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Cuando George Orwell (1903-1950)
saco a la luz su genial obra “Rebelión en la Granja” (1945) una genial fábula
respecto a los totalitarismos, no creo que alcanzase a imaginar que la
trascendencia de su historia se pudiera comparar con lo sucedido en un país
latinoamericano y que se inició en el año 1998 con la llegada al poder en
Venezuela del líder mesiánico Hugo Chávez.
Para entrar en contexto es
necesario explicar que el agudo relato de Orwell narra las vicisitudes de los
animales de una granja inglesa que, hartos de los malos tratos, se rebelan,
guiados por los cerdos, contra sus dueños humanos. En un principio los felices
animales al desprenderse del yugo humano deciden establecer una serie de reglas
para asegurar la igualdad y la convivencia entre ellos, además, delegan cierta
autoridad en los cerdos que, pese a que la rebelión contó con la ayuda de todos
los integrantes de la granja, van tomando poco a poco las riendas y el control
total de la hacienda. Al final, y usando todos los medios posibles, los puercos
se toman por completo el poder y terminan sojuzgando, aun con mayor crueldad, a
los empobrecidos y hambrientos animales que, luego de una profunda manipulación
ideológica, se resignan a aceptar la innoble esclavitud impuesta por sus nuevos
amos.
Venezuela, que es considerada por algunos despistados un
país rico, es realmente un país con una riqueza (ahora muy mermada) que no fue
aprovechada por los gobiernos de lo que se conoció como “cuarta república” y
que hoy, bajo la satrapía de la “quinta república” languidece entre la
pesadilla del hambre y la cruda realidad de la miseria, es un claro ejemplo de
esa triste rebelión en la granja. Como toda tiranía, la venezolana nace bajo
los auspicios de una población destruida moral y políticamente por los
gobiernos que, desde el año 1958, dilapidaron la riqueza y fortalecieron los
tres jinetes del apocalipsis político, el clientelismo, la demagogia y el
populismo. Cuando Chávez logra su objetivo político y obtiene el poder en
diciembre de 1998 comienza en Venezuela un proceso de destrucción lento y
cuidadoso de las pocas estructuras democráticas que existían (se podría decir
que el chavismo llego a demoler lo poco que quedaba de una democracia fallida)
y, con paso firme y decidido, va construyendo un modelo que denominó el “socialismo
del siglo XXI” que no es más que el fracasado sistema que se había derrumbado
estruendosamente junto al falso espejismo de la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas al finalizar la década de los ochenta.
Como los cerdos del relato orwelliano, los chavistas poco a
poco van construyendo su innoble prisión ideológica y, aprovechando la cosecha
de ignorancia generada por los gobiernos precedentes, instaura un régimen que
se aprovecha del constitucionalismo y la “libre determinación de los pueblos”
para ocultar al mundo la verdadera naturaleza de su siniestro y perverso plan.
Tomados de la mano del “gran hermano”, el fallecido déspota cubano Fidel
Castro, van, lentamente, minando a una nación destruyendo lo poco de moralidad
y valores que quedaban y, unidos a una oposición colaboracionista, se toman de
manera grotesca y abusiva las atribuciones de amo y señor sobre cada persona
que habita en esa empobrecida nación.
En la historia de Orwell, los animales de la granja
establecen siete mandamientos (casi que su constitución como territorio libre
de humanos) siendo el ultimo el que reza “Todos los animales son iguales”. Con
el paso del tiempo, los cerdos, van cambiando las reglas hasta el punto en que
este séptimo mandamiento se transforma en “Todos los animales son iguales pero algunos animales son más iguales
que otros”, con el chavismo Venezuela era de “todos”, pero con el paso del
tiempo se volvió “de algunos”, especialmente de las elites socialistas.
La “rebelión en la granja” de Venezuela no es más que otro
fallido intento de aplicar el experimento socialista sobre una sociedad; una
sociedad desmoralizada, empobrecida, envilecida, idiotizada, perturbada,
indolente, entristecida y fragmentada, una nación que cayó bajo el embrujo del
cerdo mayor y que, poco a poco, ve como su destino fue pasar de las manos de un
granjero maligno al de un granjero perverso. Los animales de la Granja Manor,
en la visión de Orwell, terminan observando el triste espectáculo donde los
cerdos en compañía de los humanos celebran el triunfo de la “revolución” y, a
través de las ventanas de la casa grande, observan como los rostros envilecidos
de los chanchos se tornan sospechosamente humanos. En Venezuela los socialistas
se enseñorearon sobre toda una nación y,
en medio de su envilecimiento, cada vez se parecen más a los marranos que se tomaron
el poder en la granja de animales.
Juan Carlos Camacho Castellanos
Administrador de Empresas – Librepensador.