Canadá no ha escapado a la presente crisis económica. Aquí, como en otras partes del globo, virtualmente todos los servicios públicos han sido afectados, incluyendo los presupuestos destinados a bibliotecas públicas. Sobre eso, la gente lee cada vez menos, y aquellos que todavía lo hacen tienden progresivamente a usar e-lectores en lugar de libros impresos. Estas dos fuerzas se han combinado para obligar a las bibliotecas a buscar nuevos métodos de mantener sus puertas abiertas y continuar con su misión educativa.




