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Desarrollo económico budista en occidente


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11/08/2017


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Los fundamentos filosóficos que caracterizan la economía budista suponen una crítica frontal al modelo de economía moderna occidental. Ideas tan extendidas como “el crecimiento es bueno” o “más es mejor” son descartadas claramente por insostenibles.


La economía budista tiene en cuenta las necesidades humanas y sus limitaciones, proponiendo un control sobre el ansia de querer siempre más. La finalidad es alcanzar un verdadero desarrollo del ser humano en todas sus dimensiones, como ser individual cuya acción va mucho más allá del mero consumo, que actúa en comunidad y se hace responsable de su entorno. “No hay virtud en maximizar el consumo, necesitamos maximizar la satisfacción”.

En un entorno social en el que la ostentación es sinónimo de éxito es difícil abstraerse de lo que el filósofo Alain de Botton denomina ‘la ansiedad por el estatus’. La mitad de los jóvenes norteamericanos están convencidos de que se harán ricos a lo largo de su vida, una fe que choca inexorablemente con la realidad: el 1% siempre estará formado por… el 1%, una elite boyante, acaparadora y egoísta.

¿Puede la economía empaparte del pensamiento budista y proponer algo distinto? Es la extraña premisa que se atrevió a lanzar por primera vez E. F. Schumacher en 1956 y que más adelante se publicó en su famoso libro de ensayos Lo pequeño es hermoso.

Schumacher fue a Birmania como miembro del consejo de carbón británico para aconsejar al país en la adopción de un crecimiento al estilo oriental. Tras pasar un tiempo sumergido en las costumbres del país, y entender sus máximas, se dio cuenta de que la economía occidental podría incorporar ideas del budismo para promover un crecimiento más sostenible y respetuoso con la naturaleza, que a la vez pudiese brindar al ser humano el completo desarrollo de sus facultades.

En el libro, Schumacher culpa al pensamiento económico convencional de dejar de considerar la escala más apropiada para una actividad, combate las nociones de que “el crecimiento es bueno”, y de que “más grande es mejor”, y cuestiona qué tan apropiado es usar la producción en masa dentro de los países en desarrollo, promoviendo en lugar de eso una “producción de las masas”.

“Antes de que rechacen a la economía budista por considerarla un simple sueño nostálgico, quizás aceptarían considerar si el camino del desarrollo económico descrito por la economía moderna puede conducirles a los lugares donde realmente desean estar” 

El interés individual, el sufrimiento y los deseos

La economía occidental se centra en el interés individual. En cambio la economía budista desafía este concepto con la idea de la inexistencia de un ego permanente. Esto quiere decir que todo lo que uno percibe con sus sentidos trasmite una falsa idea de un “yo” inherente y real. Esto deriva inevitablemente en que se desarrolle una idea de “lo mío”, siendo esta la base del comportamiento egoísta.

El egoísmo no se considera producto de la maldad sino que es un error consecuencia del desconocimiento de la esencia real de las cosas. Es por esto que el ser humano tiene que desapegarse de este sentimiento. La economía basada en el interés personal y con un enfoque oportunista y materialista está condenada al fracaso. En contrapunto proponen promover la generosidad, ya que el ser humano es un actor cooperador motivado por mejorar su entorno. Los individuos y colectividades que cooperan sobreviven, prosperan y funcionan.

El segundo factor que diferencia ambos conceptos es la búsqueda de maximización de beneficios, mientras que la budista enfatiza la importancia de minimizar el sufrimiento. La manera de minimizar el sufrimiento es promoviendo la simplificación de los deseos, de manera que se calme el ansia consumista y materialista y la frustración que conlleva el querer siempre más y lo mejor. Una vez las necesidades básicas del hombre están cubiertas (comida, ropa, refugio, medicinas) el resto de necesidades materiales debe ser minimizado.

El mercado y el desarrollo económico

La visión del mercado y el crecimiento también dista en ambas visiones. Los enfoques occidentales tienen como objetivo maximizar los mercados hasta el punto de saturación mientras la economía budista tiene como objetivo minimizar el daño.  Tienen en cuenta actores primordiales como las futuras generaciones, el medio ambiente y los pobres, que no están correctamente representados porque no gozan del mismo poder que los actores más poderosos y ricos. Es por ello que el mercado no es imparcial y no es representativo de la economía. El concepto de Ahimsa (no cometer acciones que puedan ocasionar daño a uno mismo o a los demás) urge a encontrar soluciones de una manera colectiva y participativa.

Desde el punto de vista budista, no hay nada negativo en el progreso económico, a no ser que ese progreso económico promueva el apego a los bienes materiales y la avaricia. El crecimiento económico que conlleva una reducción de sufrimiento es bienvenido, ya que alivia los efectos negativos de la pobreza. Lo que importa en este caso es la manera en que se genera la riqueza, si ésta se genera a través de un trabajo digno y respetuoso donde se fomenta la confianza, permite a los individuos tener una seguridad económica y poder estar libres de deudas, cuidar de sí mismos y de su comunidad. Esto lleva a desincentivar la maximización de beneficios como fin en sí mismo e impulsar la importancia de la producción a pequeña escala, local, adaptable y sostenible.

