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Por Jesús Salamanca Alonso / Tabarnia ya traspasa fronteras. Ni siquiera
hace falta explicar qué es, qué zona abarcaría y por qué ha surgido. Lo cierto
es que el cabreo, entre los ‘indepes’ catalanes, es soberano. En algunos
programas de TV su cara los delata: se ven reflejados en su propio espejo y su
razonamiento no fluye con facilidad, de ahí que incurran en permanentes
contradicciones. A los separatistas, golpistas e independentistas les ha salido
un forúnculo doloroso.
No deja de ser una campaña que va de la broma
a la mofa y del hazmerreír al despendole
dialéctico. Las redes sociales han tocado la tecla que necesitaban tras el
golpe de Estado; incluso, aprovechando el día de los inocentes, la mofa han
llegado a presentarla como realidad en algunos medios: desde que “empezaba a
ser una realidad indiscutible” hasta que “algunas formaciones cívicas ya habían
iniciado los primeros trámites para la fundación de Tabarnia”.
Los españoles nos hemos cansado de las presentaciones
circenses, en el Congreso de los Diputados, del
vulgar representante de ERC, diputado catalano-gaznápiro, Rufián. Pero es que,
cuando éste ya había acabado por hartar hasta a sus propios compañeros, la
situación resultaba inaguantable ante los disparates diarios del bufón de la ‘Generalitat’,
‘Puchimón’, y de otros mediocres políticos e integrantes de lo que ellos llaman ‘Govern’: léase Rull, Turull,
Junqueras, Joaquín Forn, Lola Bassa, Luis Puig… Y tampoco me olvido de las amenazas a la ciudadanía catalana
y española, incluido el propio monarca Felipe VI, de la expresidenta de las Cortes catalanas: Forcadell.
Han demostrado tanta fe en la independencia
que no se entiende el hecho de que negaran la posibilidad de esa cuando el 155
atrapó a todos ellos. ¿Recuerdan lo de “Cataluña no estaba preparada para la
independencia”? No me extraña que, salvando la distancia de los tiempos, R. Tagore
acabara afirmando en su día que no hay nada más difícil de soportar que la fe
ciega del estúpido.
Los empujones hacia la independencia son un
daño difícil de superar; ahí tienen los miles de empresas que han cambiado su
sede social y las mil doce empresas que han cambiado hasta la sede fiscal.
Ahora nos falta por saber cuántas seguirán ese camino y cuántas cerraran o
cambiarán los lugares de producción tras el camino a ninguna parte de las
últimas elecciones legales. Los aspirantes a la república catalana “han matado
el tiempo, a la vez que han herido a la eternidad”. Por eso los “fundadores” de
Tabarnia no quieren ser cómplices del juicio de la Historia, como no quieren
serlo los habitantes araneses.
Es tanto lo que se ha escrito de diez días a esta
parte que ya no es preciso aclarar que Tabarnia es una broma sobre una
hipótesis de unificación entre Tarragona y Barcelona. De momento, no existe. Es
mito, chufla, tomadura de pelo y también un pensamiento imposible. Tabarnia es
un látigo para fustigar a quienes han hecho del odio y de los resortes antidemocráticos un
caballo de batalla, pero de una batalla sin pies ni cabeza y con camino a
ninguna parte.
Recuerden que la propuesta del
nombre no es nueva, como tampoco lo son cada una de las expresiones que se han
utilizado estos días por parte de los “Tabarneses” y que el independentismo ha achacado a España. Tabarnia es un reflejo --
decía el diario El País-- y por eso
muchos perfiles de las redes sociales tan solo han tenido que trasplantar ideas
y pensamientos, lo que se ha convertido en “un espejo incómodo”. Es más, el
diario de mayor tirada nacional seguía diciendo: “Los mismos argumentos
económicos, culturales, demográficos, étnicos, valen para defender, sin tocar
apenas palabras, la escisión de Barcelona y Tarragona de una supuesta Cataluña
independiente, y su reingreso en España como autonomía”. ¿Entienden, apreciados
lectores, eso que decía más arriba sobre lo de “matar el tiempo y herir la
eternidad”?
En fin, ahora solo falta buscar
una secuencia histórica para Tabarnia. Y en eso Víctor Cucurull Miralles,
catedrático de la estupidez y saltimbanqui del sentido común, es un experto.
Sí, el mismo chiflado que se inventó que Cervantes y Santa Teresa eran catalanes o que el enclave
de Tartessos era la actual Tortosa. Pero
de eso nos reiremos otro día, o bien vean directamente los videos en You Tube.
Si lo desean vamos adelantando
las ganas de mofa. Escriban “Nova historia catalana” o “Víctor Cucurull” en el
sitio web dedicado a compartir vídeos. Y déjense llevar. Por cierto, Cucurull
es un pseudohistoriador
español, miembro del secretariado de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), miembro del Institut Nova
Història y presidente de Fundación
Sociedad y Cultura. Cucurull ha querido hacer de su falsedad un arte sin ser
un artista. Para estos casos es muy acertado el refranero: “Por bueno que sea
un caballo, necesita espuelas”. Y como Cucurull no ha demostrado nada de su “nova
historia” pues ha quedado como el burro ahorcado en el sainete.