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Lo que no es justo ni de recibo es que
los autores tengan que ir de editorial en editorial buscando la edición de sus
libros. Porque la pasividad de las empresas que publican libros es negativa,
porque perjudica a muchos que se merecen la publicación de sus textos en
formato libro. El Estado, en mi opinión, tendría que incentivar económicamente
la publicación de libros. En vista de que la iniciativa privada es muy
cuestionable como modelo de mercado y de cultura.
El mundo editorial en España, por lo que
sé y lo que escucho deja mucho que desear. Primero, porque no se apoya a todos
los autores para que puedan publicar
libros, aunque sea en tiradas pequeñas. Segundo, porque bastantes empresas
editoriales impulsan muy fuertemente a los escritores que más venden y se olvidan de los demás.
Parece que hay que escribir bestsellers
de forma continuada. Si no es así la mayoría de las editoriales pasan de los
escritores. O, al menos, es lo que se deduce. Y lo digo con el máximo respeto.
Existen algunas editoriales que hacen posible la autoedición y otras
modalidades de publicación.
A mi juicio, es una falta de
sensibilidad y de respeto a la actividad creativa de las personas que escriben.
Lo racional y lo sensato es que apoyaran
de forma decidida al que se pone a escribir y desea publicar lo escrito.
Si resulta que para poder publicar hay
que ajustarse a lo que diga la editorial, sin libertad para escribir de la
forma que cada autor quiera, está claro
que las cosas no van por buen camino.
Y luego sucede que se publican
muchísimos libros que son simple publicidad, textos intrascendentes o
consecuencia de la influencia de contactos y amistades. En definitiva, un caos.
Y resulta que una parte de los más
profundos o interesantes quedan sin publicar, por falta de interés por la
cultura.
En lo referido a la calidad de lo que se
escribe y publica da para hablar y escribir infinidad de horas. En muchas
ocasiones, se dejan sin publicar textos de alta calidad. Las editoriales deben pensar en el prestigio de lo que
publican y no únicamente en los beneficios. Algunas lo hacen, pero son muy pocas.
Además, si no se da oportunidad a que
surjan nuevos escritores eso no significa que no vayan a darse a conocer de
diversas maneras. La autopublicación es una de ellas.
De todas formas, el talento, la
perseverancia y la tenacidad de los que escriben logra que sean conocidos y
leídos, a pesar de la indiferencia de la mayor parte del mundo editorial.
El planteamiento exclusivamente
comercial y mercantilista se ahoga en sus propias contradicciones. Si una
persona llega a ser conocida y famosa, cualquier cosa que escriba o que le
escriban es inmediatamente publicada en forma de libro, porque, supuestamente,
tiene aseguradas unas ventas.
Indudablemente, el mercado, en parte,
funciona así, pero se echa de menos que los editores apuesten más por la
publicación de una mayor cantidad de libros en papel o vegetal, aunque sea en
tiradas pequeñas para empezar. Esto sería fundamental para la cultura
española.Y es factible, ya que depende de la voluntad de los que dirigen las
editoriales.
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