Economía enfocada en promover el bienestar

Una economía budista considera que el consumo es un medio para el bienestar humano. El objetivo se trata de maximizar el bienestar con un consumo mínimo.

El trabajo debe ser debidamente apreciado y darse con unas condiciones dignas, de manera que impulse al hombre a producir, dar lo mejor de sí mismo y desarrollar su personalidad. La liberación que supone para el hombre dejar de estar enfocado exclusivamente a maximizar sus ingresos y destinar su tiempo a largas jornadas laborales, le permite tener más dedicación a actividades que repercutan en el bienestar de la comunidad. La persona que se puede ganar la vida con un trabajo digno, puede invertir su tiempo también a fortalecer los lazos que lo unen con el resto de individuos de su comunidad. Está demostrado que la inversión en las relaciones interpersonales tiene un impacto positivo en el bienestar.

Schumacher fue uno de los primeros economistas en cuestionar qué tan correcto es emplear el Producto Nacional Bruto para medir el bienestar humano, enfatizando que el fin debería ser “la obtención de un máximo de bienestar con un mínimo de consumo”. En el epílogo subraya la necesidad de que la “filosofía del materialismo” quede después de ideales como la justicia, la armonía, la belleza y la salud.

El concepto de Producto Nacional Bruto (PIB), incompleto para medir el bienestar, es sustituido por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Este indicador mide el bienestar y la felicidad a través de varios factores como el bienestar económico, el ambiental, la salud física y mental y el bienestar laboral, social y político.

Porque la cuestión no es la elección entre «crecimiento moderno» y «estancamiento tradicional». La cuestión más bien radica en encontrar el camino correcto de desarrollo, el Camino Medio entre la negligencia materialista y la inmovilidad tradicionalista. En pocas palabras, encontrar «Los Medios Correctos de Subsistencia»”

Teniendo en cuenta la época en que las ideas de Schumacher fueron planteadas, se puede considerar que transmiten propuestas que en su mayoría son totalmente vigentes hoy en día como la importancia de las energías renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local y una producción eficiente. En una economía budista se busca pues el consumo óptimo, no el máximo.

La manera en que experimentamos e interpretamos el mundo depende mucho del tipo de ideas que tenemos. Si las ideas son principalmente débiles, superficiales e incoherentes, la vida parecerá también insípida, aburrida, insignificante y caótica. La economía budista defiende la idea de una economía que permita al hombre desarrollar sus facultades y liberarlo del deseo de querer siempre más. Para el desarrollo de estas facultades se requiere una revalorización de lo que verdaderamente satisface al hombre y una limitación de los deseos sin sentido, donde la óptima asignación del trabajo permita estar en un equilibrio y gozar de un nivel de bienestar con lo que se tiene.

Trabajo con sentido

El punto de vista budista considera la función del trabajo por lo menos en tres aspectos: dar al hombre una posibilidad de utilizar y desarrollar sus facultades; ayudarle a liberarse de su egocentrismo, uniéndolo a otras personas en una tarea común; y producir los bienes y servicios necesarios para la vida. Las consecuencias que se derivan de esta perspectiva son interminables. Sería poco menos que criminal organizar el trabajo de tal manera que llegue a ser algo sin sentido, aburrido, que idiotice y enerve al trabajador; eso indicaría una mayor preocupación por las mercancías que por la gente, una diabólica falta de compasión y un grado de inclinación hacia el lado más primitivo de la existencia que destruye el alma. Igualmente, esforzarse por el ocio como una alternativa al trabajo sería considerado como una total mal interpretación de una de las verdades básicas de la existencia humana, es decir, que el trabajo y el ocio son partes complementarias de un mismo proceso vital y no pueden ser separadas sin destruir el gozo del trabajo y la felicidad del ocio.

En otro estudio Paul Piff, su autor , comprobó con diversos test y juegos con dinero simulado que cuanta más riqueza acumulaban los jugadores más deshumanizado se volvía su comportamiento. “El dinero —concluye el psicólogo— hace a la gente más egoísta, más aislada, menos empática y menos ética”. Quizás por ello, repensar alternativas no está del todo mal. Estas serían las premisas que Schumacher resumía en la economía budista:

1) Dar a las personas la posibilidad de utilizar y desarrollar sus facultades.

2) Ayudarle a liberarse de su egocentrismo, uniéndolo a una comunidad a través de tareas comunes.

3) Producir sólo los productos y servicios necesarios para la vida. El consumo es un medio para el bienestar humano.

4) La libertad es más importante que las posesiones. Consumir más no equivale necesariamente a vivir en mejores condiciones.

5) El trabajo debe realizarse en condiciones dignas y libres.

6) Debemos buscar las pequeñas soluciones que llevan a resultados extraordinarios. Cuanto menor sea el esfuerzo en recursos para realizarlo, más beneficioso es para el ser humano.

