III. Educación para la prosperidad económica: Necesarias pero insuficientes
La educación es
el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo. --Nelson
Mandela
. --Nelson
Mandela
Que la educación
es un ingrediente esencial de prosperidad es a la vez obvio y contencioso.
Obvio porque
cualquiera que lea las columnas de este sitio sabe qué diferencia hace en sus
vidas haber aprendido a leer, escribir y calcular. Contencioso porque cuando
los científicos sociales intentan probar que la educación es la causa de
crecimiento económico les resulta muy difícil decidir cual vino de
primero.
Lo que es más,
incluso los términos básicos como “educación” y “prosperidad” han sido
convertidos en extensas lagunas enturbiadas con el sesgo cultural y el léxico
técnico de economistas, sociólogos, especialistas en educación, analistas
políticos, y no menos de los "expertos en todo".
Lo indiscutible
es que, en las sociedades industriales, la prosperidad--como crecimiento
económico--lado a lado con la participación educacional, ha multiplicado
espectacularmente la producción de riqueza.
En "La economía mundial: una perspectiva milenaria(1)", el
economista británico Angus Maddison muestra la explosiva trayectoria ascendente
de la participación educacional y del PIB per cápita en los países
industriales, desde US$ 1,000 en 1820, hasta más de US$ 21,000 al finalizar la
década de los 90.
Por supuesto, la
historia no debe terminar en estos datos, todavía hay un largo trecho hasta
alcanzar la meta de las Naciones Unidas "Milenio de Educación Para
Todos". En 2007, la UNESCO indicaba
que en todo el mundo, en 2004, 781millones de adultos (uno de cada cinco) todavía
no había adquirido la habilidad mínima de leer y escribir, y casi 77 millones
de niños de edad escolar no estaban matriculados en la escuela.
Pero las
evidencias son inequívocas. La relación entre el patrimonio nacional y los años
de educación pueden ser ilustrados con una comparación de datos nacionales
entre la "expectativa de vida escolar" (EVE) y el "producto
interno bruto per cápita" (PIB). La expectativa de vida escolar siendo el
número de años que un individuo está supuesto a aplicar en la educación
primaria, secundaria y terciaria.
Fuentes: UNESCO Institute for Statistics, World Bank, UN
Population Division.
El gráfico traza
la expectativa de vida escolar contra el PIB per cápita en 2006, el año con los
datos más recientes de 175 países donde estaban disponibles.
El gráfico
demuestra claramente que el PIB per cápita está positivamente correlacionado
con la expectativa de vida escolar. La esquina superior derecha del cuadro está
poblada principalmente por países desarrollados con un alto PIB per cápita y
una larga expectativa de vida escolar. Los países con expectativa de vida
escolar más alta son Australia (EVE 20.5, PIB per cápita $35,500) y Nueva
Zelanda (EVE 19.5, PIB per cápita $25,500).
No obstante,
cualquier concepto de prosperidad debe extenderse más allá de solamente
progreso económico nacional e individual, si el ideal es reducir la pobreza
global, equilibrar la distribución de la riqueza, incrementar los conocimientos
que alivian las tribulaciones de la vida, mejorar las condiciones de salud y
nutrición de la gente, y proteger el medio ambiente. O, en resumen, realzar la
calidad de vida y bienestar humanos.
Porque el objetivo de la buena educación es trascender los beneficios financieros
que puedan ser observados y documentados en nuestra moderna sociedad.
(1) Maddison, A. (2001): The World Economy: A Millennial
Perspective, OECD Development Centre, París.
Sigue: Educación
y prosperidad--El laberinto de la de la felicidad.