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¿Porqué estropear un Gin & Tonic?


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11/02/2018


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Antes de nada quisiera decir dos cosas: soy un amante confeso del Gin & Tonic desde que tenía diez y ocho años y ya he cumplido los setenta. Basta esta reseña para dejar claro que esa bebida la conozco en épocas de pureza y de mistificación. 


El Gin & Tonic (de ahora en adelante GT) nació entre los oficiales del Raj, unos destacamentos militares de la Corona Británica que, desde 1858 hasta 1947, controlaron la llamada «India Británica» que en aquella época estaba formada por los estados soberanos de India, Pakistán y Bangladesh.

Y nació de la manera más sencilla.

 A principios del siglo XIX las zonas templadas tropicales o subtropicales estaban asoladas por la malaria, una enfermedad que en aquellos tiempos llegaba a ser mortal y que era causada al ser humano por la picadura de un mosquito infectivo.

Aquellas tropas debían hacer frente, además de las constantes revueltas civiles y de las sublevaciones de los cipayos, a los estragos que la malaria causaba entre sus componentes, muchos de los cuales fallecían tras sufrir fiebres y vómitos.

El descubrimiento de la quinina, un alcaloide extraído de la corteza del Quino, un árbol de las laderas de los Andes, fue el remedio que se utilizó para intentar paliar esa maligna enfermedad.

En 1638, D. Luis Jerónimo de Cabrera, cuarto conde de Chinchón, era el virrey del Perú. Su segunda esposa, Dª. Francisca Enríquez de Rivera, a los pocos meses de llegar a Lima contrajo un estado febril que hizo temer seriamente por su vida. El alcalde de la minas de Zaruma, amigo personal del virrey que había padecido la misma dolencia, comunicó a éste que fue curado por los nativos con el extracto de la corteza de un árbol al que llamaban «Kinia-Kinia» ―árbol de árboles en dialecto quechua― que, mezclado con agua, le había sido suministrado por un jefe inca como antídoto.

Dª Francisca, a los cinco días de administrársele aquella poción, se recuperó totalmente por lo que, seguidamente, dio orden de recolectar grandes cantidades de esa corteza para preparar un fármaco que ella misma se encargó de suministrar a los numerosos enfermos de su localidad. Aquellas gentes, una vez sanadas, denominaron a esa corteza como «Polvos de la Condesa», y también «Chinchona».

Fue en 1820 cuando los químicos franceses Pierre Pelletier y Joseph Caventou consiguieron extraer los principios activos de la corteza del Quino y descubrieron que la base de esa corteza estaba compuesta por dos alcaloides ―bautizados como «quinina» y «chinchonina»―, con los que decidieron elaborar preparados con fines estrictamente medicinales.

El medicamento, en forma de pastillas, se envió a las distintas colonias europeas, centrándose en las zonas tropicales donde la malaria estaba causando los mayores estragos. La dosis diaria de quinina pronto se convirtió en un martirio entre aquellos que se veían obligados a tomarla, a causa de su sabor extremadamente amargo. Por ese motivo los oficiales británicos destacados en la India, tras disolver esas tabletas de quinina en un vaso de agua, para hacer más placentero su consumo le añadían azúcar y ginebra. El GT estaba a punto de nacer.

Treinta y siete años antes, Johann Jacob Schweppe, joyero y relojero alemán con una acusada afición científica, desarrolló un método para carbonatar el agua. Schweppe patentó el procedimiento y su agua gaseosa se destinó a usos medicinales.

El agua de Schweppe recibió el apoyo unánime del colectivo médico que juzgó su calidad superior a la de otras aguas gracias a su proceso de carbonización y comenzó a prescribirse para curar las enfermedades del riñón y de la vesícula, así como los trastornos gástricos y la gota.

En 1831, Guillermo IV de Inglaterra apadrinó el agua de Schweppe como bebida oficial de la Familia Real británica y a partir de esa fecha la marca comenzó a usar el epígrafe «by appointment of her Majesty». Esa unión con la realeza permitió a la marca acentuar su imagen de bebida para la alta sociedad inglesa.

