Sin mentiras la
humanidad moriría de desesperación y aburrimiento.
. Anatole France
(1844-1924) Escritor francés.
En mis clases de Mercadeo les lanzo a mis estudiantes la
siguiente y lapidaria afirmación, “todos somos mentirosos”, la naturaleza
humana implica que seamos imperfectos y,
dentro de esa imperfección, la mentira es un código arraigado profundamente en
nuestra genética.
Una genial película llamada “La Invención de la Mentira” (Dirigida
por Ricky Gervais y Matthew Robinson - 2009) nos muestra un mundo donde las
personas no están en capacidad de decir mentiras, las afirmaciones más
dolorosas, los comentarios impolíticamente correctos, la carencia de una figura
que represente algún tipo de divinidad, los mitos históricos y cualquier
manifestación de creatividad que no implique una demostración sustentada en
hechos y realidades son imposibles en ese gris y concreto universo. La
literatura y el “cine” en la distópica visión de “La Invención de la Mentira”
se limitan a narrar hechos sin añadirles nada extra a
lo que realmente sucedió (literalmente las películas son representadas por un individuo sentado en un sofá leyendo de un libro los acontecimientos históricos, como por ejemplo la invasión de Napoleón a Rusia). El protagonista, un tipo regordete con nariz de bola, es un
fracasado escritor de guiones cinematográficos al que, desafortunadamente, le
toca como tema de trabajo el periodo histórico de la “peste negra”, además de
tener que lidiar con una anciana madre enferma, una bancarrota económica y el
estar enamorado de una bella, pero inalcanzable, mujer.Pese a esto, cuando la vida del protagonista está en su nivel
más bajo, descubre que puede decir “lo que no es”, y, asustado por pensar que “ha
hecho una maldad” acude a sus amigos habituales los que, por supuesto, son
incapaces de entender lo que sucede pues ante cada mentira que él inventa,
ellos solo reaccionan aceptándola como una irrefutable verdad. De un momento a otro, nuestro “héroe” descubre
que tiene en su mente un poder increíble, pero, pese a esto, también se da
cuenta que no siempre es bueno decir “lo que no es”.En la visión opuesta nos encontramos la película “Mentiroso, Mentiroso” (Dirigida por Tom
Shadyac - 1997) donde el genial Jim Carrey interpreta al mitómano por excelencia
, un abogado, que tiene como rasgo distintivo el ser capaz de manipular la
verdad de una manera tan atrevida que hasta la más absurda falsedad resulta
transformada en la más impoluta verdad. Pero, y una vez que por enésima vez le
miente a su hijo, es condenado por un
deseo de cumpleaños a no mentir por un día, de ahí en adelante su exitosa vida
da un vuelco y se ve obligado a decir las más duras y, por supuesto, salvadoras
verdades.En el mundo literario podemos hallar un interesante libro,
recopilación de ensayos, escrito por Mario Vargas Llosa, titulado “La Verdad de
las Mentiras” y que, con una impecable calidad argumentativa, nos pasea por un abanico
muy interesante de obras literarias que van desde “Un Mundo Feliz” de Aldous
Huxley a “El Tambor de Hojalata” de Gunter Grass explicando, el nobel de
literatura, que, en esa ficción que
envuelve cada historia, se esconden profundas verdades. Se podría decir que
tras una gran mentira de ficción se esconden realidades y mensajes que
escudriñan a fondo la hipocresía, la maldad y la miseria humanas que, a su vez,
se ocultan tras una velada capa de más mentiras. El mismo Vargas Llosa cuenta como muchas
personas le comentaban que veían en sus libros de ficción amargas verdades que
les había tocado vivir.La mentira es nuestro acompañante habitual, es una forma de
reaccionar ante situaciones que nos incomodan, preguntas que nos desagradan,
opiniones que nos merecen poca o ninguna atención, situaciones laborales,
personales o sentimentales. Mentimos para hacer sentir bien a otros, para
evadir invitaciones inoportunas, para ocultar tristezas, y, en fin, mentimos
para no afrontar ciertas realidades incomodas. ¿Qué usted no miente?, vayamos a
la paradoja del mentiroso de Epiménides, filósofo y poeta cretense, que nos
presenta la siguiente afirmación: “todos los cretenses son mentirosos”, por
tanto, dado que Epiménides era cretense, entonces su afirmación es falsa… y,
para terminar, mentir es natural en el ser humano, lo triste es que las
mentiras son muy dolorosas por el simple hecho de que cuando se establece la
verdad nos queda una profunda y dolorosa sensación de traición y engaño. Como
afirmaba Friedrich Nietzsche “No que me hayas mentido, que ya no pueda creerte,
eso me aterra”.Juan Carlos Camacho CastellanosAdministrador de Empresas – Docente.