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Perplejidad


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21/08/2017

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A veces con algún aprendizaje se corrige un defecto de la naturaleza, pero no se elimina, y, si cesa el aprendizaje, la propia naturaleza poco a poco vuelve a llevar hacia ella lo que es suyo; finalmente, superado y eliminado el aprendizaje, se apropia ese defecto.


Juan Luis Vives, obras políticas y pacifistas.





Quizás a estas alturas ya no debería sorprendernos el desprecio de ciertos grupos, o personas, hacia la vida humana y el sentido común. Y tal vez debería sorprendernos menos la vaciedad mental de quienes se creen con derecho sobre la vida y la muerte de los demás. Lo sorpresivo de los atentados de Barcelona, sin embargo, tal vez por mi desconocimiento de otros atentados, es la edad, la juventud, de los terroristas. A los jóvenes, en cierto ambientes y momentos, es relativamente fácil engañarlos, hacerlos caer en necios dogmatismos. Aun así, ¿De verdad creían estos que con sus asesinatos iban a lograr algo? Es más, ¿tenían alguna meta? ¿O han sido perfectamente manipulados por seres adultos que les han hecho creer cosas tan absurdas como necias?

En más de una ocasión he oído, y leído, que una de las reivindicaciones del estado islámico, nombre tan absurdo como hablar ahora de la España cristiana frente a la España infiel, consiste en adueñarse de lo que ellos siguen llamando Al-Andalús, pues es una tierra que les pertenece, según dicen. Imagino que estos señores no deben de tener una idea muy clara de la historia, o que, como muchos otros, la cortan por donde les conviene e interesa. Sí, es cierto, que los árabes, o musulmanes, conquistaron casi toda España. Y cierto es que estuvieron aquí mucho siglos, algo así como siete. No por eso España, o Al-Andalús, dejó de ser un botín de guerra, que, más pronto que tarde y entre avatares sin fin, sus habitantes, desplazados por el Islam, trataron de recuperar, y recuperaron. Es lo que se llama la Reconquista.

Si fueran honestos estos que reivindican la posesión de la Península, cosa que dudo viendo el desprecio que tienen hacia las personas, deberían reconocer que también Italia, o Roma si quieren, tiene derecho a reclamar las tierras que ellos ocupan. Formaron parte del Imperio Romano. Tal vez por eso, y por su cerrilidad, se han dedicado a destruir los monumentos que albergaba: un absurdo intento de borrar la historia. Por lo tanto ¿si aquí en Al-Andalús destruyéramos la Mezquita de Córdoba, la Alhambra y algunas murallas y baños, dejarían de pensar que esta tierra les pertenece? No lo creo. Por la sencilla razón de que cualquier persona con dos dedos de frente ni se plantea tales cuestiones. No me parece viable que el estado español se ocupe de la devolución de México, Florida o San Francisco. Creo.

Evidentemente no tienen ni idea de historia. Tampoco creo que les interese mucho. Hay muchas posiciones en esta vida que solo se pueden mantener a través de la manipulación y de la mentira. Y, por desgracia, siempre habrá gente con muy poco sentido crítico y dispuesta a creerse lo que le digan. Tal vez ese fue el caso de estos jóvenes terroristas.

Ignoro, suponiendo que estos jóvenes cachorros hayan sido adoctrinados por un imán, quien los ha empujado a cometer tan horribles asesinatos, lo que les habrá metido en la cabeza. E igualmente ignoro el caldo de cultivo sobre el cayeron las palabras de tan respetable personaje. Se habla, por supuesto, de paro, no integración de estos emigrantes, de religión, descontento, y frustración social y emocional. No falta de nada.

Hace mucho tiempo yo comencé a sospechar que todo este romance del estado islámico, pese a que siempre sus ejecutores tienen a Alá en la boca cuando matan a alguien, alberga de todo menos religión. O por lo menos, de nada sirve una religión con tal desprecio hacia el ser humano. Bien es verdad que esa, a groso modo, ha sido la característica de casi todas las religiones, y de algunos dioses, como Baco y sus terribles venganzas. Ahora bien, las sociedades evolucionan, algunas, y con ellas las religiones o sus relaciones con los dioses. No menos cierto es que, algunos grupos de personas, se empeñan en hacer unas interpretaciones literales, e interesadas, de ciertos pasajes de la Biblia y del Corán. La Biblia ha sufrido tantas y tantas traducciones que habría que hacer lo que hizo Erasmo allá por el siglo XVI. Tal vez la desgracia del Corán es que no ha contado con un eminente personaje como este.

