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La Perversidad de un régimen


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16/01/2018


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“Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. Edmund Burke


Cuando el régimen nazi comenzó su persecución contra los judíos en Alemania el silencio de una gran parte de la población fue “estruendoso”, muchas naciones que tenían algún tipo de información de dicho acoso o que contaban con información fidedigna de lo que estaba ocurriendo mantuvieron un silencio cómplice o hicieron tibios anuncios de protesta que no iban más allá de las palabras.

Para el año de 1945, una vez que el nazismo se había derrumbado literalmente a cañonazos, se inicia en la ciudad de Nuremberg  un proceso que tenía como finalidad castigar los crímenes cometidos por la alta jerarquía nazi contra la población civil y, específicamente, contra los judíos europeos. Se suponía que estas acciones debían buscar implementar una serie de estrategias que permitieran que, en un futuro, todos los delitos que se cometieran en contra de la humanidad violentando los Derechos Humanos fueran juzgados y los criminales condenados a cumplir sentencias tan duras que de una u otra manera cualquier grupo político o militar que se atreviera a masacrar, torturar, desaparecer o destruir una cultura o raza lo pensara dos veces y se atuviera a las consecuencias.

Lo más irónico es que las naciones aliadas que habían logrado la victoria no se habían quedado atrás en relación a la violación de las libertades o en el silencio cómplice, al principio de la guerra,  ante el genocidio judío. Por ejemplo, la URSS comandadas por el infame Josef Stalin, ya había sido parte de una cruel y despiadada matanza contra sus propios ciudadanos o de los de otras nacionalidades o países que habían caído tras las líneas soviéticas.  Una historia aterradora era la de que los soldados rusos que, en batalla, se veían obligados a retroceder eran recibidos a balazos de ametralladora de sus propios compatriotas (el lineamiento establecido por el “líder” soviético se conoce como “Orden 227”).

Por su parte los norteamericanos habían establecido para los japoneses residentes en EEUU unos “campos de concentración” en los estados de California, Utah, Idaho, Wyoming, Colorado, Arizona, Arkansas y Georgia. Pese a que las condiciones eran “mejores” que los campos establecidos en Europa, no dejaban de ser centros de reclusión con viviendas y servicios paupérrimos.

Por otro lado, los franceses no habían, salvo rarísimas excepciones, defendido a su población judía y Winston Churchill poco hablaba en público del asunto.

Fue así como el perverso régimen nacionalsocialista logró su oscuro propósito de diezmar a toda una raza en el continente europeo. Pero lo más triste es que, durante los juicios de Nuremberg, los genocidas directos o indirectos de la población judía (así como de gitanos, enfermos mentales, homosexuales y opositores políticos) se negaban a aceptar su culpabilidad o decían con horrenda frialdad que “se limitaban a obedecer órdenes”.

Pese a la noble intención de los juristas y promotores de la justicia que deseaban lograr un mundo donde ese tipo de delitos no se tolerara desde el año 1945 al día de hoy, existen una cantidad de regímenes que violentan y han violentado los Derechos Humanos sin recibir sanciones o recriminación por parte de otros estados que, bajo la excusa de la soberanía de los pueblos, dejan indefensas a las poblaciones más expuestas a acciones de carácter criminal y genocida.  Es así como Cuba mantiene a sus habitantes en la miseria, Venezuela los condena a una muerte lenta por hambre y Corea del Norte tiene en vilo al planeta con sus siniestras amenazas.

Los criminales como los líderes de las FARC se convierten en celebridades y los tiranos de izquierda se mueren tranquilos en sus camas dejando tras de sí abultadas cuentas multimillonarias en los paraísos fiscales del planeta. Pese a que se ha logrado juzgar a delincuentes políticos como Pinochet o Milosevic, y que han caído crueles dictaduras en Libia e Irak, el saldo a favor de la impunidad aun demuestra una gran hipocresía por parte de los organismos de justicia internacional y, además, muestra cuan politizados hacia la izquierda están los organismos internacionales como Human Right Watch y la ONU.

Y es así que me pregunto: ¿Existen las guerras justas?, ¿a veces, para que el mal no se imponga se puede justificar el uso de la violencia?.. En Venezuela la perversidad gobierna, el miedo reina y el silencio cómplice del mundo es "estruendoso". En medio de esto no atino a entender la naturaleza de la maldad que reina en la oscura existencia de los chavistas. En Colombia, la impunidad se ha hecho ley, y el tenebroso orden socialista del siglo XXI se insinúa en las declaraciones de una gran mayoría de la izquierda perversa que aspira el poder.  

Se confunde “soberanía” con silencio cómplice y los intereses están por encima del sagrado derecho a la vida. Los gobiernos democráticos” callan mientras Venezuela se desmigaja lentamente y el fantasma del socialismo vuelve a sembrar de horror al mundo.

Juan Carlos Camacho Castellanos

Docente.

Librepensador. 



Etiquetas:   Socialismo   ·   Dictadura

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