidas cuyo proceso de fabricación incluía, además de varias
destilaciones, otros botánicos adicionales a los ya tradicionales ―enebro y
cortezas de naranja, lima o limón―. La lista se está haciendo interminable por
lo que cito aquí algunos de ellos: albahaca, almendras, angélica, azafrán,
camomila, cassia, chocolate, chufa, cilantro, fresas, frutos del bosque,
jengibre, lirio, menta, nuez moscada, olivas, pepino, pétalos de rosa, pimienta,
regaliz, romero, tomillo y uvas.
Llegaban
al mercado las ginebras denominadas Premium―con un precio muy superior a
las tradicionales― y tanto las ginebras como los GT con este tipo de destilados empezaron a
duplicar su precio.
Pero
la cosa no quedó ahí. Poco tiempo después fueron los fabricantes de agua tónica
los que se pusieron manos a la obra para ponerse a la altura de los nuevos
tiempos que llegaban, por lo que empezaron a introducir en el proceso de
fabricación de sus productos los mismos botánicos que los empleados por los
fabricantes de ginebras Premium, creando entonces las tónicas también
denominadas como Premium.
¿Qué
sucedió a continuación? Muy sencillo. Las campañas de marketing utilizadas por
las compañías elaboradoras, tanto de de ginebra como de agua tónica fueron tan
agresivas que daban a entender al consumidor que un GT
sin esos nuevos productos no era, ni de lejos, un verdadero GT. Es más, esas compañías reclutaron a muchos de los más
afamados bartenders con la finalidad de que fuesen ellos los
que propagasen las virtudes de estos nuevos combinados (no me atrevo a
llamarlos GT).
Y
la cosa funcionó, y de qué manera. Fueron esos maestros en el arte de combinar
bebidas los que se encargaron de poner en marcha, muchas veces en locales de su
propiedad, esa nueva mezcla Premium de ginebra y tónica. Y lo hicieron
rizando todavía más el rizo añadiendo a la mezcla unos o varios botánicos de
los empleados en la elaboración de la ginebra y sirviendo la tónica ayudándose
de la cucharilla imperial ―¡que horterada!―. En los nuevos combinados podíamos
encontrar de todo: ramas de canela, rodajas de pepino, fresas o frutos del
bosque, pétalos de rosa o uvas. A veces hasta llegué a ver… ¡unas gominolas!.
Aquellas copas parecían más bien una macedonia, una ensalada o un gazpacho
antes que un verdadero GT. Si los oficiales del ejército británico del Raj
levantasen la cabeza…
Yo,
a pesar de todo, continúo con el GT que conocí en mi juventud. Abundante hielo,
5 cl. de una buena ginebra London Dry (por ejemplo Larios),
20 cl. de una buena tónica (por ejemplo Indian tonic Schweppes)
y una fina rodaja de limón o lima antes de remover la mezcla con mucha
suavidad. Recomiendo encarecidamente prepararlo así, es una verdadera delicia.