Sea como fuere, ¿creen estos terroristas que matando a personas inocentes van a extender su religión, que de verdad eliminan a infieles? ¿Infieles a qué? Acaso alguna de estas personas asesinadas tan vilmente juró fidelidad de Mahoma y luego rompió su juramento y, por lo tanto, se convirtió en un infiel? Es otro absurdo. Y que alguien lo crea no hace sino crear más y más perplejidad.

Al parecer uno de estos jóvenes terroristas decía, en una conversación a través de un aparato electrónico, que mataría a todos los infieles. Luego, tal vez asustado, se retractó de sus palabras diciendo que se trataba de una broma. Si este chico ha actuado, sin bromas de ningún tipo, llevado por esas ideas, tal vez embutidas en su cabeza por un imán, ha demostrado no tener ni sentido crítico ni un conocimiento mínimo de la realidad. ¿Qué iba a hacer para acabar con tanto infiel? ¿Comenzar una guerra mundial de exterminio? ¿Iba a luchar contra todos? Nada más de pensar en la cantidad de chinos que tendría que eliminar se le van a uno las ganas de comenzar tan ruinoso cometido.

Es posible, por lo tanto, que tras todo esto, tras esta barbarie que no cesa, cuando no llevada por unos conducida por otros, no se esconda sino lo mismo de siempre: un afán desmesurado por hacerse con el poder, un afán desmesurado por las riquezas, los pozos petrolíferos y demás. Y para conseguirlo se están utilizando métodos de poco coste: jóvenes fácilmente manipulables y furgonetas, hachas y cuchillos. Y por mucho que invoquen a Alá en el momento de inmolarse o de matar a alguien, sigo pensando que no hay ninguna ideología y ninguna religión detrás de tanta bestialidad. También otros, en otros momentos, invocaban cualquier cosa para matar a gente que no comulgaba con ellos; y tenían la misma idea de eso que pedían que los montaraces jabalíes de las dulces y añoradas montañas, cuando el hombre era tan feliz que no conocía ni la penicilina.

Evidentemente no soy un especialista en este tema del que estoy hablando. Y seguramente estaré diciendo muchas inexactidudes y torpezas. Trato de comprender lo que sucede a mi alrededor. Y lo mismo que he tratado de entender a estos terroristas, no de justificarlos, también trato de comprender a otras personas que destilan odio y mala baba en todo cuanto escriben o dicen sobre estos tristes hechos. Esperemos que dentro de poco no salga el estúpido de turno, tratando de ser objetivo, y nos diga que la culpa estuvo repartida entre unos, los terroristas, y otros, las víctimas, tal vez por negarse a dejarse matar sin gritar ni oponer resistencia. Entre tanto, ya no se sabe si reír o llorar de tanta y tanta estupidez como nos rodea y nos inunda. Sólo faltaban ahora, cómo no, esos chicos de esa formación política que más que formación política parece un grupo de 4º de la ESO hablando mal del instituto y del director. Estos también quieren eliminar a todo aquel que sea un infiel, es decir a todo aquel que no piense como ellos. Y, por supuesto, cuando no hay justificaciones se las inventan: ¿de verdad cree alguna de estas cabezas privilegiadas que el rey de España financia el terrorismo yihadista? Lo han dicho, y sostenido, para pedir que el rey no asista a la manifestación en contra del terrorismo, o para no ir ellos si, como es más que previsible, va el rey de España. Claro, ellos no pertenecen a España, y hay víctimas que no son españolas habiendo nacido en Cataluña. No salgo de mi perplejidad. Hasta ahora me tenía por una persona medianamente culta; pero evidentemente no lo soy, pues no entiendo nada. Y me gustaría entenderlo, ya que esta ignorancia me causa tanta zozobra como si estuviera en la cárcel y sin posibilidad de estudiar. Es todo tan complejo que creo que no me queda más ideal en esta vida que el que tenía Gabriel Araceli, el protagonista de la primera parte de los Episodio nacionales: acostarme por la noche y ser consciente de que haberle hecho daño a nadie. Y es un consuelo, en medio de tanto desconocimiento y tanta perplejidad el hecho de que un grupo de vecinos arrojara de su barrio a un grupo de fascistas que no iban a intentar comprender nada sino a eliminar el problema, como los otros a los infieles. Al menos me parece que todavía sé distinguir, como esos admirables vecinos, el bien del mal. Algo es algo.







Etiquetas:   Terrorismo

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