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Una visión por compartir en Gestión de Riesgos de Desastres


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12/10/2017


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UNA VISIÓN POR COMPARTIR EN GESTIÓN DE RIESGOS


Es casi seguro, que desde que los seres humanos tuvieron conciencia de su relación con el entorno y de su propios congéneres, han tratado de una u otra manera de reducir los riesgos, disminuyendo las vulnerabilidades o exposición ante los peligros, así es como seguramente se instalaron hace miles de años en cuevas o en lugares poco accesibles, como protección ante sus depredadores y de la crudeza del ambiente, y poco a poco, gradual y sistemáticamente fueron expandiendo sus aldeas, hasta convertirse en las grandes urbes que son hoy en día.

Llama positivamente nuestra atención la forma como gestionaron el ambiente las culturas antiguas, con un gran respeto hacia el medio ambiente del cual dependía su supervivencia, como lo es hoy y lo será en el futuro y bajo esta íntima comunicación y relación de convivencia armónica, se desarrollaron culturas que han demostrado a través de los hechos, cuyas evidencias admiramos, que es posible convivir armónicamente con la naturaleza que nos rodea.

Así llegamos hasta nuestros días y cabría hacerse la siguiente pregunta ¿En qué momento los seres humanos nos desviamos de esa intimidad y equilibrio con la naturaleza y apostamos a someterla al máximo o más allá de su capacidad de recuperación, para gestar un estilo de vida  supuestamente “mejor” que no se preocupa de los que vendrán después, pues si fuera así haríamos mucho más y más eficientemente, ante recursos que cada vez se vuelven más escasos y que nos obligan a mirar otras posibilidades más allá incluso de las propias fronteras terrenales.

Pero no quiero desviarme del tema central de este artículo de opinión, que es proponer una visión de la Gestión del Riesgo de Desastres en nuestro país, reconociendo que todos aquellos temas que invocan el medio ambiente y la naturaleza están íntimamente relacionados.

Hace algunas semanas atrás, durante una exposición mencioné que el aprendizaje sobre Gestión del Riesgo de Desastres en nuestro país ha sido a “golpes”, muy fuertes en su mayoría, ya que la naturaleza sin ningún distingo nos ha demostrado que para retarla, debemos preocuparnos por conocerla, entenderla y “conquistarla” con sabiduría, con respeto y en armonía.

Así, en este devenir histórico, el concepto REACTIVO ante los desastres, surge y se instala formalmente en la sociedad bajo la denominación de Defensa Civil, como consecuencia del sismo y aludes del año 1970, en que tuvimos que lamentar la pérdida de miles de vidas y de propiedad pública y privada.

Se crea en consecuencia el Sistema Nacional de Defensa Civil (SINADECI), que tenía como su principal eje al Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), que surgió por la necesidad de estar preparados para responder como estado y sociedad ante desastres de diversa magnitud y así bajo esta eje temático, se organizó dicho sistema, estableciéndose procedimientos y estrategias fundamentalmente reactivas que se difundieron, esperando siempre el siguiente desastre para actuar, quedando en evidencia que esta concepción dejaba de lado aspectos fundamentales que se encuentran graficados en las enseñanzas culturales milenarias, es decir, la gestión prospectiva que nos permite conocer los peligros y prevenir los riesgos  y la gestión correctiva orientada a mitigar o reducir los riesgos existentes,  para evitar que la naturaleza nos muestre una vez más que seremos siempre inquilinos precarios y no los dueños absolutos de este planeta.

El gran sismo de Pisco, tocándole las puertas a Lima, la Capital, pareció sensibilizar a los decisores políticos de aquel entonces y a la comunidad nacional, lo que aunado a una fuerte corriente mundial sobre una visión distinta de la Gestión del Riesgo de Desastres, en cuanto a la necesidad de fortalecer la inversión en la Gestión Prospectiva y Correctiva, dio lugar a la promulgación  de la Ley 29664, Ley que crea el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres(SINAGERD), que entre otros aspectos importantes, consideraba la creación de una nueva  entidad,  denominada Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), que se formaliza hace apenas seis años.

El SINAGERD, que se sustenta en la política número 32 del Acuerdo Nacional, se instituye en nuestro país contando con dos organizaciones de base, el conocido y difundido INDECI, que se hace cargo formalmente de 3 de los 7 procesos de la Gestión del Riesgo de Desastres: Preparación, Respuesta y Rehabilitación; mientras que el recién creado CENEPRED, se hace cargo de los otros 4 procesos: Estimación, Prevención, Reducción y Reconstrucción, bajo un mandato Técnico Normativo, a través de la elaboración de propuesta de normas, fortalecimiento y asistencia técnica, aspectos que caracterizan su labor, aunque recientemente y a raíz del proceso de la Reconstrucción con Cambios, se le han asignado funciones operativas mediante la elaboración de Evaluaciones de Riesgos en los centros poblados priorizados por el Ministerio de Vivienda y Construcción.