    En 1851 la aplicación de la quinina para algunos tratamientos médicos ―fiebre, malaria y escorbuto―, llevó a incluirla como aditivo en el agua de Schweppe. Esta combinación, que se conoció entonces como «Agua de Quinina», pronto pasó a denominarse como «Agua Tónica».

Los oficiales ingleses, cuando regresaban a Gran Bretaña, se reunían en sus exclusivos clubs masculinos, y para hacer gala entre los asistentes de haber combatido en los destacamentos de la de la «India Británica» pedían su bebida favorita: ginebra inglesa mezclada con aquella «Agua Tónica», indicando al camarero que añadiese a la bebida hielo y una fina rodaja de lima. El GT acababa de ver la luz. 

Esta bebida adquirió una gran popularidad y durante más de cien años fue consumida tal y como nació; una parte de ginebra, cuatro de agua tónica, hielo y una rodaja de lima o limón.

Sin embargo, a finales de la década de los 90, la cosa empezó a cambiar, y de qué manera. Primero fueron los fabricantes de ginebra los que empezaron a ofrecer unas nuevas bebidas cuyo proceso de fabricación incluía, además de varias destilaciones, otros botánicos adicionales a los ya tradicionales ―enebro y cortezas de naranja, lima o limón―. La lista se está haciendo interminable por lo que cito aquí algunos de ellos: albahaca, almendras, angélica, azafrán, camomila, cassia, chocolate, chufa, cilantro, fresas, frutos del bosque, jengibre, lirio, menta, nuez moscada, olivas, pepino, pétalos de rosa, pimienta, regaliz, romero, tomillo y uvas.

Llegaban al mercado las ginebras denominadas Premium―con un precio muy superior a las tradicionales y tanto las ginebras como los GT con este tipo de destilados empezaron a duplicar su precio.

Pero la cosa no quedó ahí. Poco tiempo después fueron los fabricantes de agua tónica los que se pusieron manos a la obra para ponerse a la altura de los nuevos tiempos que llegaban, por lo que empezaron a introducir en el proceso de fabricación de sus productos los mismos botánicos que los empleados por los fabricantes de ginebras Premium, creando entonces las tónicas también denominadas como Premium.

¿Qué sucedió a continuación? Muy sencillo. Las campañas de marketing utilizadas por las compañías elaboradoras, tanto de de ginebra como de agua tónica fueron tan agresivas que daban a entender al consumidor que un GT sin esos nuevos productos no era, ni de lejos, un verdadero GT. Es más, esas compañías reclutaron a muchos de los más afamados bartenders con la finalidad de que fuesen ellos los que propagasen las virtudes de estos nuevos combinados (no me atrevo a llamarlos GT).

Y la cosa funcionó, y de qué manera. Fueron esos maestros en el arte de combinar bebidas los que se encargaron de poner en marcha, muchas veces en locales de su propiedad, esa nueva mezcla Premium de ginebra y tónica. Y lo hicieron rizando todavía más el rizo añadiendo a la mezcla unos o varios botánicos de los empleados en la elaboración de la ginebra y sirviendo la tónica ayudándose de la cucharilla imperial ―¡que horterada!―. En los nuevos combinados podíamos encontrar de todo: ramas de canela, rodajas de pepino, fresas o frutos del bosque, pétalos de rosa o uvas. A veces hasta llegué a ver… ¡unas gominolas!. Aquellas copas parecían más bien una macedonia, una ensalada o un gazpacho antes que un verdadero GT. Si los oficiales del ejército británico del Raj levantasen la cabeza… 

Yo, a pesar de todo, continúo con el GT que conocí en mi juventud. Abundante hielo, 5 cl. de una buena ginebra London Dry (por ejemplo Larios), 20 cl. de una buena tónica (por ejemplo Indian tonic Schweppes) y una fina rodaja de limón o lima antes de remover la mezcla con mucha suavidad. Recomiendo encarecidamente prepararlo así, es una verdadera delicia.



Etiquetas:   Relaciones Personales

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