. Una pareja con dos hijos se prepara para tomar las tan
esperadas vacaciones de verano. Todos están emocionados, ilusionados, felices,
contentos. Han aguardado todo un largo año de trabajo para disfrutar de unos
más que merecidos días de descanso en la playa. Pronto, se pondrán en camino,
así que cogen las maletas del armario y comienzan a meter camisetas,
pantalones, bañadores, … Todos sonríen. Incluso Toby, el perro de la familia,
parece feliz mientras camina de un lado a otro de la casa como loco moviendo el
rabo. Una vez que ya han metido todo lo necesario -y mucho más-, la pareja baja
las maletas por las escaleras y las mete en el maletero del coche. Todos se
introducen en el vehículo y comienzan la marcha. En los asientos de atrás, los
dos niños y el perro miran atentamente la película proyectada en el DVD situado
en el reposacabezas delantero. Después de unos cien kilómetros, los niños se
quedan adormilados. El coche para la marcha lentamente y se detiene en la orilla
de la carretera. Entonces, la pareja sale del vehículo y abre la puerta
trasera. Toby sale, menea el rabo, olisquea y comienza a hacer sus necesidades.
La pareja se introduce en el coche a toda velocidad, cierra las puertas, acelera
y sigue la marcha, mientras Toby los observa alejándose sin comprender absolutamente
nada.
Posiblemente, sea
un problema mío. Tal vez no estoy preparado para comprender el comportamiento
humano, pero sinceramente creo que alguien capaz de cometer un acto semejante es
capaz de cualquier cosa. Nadie que tenga el mínimo brillo de humanidad en su
corazón puede abandonar a su mascota después de haberla mirado a los ojos.
Nadie con el mínimo brillo de humanidad en su corazón puede seguir viviendo como
si tal cosa después de haber abandonado a su mascota a la orilla de una
carretera. Y, si puede hacerlo, entonces es que definitivamente no merece el
término de humano ni los derechos que por ello se le presuponen. Los vínculos
emocionales que se establecen con un animal son, en muchas ocasiones, más
fuertes que los que establecemos con la mayoría de las personas. Los animales
no poseen las características humanas que suelen joder cualquier tipo de relación.
Los animales no conocen el orgullo, ni son prepotentes, ni pretenciosos, ni
vanidosos, ni mentirosos, ni les mueve la codicia o la envidia. Su carácter
primitivo hace que sean -justamente- primitivos, y dan amor sin esperar nada a
cambio incluso cuando son maltratados.
Leo de nuevo la
cifra y me resulta absolutamente escalofriante. El año pasado, unos 150.000
perros y gatos fueron abandonados por sus dueños. La cosa podría no ser tan
dramática si solo se abandonasen animales durante el 2016, pero el hecho es que
todos los años la cifra de abandono es muy semejante.
Cada segundo, se
abandona una mascota en el mundo. Miles de animales están sufriendo ahora mismo
un dolor insoportable e incluso la muerte en experimentos absolutamente innecesarios
financiados con dinero público. Algunos cazadores, finalizada la temporada de
caza, cuelgan a sus perros de un árbol con las patas estiradas hasta que
-incapaces de aguantarse más- los animales mueren asfixiados lentamente. No
creo, sinceramente, que la vida de esas personas sea más válida que la de su
perro. A veces, me da asco la especie humana, y creo sinceramente que nuestro
trato con la naturaleza nos convierte muchas veces en la especie más repulsiva
que habita la tierra. @tonigariasFacebock/toni.garciaarias