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No era esto. Crónica de una legislatura perdida.


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28/10/2017


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Cuando se dieron a conocer los primeros resultados oficiales de las elecciones de diciembre de 2015 y de su repetición en junio de 2016 todos los analistas lo tenían claro, el sistema de partidos español había cambiado, adiós al bipartidismo, la regeneración había llegado.


            La legislatura de la regeneración no nacía sólo por la importante presencia en el parlamento de dos nuevos (o seminuevos) partidos que hacían bandera de la regeneración, sino por la convicción de gran parte de la sociedad, independientemente del partido al que había votado, de la necesidad de un cambio, de que había cosas que ya no íbamos a permitir.

            Esta iba a ser la legislatura de la regeneración, de la transparencia, íbamos a tener más democracia, se iban a acabar los asesores a dedo y los gastos superfluos, íbamos a luchar firmemente contra la corrupción, íbamos a salir de la crisis.

            Tranquilos, el Partido Popular ya no tenía mayoría absoluta, la oposición en el Congreso de los Diputados iba a ponerse de acuerdo en abolir la ley mordaza, iba a ponerse de acuerdo en restituir los servicios sociales básicos, cercenados por el gobierno como respuesta a la crisis. Íbamos a luchar por una educación pública gratuita y de calidad, íbamos a luchar por una sanidad pública gratuita y de calidad. Íbamos a luchar porque los bomberos y los bomberos forestales tuvieran unas condiciones de trabajo dignas. Íbamos a mejorar las condiciones de los agricultores, los mineros, los pescadores y las de todos los trabajadores.

            Por supuesto, a partir de esta legislatura de la regeneración, ningún ciudadano pasaría frio por no poder pagar la factura de la luz, ya no obligaríamos a los jubilados a pagar sus medicamentos, y los ciudadanos dependientes volverían a tener ayudas, ellos y sus cuidadores, en la mayoría de los casos, sus madres, hermanas, hijas o esposas, pero también sus padres, hermanos, hijos o esposos.

            Íbamos a regenerar la vida política de este país, de la que tanto abominábamos. Lo teníamos claro, los que no participamos en el 15M y los que sí lo hicimos. Pero la indignación se nos pasó pronto.

            Un año después estamos hablando de Cataluña, de la independencia de Cataluña. ¿os acordáis? Hemos llegado al final de aquel camino iniciado por Artur Mas para tapar las miserias de los recortes de su gobierno y acallar las voces que pedían regeneración. No sé si esas voces se han acallado, pero sí se han tapado, a un lado y al otro.

            Ya sólo hablamos de patrias, naciones y banderas. Ni siquiera se ha comenzado a andar el camino para conseguir una mínima regeneración, para defender o restaurar los servicios sociales básicos.

            En sólo un año se ha constatado el fracaso de los cuatro grandes partidos de España en esta legislatura perdida. Al fracaso del Partido Popular en el Gobierno, materializado por su incapacidad (en el mejor de los casos) para buscar una salida y evitar la proclamación de independencia de Cataluña, se suma su fracaso por su decidido empeño en no luchar (siendo cariñosos) contra la corrupción estructural que padece en su seno, según las revelaciones publicadas en estas fechas de la fiscal del caso Gürtel.

            El Psoe sigue sin solucionar sus problemas organizativos, mostrándose como un partido dividido y dubitativo, con demasiada gente a la espera de lanzarse a la yugular de su Secretario General a la mínima oportunidad.

            En cuanto a los nuevos partidos que venían a regenerar la vida política española, uno, Ciudadanos, se ha mostrado como un partido desquiciado exigiendo la aplicación del 155 desde el minuto 1, lejos de la moderación de la que una vez hicieron gala; el otro, Podemos, ha acabado centrando su estrategia casi exclusivamente en Cataluña, olvidando que la ventaja electoral que la LOREG te concede ganando en Cataluña, de nada te sirve si pasas a tener un peso marginal en el resto de España. Además, ambos partidos han remarcado su carácter personalista, acallando todo conato de pluralidad organizativa, y olvidando que en los nuevos partidos el grado de personalismo suele ser inversamente proporcional a su consolidación en el sistema de partidos.

            Claro que queda mucha gente luchando por la regeneración, en las instituciones y fuera de ellas, en los partidos políticos señalados y fuera de ellos, pero subyace la sensación de haber dejado pasar la oportunidad, de estar ante una legislatura perdida.

            Por ello, tras las elecciones catalanas, haríamos bien en demandar nuevas elecciones generales y empezar de nuevo.

Etiquetas:   Elecciones   ·   Crisis Económica   ·   Mariano Rajoy   ·   Independencia   ·   Cataluña   ·   Gobierno   ·   Partidos Políticos   ·   Artur Mas   ·   Pablo Iglesias   ·   Albert Rivera   ·   Pedro Sánchez

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