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¡Soy chingón porque chingo a otros!


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16/09/2017


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La noche del 15 de septiembre y madrugada del 16 es la noche del mexicano por excelencia pues se celebra un aniversario más del inicio de la lucha por la independencia, la cual nos costó más que sangre, armas y muertes, nos llevó a una encrucijada que nos dejó violados, “chingados”, y sin una cultura base pues entre indígenas y españoles quedamos nosotros.




Celebrar a México no debe limitarse a unas fechas, modificadas por el más trabajador pero obsesivo, ambicioso y vanidoso presidente, durante el mes de septiembre, celebrar a México no debe limitarse solo a comer pozole o comida llena de grasa y picante mientras nos embriagamos como bestias con tequila, pulque, cerveza o mezcal y tronamos cuetes en las calles, cuetes que no solo son riesgosos por su contenido explosivo o contaminantes por el humo que generan sino también causantes de mucho daño a animales indefensos, que nos hemos llevado entre las patas durante nuestro desarrollo, irónicamente humano.

Y es que celebrar a México debería consistir en cambiar nuestro ADN pues en los ámbitos internacionales el mexicano es símbolo de pereza, ignorancia, mediocridad y falta de visión, símbolo de analfabetismo representado por dos trenzas, un rebozo y el clásico e innovador tono de piel “prieto”, en el ámbito internacional somos personas enfocadas, y centradas, en alcanzar nuestros objetivos pero siempre a través de tretas, robos o de usar al prójimo.

En México se dice que una persona, un mexicano chingón, es aquel que se chinga a los demás, que hace uso de todo tipo de tretas y de artimañas para lograr cumplir sus objetivos a través de atacar a los demás.

¿Es la mejor manera de salir adelante? Pongamos un ejemplo simple de la manera en que un mexicano es chingón chingando: “Me han multado, he logrado evadir al gobierno y quitarle el dinero que me quería robar pues le he dado mordida al policía ¡Me ahorré 200 pesos wey!”

La corrupción, el dolor, la ignorancia, la mediocridad, la ignorancia y todos estos calificativos degenerativos del mexicano no vienen inmersos en su ADN, al menos no de todos los mexicanos, es más como una pequeña plaga que comienza desde casa pues un niño que ve a su papá dar mordidas, evadir a la ley, esconderse de los cobradores y hacer circo, maroma y teatro para evadir la manera correcta, aunque larga, de hacer las cosas por resultados a corto plazo, tarde o temprano terminará cometiendo los mismos errores, diseminando la plaga que al parecer hoy en día es más contagiosa, y sin control o cura, que la misma peste negra o la gripe español ¡Incluso más contagiosa que la canción Despacito versión Bieber!

La educación efectivamente empieza desde casa, pero lamentablemente esta no es la raíz verdadera del problema, pues como nos expresó Octavio Paz en su libro “El Laberinto de la Soledad”, el mexicano es un ser impredecible, imprevisto pero inerte y pasivo: El mexicano es un hijo de la chingada pues nació de la violación de una indígena por parte de un español, nación de la “chingada”.

México y mexicano, como nación y como persona, ha sufrido toda su vida de constantes violaciones, ha sido chingada cuantas veces, con tanta intensidad y fuerza que incluso nos hemos acostumbrados, con la misma frialdad, indiferencia y resignación que una mujer explotada sexualmente por una red de trata de blancas.

¿Qué nos ha quedado? Chingarnos a nosotros mismos, como si una adicción sexual se tratase llevando de las constantes violaciones infringidas por extranjeros a las violaciones auto infringidas con juguetes, objetos o los mismos dedos, el mexicano ha pasado de ser chingado a chingarse a sí solo, condenándose así a un círculo vicioso.

Un tianguis que cada día avanza más y más tomando espacios públicos como calles, parques, guarniciones y banquetas, un vecino abusivo que coloca cajas, huacales o botes para apartar un lugar en la avenida, vendedores ambulantes que hacen marchas, usan la violencia y llenan las calles y plazas de basuras solo para vender sin apego a las leyes fiscales, de comercio y sanidad así como la actitud, la “geta”, de muchos mexicanos que día a día con más amargura que amor por la patria, salen a hacer cual esquíese actividad del día solo para contagiar de la plaga “Chingona” a otros mexicanos.

Si bien no se ha encontrado una cura para la sucia enfermedades que nos degenera como mexicanos, pues aunque nuestra economía crezca, la industria se vaya al cielo o nuestros pozos petroleros al fondo del mar, incluso tan profundos como para rozar el infierno, el mexicano seguirá siendo catalogado como un gordo con poncho, tequila y un nopal, y no como una nación que apunta para volverse un líder, si no mundial, al menos si regional; aunque seamos un país potencia seguiremos teniendo un pueblo de tercer mundo.

La única manera de frenar esta terrible plaga, que nos infectada, ama y destruye, es lograr frenar el concepto de chingón: Ser chingón no es chingar a otros, tratándole de darle un giro a las cosas.

¿Por qué no hacemos que un chingón sea quien respete a otros? Alguien que sigue las reglas, no roba ni usa tretas… Un chingón que sea alguien que tenga consciencia de que hay más personas en este mundo que importan, no solo él.





Etiquetas:   Corrupción   ·   Cultura   ·   Sociedad   ·   Crisis Social   ·   México

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