. De 1814 a 1826 trascurrieron doce años de
dulce y agraz.
La Patria Vieja se derrumbó, llegó la Reconquista española
trayendo exilio y dolor a los patriotas; llega la Patria Nueva con Chacabuco y
Maipú; las fuerzas realistas se refugian en Valdivia y Chiloé; los fuertes de
Niebla y Corral sucumben ante la genial conducción de la Armada de Lord
Cochrane, quedó pendiente Chiloé y fue dura la tarea para la novel república
doblegar la resistencia realista hasta
llegar al último tratado, el firmado en Tantauco entre Antonio de Quintanilla y
Ramón Freire, acuerdo de paz firmado entre autoridades chilenas y españolas el
15 de enero de 1826, y ratificado el 19 del mismo mes, con el que se dio
término a la guerra de la Independencia de Chile comenzada en 1813. Este
tratado ha sido catalogado como “el Tratado perfecto”; “el Tratado más perfecto
de la historia. El más digno, humano que se conozca, y fue hecho en Chiloé”. El
cuasi olvidado Tantauco merece un tratamiento especial en su mención toda vez que se
recuperó económica y demográficamente la Isla de Chiloé y la concreción de
importantes reformas en el plano social y político. Se inició el proceso de
mensura de las tierras y la igualdad de derechos jurídicos de blancos, mestizos
e indígenas.
El tratado contenía 13 artículos y establecía
entre otros puntos, que los habitantes de la isla pasarían a ser chilenos con
todos los derechos y obligaciones y que serían respetados todos sus bienes. Los
prisioneros de ambos bandos fueron liberados, las familias del Ejército real
eran devueltas a España si así lo solicitaban a costa de la República de Chile.
La vida de los habitantes
de la Isla de Chiloé, luego de un extenso estado de guerra, estableció una vida
distinta a la que esperaban, ya que vivían en un constante estado de alerta. La
realidad de la sociedad en la Isla ante las inmutables embestidas de la guerra,
forjaron el espíritu que buscaba la tranquilidad y el amparo de un Estado más
fraterno, que buscará la unidad. En búsqueda de ese fin, el Tratado de
Tantauco, que en definitiva, es la señal conclusiva que expresa el paso de los
chilotes a la República de Chile.