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Los Angurrientos


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07/01/2018


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¿Le ha pasado alguna vez? Que sea usted el que siempre invita mientras un montón de frescos se hacen los lesos y nunca asumen ellos invitarlo a usted. Esta nota es un desahogo. En el Diccionario de la RAE encontré una vieja palabra que da título a esta nota y que usaban muy bien las abuelas para señalar al tragón que quería comerse la comida de todos, terminaba su plato y seguía con el del vecino. Significado según la RAE: Ávido, codicioso, hambriento.


Quizá Ud. sentirá que este cronista sangra por la herida. Es cierto, esta nota no es una abstracción, está escrita desde la experiencia práctica, de las conductas vivenciales que a lo largo del tiempo han afectado la convivencia con familiares, vecinos y amigos, en general cualquier instancia social donde aparecen estos depredadores de los afectos. Porque en una ocasión, después de viajar más de 3 horas manejando para saludar a una tía que al parecer estaba grave, ella con una impecable caradura expresó al vernos, sin acercar ni un vaso de agua, “tomen asiento que es lo único que les puedo ofrecer”. Mi padre debió sentirse dolido ante tamaña ingratitud de quien siempre él atendió y protegió generosamente. No sé si es un síntoma de vejez o es la expresión de una forma de ser que se profundiza en el tiempo, el egoísmo, la avaricia, la egolatría y también la envidia.

Estamos hablando de los frescos, bolseros, amarretes, sinvergüenzas. Por donde se mire y converse, aparecen indefectiblemente este tipo de personas, altamente egoístas, miserables, que no comparten lo suyo, pero se creen con el derecho a usar o consumir lo que legítimamente es de los demás. Sin pretender especulaciones científicas, trabajo que dejo a los psicólogos, simplemente como cronista de época relevo una situación extendida en este otro Chile, la sociedad en que nos hemos convertido y en donde los güiñas, depredadores, ególatras y manipuladores de afectos proliferan y le amargan la vida a buena parte de la sociedad chilena, que desconfía, se cierra y es cada vez menos gregaria por estar curada de espanto.

El chileno medio, ése que calla, habla con eufemismos, con esa cuota de hipocresía que llaman ser “políticamente correcto”, aguanta estas situaciones sin asumir que está siendo violentado por ese familiar o amigo que siempre se aprovecha de su generosidad, pero que jamás llega aportando algo, viene con un apetito acumulado y arrasa con lo suyo, con lo nuestro y lo de todo lo que se mueva. No decir las cosas por su nombre va minando las relaciones de convivencia correcta. Porque es de buena educación llevar un obsequio, una botella de vino o un pastel, para compartir con los amigos. Porque cuando te invitan, queda la deuda de una invitación en reciprocidad, sin parafernalia, basada en la gratuidad generosa que se da entre amigos o parientes que de verdad se quieren.

En un matinal de verano se planteó el tema de los bolseros y cundió en las redes como una tormenta de indignación, miles de testimonios circularon en torno a los frescos que abusan y van quemando naves, hasta terminar solos. El típico caso de esa amiga que pide prestada ropa, que jamás devuelve, que llega con sus hijos y les trae yogur sólo a ellos y nada a los hijos de la dueña de casa. Esos frescos que son rápidamente detectados por el grupo: los pistoleros buenos que no disparan nunca; el fresco que sabiendo que la cuenta se dividirá pide platos a la carta, tragos adicionales y después es subsidiado por todo el resto de comensales. El que se deja caer como visita y se pega por varios días, haciendo uso de tu dinero y tu hospitalidad para armar su logística de bolseo continuo, que le permite recorrer distintos sitios, vía visitas a parientes lejanos, que el resto del tiempo ignora por completo.

Pero, la gente no es tonta, puede hacerse la tonta, pero poco a poco va alejando al angurriento de su entorno social. Porque este tipo de personas actúan premeditadamente, como unidades de marabuntas sobre los espacios de afecto y gratuidad que toda familia tiene con principios de reciprocidad, de amistad real, donde el fondo común, el malón, la vaquita, se arman en función de las posibilidades de cada cual, en buena fe y como sano criterio de convivencia. Sin embargo, los bolseros no pueden con su genio y siempre están queriendo sacar ventajas, perjudicando a los demás.

Si nos preguntamos porqué es tan difícil convivir ahora en Chile, una de las respuestas va por esta realidad: hay una parte de Chile con una ambición desmedida, aspiracionales y materialistas, que trata de usar a las personas mientras ellas les sirvan. Hay resentimiento y envidia en su actitud. ¿Por qué tú tienes y yo no? ¿Porqué no me das, si es mi derecho tener lo mismo que tú tienes?

Lo patético es que esa mirada no evalúa el esfuerzo del otro por alcanzar una posición de éxito, exigiendo a título de nada, obtener lo mismo y ahora, de lo que ese otro tiene o ha logrado con trabajo y sacrificio. Los angurrientos son una plaga social y como tal hay que tomar medidas preventivas, para desenmascararlos y también aislarlos como lo que representan, un virus de la sana convivencia.

Hernan Narbona Veliz Periodismo Independiente, 7 de enero de 20



Etiquetas:   Sociedad   ·   Chile

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