. También
desconozco quién es Francesco Arcuri. Son dos perfectos extraños para mí. Y me
parece que son exactamente igual de desconocidos para las legiones de mujeres
que se posicionan a favor de la primera (sólo porque es mujer y madre) y
en contra del segundo (sólo porque es hombre y ha sido "denunciado" por
supuestos "malos tratos"). O al revés. Y tampoco saben nada de ellos las
feministas, los defensores de los hombres, los políticos, los psicólogos,
abogados y resto de personas que se permiten el lujo de opinar, diagnosticar,
sentenciar, insultar, convocar manifestaciones, pedir dinero para que ella pueda
viajar a Italia, etc.
En realidad, ni Juana ni Francesco nacieron el día en el que
aparecieron en los medios de comunicación. Ambos tienen una historia, una
familia, fueron niños, fueron jóvenes, estudiaron, trabajaron, tuvieron otras
relaciones, tuvieron alegrías, tuvieron problemas, tuvieron hijos, tuvieron
(como todas las parejas) mil conflictos íntimos... Pero nadie conoce ninguno de
estos hechos. A pesar de lo cual, o precisamente gracias a tantísima ignorancia,
el aquelarre mediático de miles de fisgones "a favor" o "en contra" no cesa. Es,
para muchos, un culebrón excitante.
Pero seamos claros: Juana, Francesco y sus hijos, en
realidad, no les importan a nadie. Son sólo una excusa para que multitud
de mujeres y algunos hombres que no han querido o podido enfrentar su
neurosis, se identifiquen con alguno de esos personajes y utilicen las redes
sociales, o salgan a la calle, para regurgitar en nombre de sus ideologías su
odio, su rencor contra el otro sexo. La multitud de "defensoras" de Juana
no defienden a Juana, se defienden a sí mismas, y odian a los hombres. Los pocos
"defensores" de Francesco no defienden a Francesco, se defienden a sí mismos, y
odian a las mujeres. Ambos grupos son, evidente y lamentablemente, abanderados
del odio.
Pero lo cierto es, como todos sabemos, que cuando una pareja
se rompe nadie sabe exactamente (¡y a veces ni siquiera los propios
protagonistas!) los motivos de esa ruptura. Son dos personas, dos vivencias, dos
neurosis, dos versiones totalmente distintas de un mismo suceso traumático y
confuso. Lo único que puede hacerse en estos casos es escuchar a ambas partes, y
acompañarlas legal y psicológicamente para que la resolución del proceso pueda
ser lo más breve, justa e indolora posible. Para ellos y, sobre todo, para sus
hijos. Pero conseguirlo sólo está al alcance de abogados, psicólogos,
mediadores y jueces no ideologizados, dotados además de la suficiente
madurez y honestidad como para no aprovecharse de la indefensión de
sus clientes utilizándolos como meros vomitorios de sus rencores y
banderas. De otro modo, sólo se contribuye a que las relaciones entre mujeres y
hombres se conviertan, cada día más, en verdaderos infiernos.
Ojalá, en fin, Juana, Francesco y sus hijos encuentren algún
ser humano sensible, lúcido y decente que quiera y pueda ayudarlos de verdad.
Fuente original: http://olgapujadas.blogspot.com.es/2017/09/el-show-del-odio.html