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Trastienda de la derrota progresista en Chile


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24/12/2017


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El gobierno de la presidenta Michelle Bachelet fue el más reformista desde el retorno a la democracia, no obstante sus reformas han sido aclamadas internacionalmente y tomadas incluso por su oposición, su coalición terminó con la más dura derrota desde 1999, por la incapacidad de posicionar un candidato, de ordenarse y tener que apoyar un independiente que terminó sitiado por sus asesores.






Al comienzo del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet en Chile, hubo una disputa entre partidos de la coalición y el gabinete presidencial, no obstante el intimismo se impuso pasó por alto que toda coalición debía ser liderada, función que no se asumió.





Dentro de esta contradicción y desorden, la coalición empezó a crear fricciones que hicieron imposible llegar unidos a la elección presidencial, provocando que la Democracia Cristiana, parte del oficialismo, llevara su propia candidata y, para salvar la situación el ex presidente Ricardo Lagos intentó una carrera presidencial que garantizara una primaria y la unidad de la coalición progresista “Nueva Mayoría”, no obstante por falta de apoyo decidió bajar su candidatura.





Finalmente al no tener candidato presidencial de consenso y por su buena posición en las encuestas, los partidos Radical y Comunistas habían apoyado al ex conductor de noticias y ahora senador, Alejandro Guillier, quien fue el rostro de televisión más creíble del país en algún momento, forzando a los demás partidos a apoyar al candidato que mejor marcaba en las encuestas e ir con dos candidatos a la presidencia en una misma coalición por primera vez desde el retorno a la democracia luego de la dictadura.





Finalmente, el ex conductor de noticias, Alejandro Guillier pasó a segunda vuelta, seguido muy de cerca por la candidata presidencial del nuevo referente de izquierda chileno “Frente Amplio” que logró un gran porcentaje de escaños parlamentarios y quedó a apenas dos puntos del candidato oficialista.





La razón del mal rendimiento de la campaña del oficialismo se debe a que el círculo intimo del candidato, sin tener capacidad ni experiencia suficiente para un desafío como el trazado, no sólo acaparó al candidato, también aisló a los partidos y su experiencia de la campaña, provocando un trabajo en paralelo, donde los partidos y voceros que eran más bien “ornamentales” intentaban influir “lo que podían” mientras el publicista Juan Enrique Forch, quien fuera parte de la campaña del “NO” que sacó del cargo al dictador Augusto Pinochet, se tomó las decisiones de la campaña en prácticamente todos los ámbitos sin que el candidato ejerciera el liderazgo suficiente como para lograr un equilibrio.





Finalmente la coalición progresista “Fuerza de Mayoría” se vio en su generalidad más al margen que dentro de la campaña y prácticamente fuera del ámbito estratégico, donde el publicista Juan Enrique Forch no se conformó con ser uno de los protagonistas de la película chilena nominada al Oscar “NO”, si no que quiso ser protagonista de la historia como el ideólogo de una campaña que quería mostrarse como ciudadana e independiente, en circunstancia que desde su inicio como senador el candidato oficialista fue apoyado por la coalición gobernante y aunque este dijera en el discurso que era independiente e incluso juntara las firmas de apoyo ciudadano necesarias en Chile para ser candidato presidencial, todos sabían que era el candidato del oficialismo y que las firmas las juntaron los propios partidos políticos, siendo la “independencia” y lo “ciudadano” atributos que jamás tuvo el candidato.





El Publicista Juan Forch en vez de pasar a la historia como el “bueno” de la película “NO”, ha pasado a la historia con la peor derrota del progresismo en Chile desde 1999, no logrando siquiera que el nuevo referente de izquierda “Frente Amplio” apoyara decididamente la apuesta progresista, pues esta coalición está calculando que el sacrificio les puede servir a ellos para tener grandes posibilidades de gobernar en 4 años más.





En resumen, la derrota de la coalición progresista más exitosa de Chile, se debió a falta de conducción que no les permitió más que apoyar a un candidato independiente que los mantuvo al margen y a los designios de un publicista que se subió a su nuevo pedestal Hollywoodense y se escuchó sólo a sí mismo, haciendo pagar la cuenta al progresismo de todo un país y poniendo en riesgo las mayores transformaciones que se han realizado en Chile por la presidenta Bachelet, porque la ciudadanía no escuchada le dio el triunfo al conservador Sebastián Piñera.



Etiquetas:   América Latina   ·   Chile   ·   Progresismo   ·   Alejandro Guillier

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