En el devenir de estos pocos años desde la creación del SINAGERD, se han ido adoptando una serie de acciones, como la creación en el 2013 de la Secretaría de Gestión del Riesgo de Desastres, dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros y cuya vida orgánica se vio recientemente modificada, pues en febrero de este año, fue adscrita en ciertas funciones al INDECI, manteniendo las de rectoría en el nuevo Viceministerio de Gobernanza Territorial, dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros.

Un Año después, en el 2014, se formularía el Plan Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (PLANAGERD), que incorpora un análisis y evaluación realista del proceso de implementación de la GRD desde el nacimiento del SINAGERD en el 2011,  determinando con claridad las debilidades del Sistema, que no son intrínsecos a la normativa, que en general es muy completa y bien elaborada, sino al pobre cumplimiento de la misma por quienes tienen la obligación funcional de cumplirla y hacerla cumplir, a la falta de sensibilidad y compromiso hacia la GRD, a una falta de visión y comprensión clara sobre la composición del SINAGERD y sus mecanismos de integración horizontal y articulación nacional, en suma, a una falta casi generalizada de reconocer que los muchos y variados peligros que nos amenazan representan considerables  riesgos de desastres en la medida que no hagamos nada o hagamos poco para prevenirlos, reducir o mitigar sus efectos o prepararnos para afrontarlos.

En base a este diagnóstico mediante el PLANAGERD  se establecen objetivos e indicadores de cumplimiento para todos aquellos que participan en la GRD, como son los diferentes niveles de gobierno, sectores, instituciones públicas y privadas, etc., buscando así lograr que se instituya e implemente en forma eficiente y efectiva la Gestión del Riesgo de Desastres en nuestro país, destacando entre otros objetivos, la necesidad de generar una verdadera y solida cultura respecto a esta trascendental temática.

El reciente episodio del denominado “Niño Costero”, que a las luces de sus terribles efectos  puede ser considerado un duro “golpe” y espero una gran “oportunidad”, debería representar una nueva ocasión de extraer lecciones aprendidas y creo yo, nuevamente sin temor a equivocarme, proponer cambios a la organización del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, convirtiéndose en el principal foco de nuestras preocupaciones, en el sentido de evaluar con seriedad la necesidad de integrar y articular las instituciones dedicadas a la GRD, mediante la constitución de una Autoridad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, debidamente empoderada, representada por un Director Ejecutivo a dedicación exclusiva, con rango  ministerial y participación plena, con voz y voto,  en los ámbitos de su competencia en el Consejos de Ministros,  con presupuestos representativos asignados como pliego para implementar verdaderamente la GRD en todos los niveles de la administración pública y de la sociedad en general; con capacidad para exigir el cumplimiento de las funciones de GRD a los diferentes niveles de gobierno, sectores, instituciones públicas y privadas, a través de la capacidad consecuente de sancionar su incumplimiento. En definitiva, una Organización Nacional claramente identificable, visible, representativa y rectora de todos los aspectos relacionados a la GRD en el país, que logre verdaderamente en los hechos, conformar una sociedad más proactiva y prevenida ante los peligros, más preparada para la respuesta y más resiliente ante la inevitable ocurrencia de desastres.

Como sociedad y como individuos vivimos permanentemente expuestos,  en función a nuestro lugar de residencia, a diversos peligros como terremotos, tsunamis, inundaciones, huaycos, deslizamientos, avalanchas, sequias, heladas, friajes y erupciones volcánicas, amén de los peligros derivados de la acción humana que pueden terminar siendo muy peligrosos, configurándose  escenarios de riesgos con un carácter permanente que es necesario tener en cuenta para reducir las vulnerabilidades que nos exponen a los peligros y en consecuencia a los riesgos derivados, para lo cual es necesario no solo pensar en medidas estructurales de mitigación del riesgo, sino y por sobre todo, mantener una actitud conscientemente proactiva respecto a su gestión; ello termina siendo más importante incluso que las obras, pues la actitud “acompaña” siempre a cada persona sin importar el lugar donde se encuentre.

No siempre el tiempo y los plazos jugarán a nuestro favor en la gestión del riesgo de desastres; tener fe en que el peligro no ocurrirá no es suficiente, debemos adoptar acciones preventivas, correctivas y paralelamente prepararnos seriamente para enfrentar aquello que irremediablemente ocurrirá, afectándonos a TODOS en mayor o menor medida.

Finalmente, debemos tener siempre en cuenta que las consecuencias de un desastre son inversamente proporcionales a la prevención y reducción de riesgos para minimizar sus consecuencias y a la preparación para reducir sus efectos  una vez ocurrido.

¡VAMOS COMPATRIOTAS,  UNA SOLA FUERZA, UNA SOLA ACTITUD, POR NUESTRO PAIS, POR NUESTRO HOGAR¡





Etiquetas:   Prevención

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