7) La simplicidad es la mejor arma contra la violencia que genera el egoísmo posesivo.

9) Fabricar productos y materiales con obsolescencia programada es una barbaridad.

10) Un modelo que busca consumo óptimo gasta menos que un modelo que busca el consumo máximo.

11) La producción basada en lo local es la más responsable. Importar bienes de lugares lejanos solamente se puede justificar en casos excepcionales.

12) Una actitud respetuosa y no violenta hacia todos los seres vivos.

13) Una población que basa su vida económica en los combustibles no renovables es un parásito de la tierra. Se debe optar por energías renovables.

Schumacher dice que la vida se puede vivir simplemente, y que la codicia de hoy está causando nuestros problemas globales. Explore su trabajo en http://bit.ly/2hIqMzb

Simplicidad y eficiencia

La economía moderna, por otro lado, tiene al consumo como el único fin y propósito de toda actividad económica, considerando los factores de producción (tierra, trabajo y capital) como los medios. En síntesis, la economía budista trata de maximizar las satisfacciones humanas por medio de un modelo óptimo de consumo, mientras que la economía moderna trata de maximizar el consumo por medio de un modelo óptimo de esfuerzo productivo. Es fácil de comprender que el esfuerzo que se necesita para mantener una forma de vida que se base en la búsqueda del modelo óptimo de consumo es probablemente mucho más pequeño que el esfuerzo que se necesita para sustentar una tendencia al consumo máximo. No deberíamos sorprendernos, por lo tanto, de que las exigencias y la tensión de la vida sean mucho menores, digamos, en Birmania que en los Estados Unidos.

Para el economista moderno acostumbrado a medir el «nivel de vida» por medio del consumo anual, suponiendo siempre que un hombre que consume más está «en mejores condiciones» que otro que consume menos. Un economista budista consideraría este enfoque excesivamente irracional; dado que el consumo es meramente un medio para el bienestar humano, el fin sería la obtención de un máximo de bienestar con un mínimo de consumo. De esta manera, si la finalidad de la vestimenta es obtener una temperatura confortable y una apariencia atractiva, la tarea consiste en lograr este propósito con el menor esfuerzo posible, es decir, con la menor destrucción anual de tela y con la ayuda de diseños que requieren el menor esfuerzo posible para realizarlos. Cuanto menor sea el esfuerzo mayor será el tiempo y las fuerzas reservadas para la creatividad artística. Por ejemplo, sería altamente antieconómico desear una confección complicada, como en el occidente moderno, cuando se puede obtener un efecto mucho más hermoso mediante un arreglo adecuado sin cortar la tela. Sería el colmo de la tontería fabricar un material de tal forma que se gaste pronto y el colmo de la barbaridad hacer cualquier cosa fea, basta o en mal estado. Lo que acaba de decirse de la vestimenta puede aplicarse igualmente a cualquier necesidad humana. La propiedad y el consumo de mercancías es un medio para un fin, y la economía budista es el estudio sistemático de cómo obtener fines dados con un mínimo de medios.

La economía local

Desde el punto de vista de la economía budista, por lo tanto, la producción basada en fuentes de recursos locales para necesidades locales es la forma más racional de vida económica, mientras que la dependencia de importaciones de lugares lejanos y la consiguiente necesidad de producir para exportar a gente desconocida y distante es altamente antieconómica y justificable sólo en casos excepcionales y en pequeña escala. De la misma manera que el economista moderno admitiría que una proporción alta de consumo de servicios de transporte desde el hogar de un individuo a su lugar de trabajo significa algo negativo y contrario a un alto nivel de vida, así el economista budista sostendría que satisfacer las necesidades humanas desde fuentes de recursos lejanas antes que desde fuentes de recursos cercanas significa un fracaso antes que un éxito. El primero tiende a usar las estadísticas que muestran un incremento en el número de toneladas por Km. per cápita de población movidas por el sistema de transporte de un país como prueba de progreso económico, mientras que para el último (el economista budista) las mismas estadísticas indicarían un deterioro altamente indeseable en los niveles de consumo.

Principios

1) La Economía Budista consiste en poner la economía al servicio de los seres y nolos seres al servicio de la economía.

-.La Economía Budista es compatible con una economía de libre mercado. La generación de riqueza como resultado de la actividad económica no sólo es lícita, sino que es totalmente necesaria.

-.La economía debe tener como fin, contribuir a la felicidad, bienestar y prosperidad de todos los seres. La prosperidad es el resultado de la generosidad.

-.Los resultados de una Economía Budista deben ser medidos con índices que vayan más allá de los indicadores económicos habituales, de forma que reflejen el nivel de felicidad de los seres.

-.La Economía Budista es real y no ficticia, es equitativa y no especulativa.

2) La Economía Budista potencia la creación de una cultura de Paz, No Violencia y respeto a todas las formas de vida.

-.Esta visión de la cultura implica impulsar una cooperación interreligiosa en base al amor, la hermandad y el respeto a todas las otras tradiciones espirituales del mundo.

3) La Economía Budista fomenta una nueva educación basada en valores de convivencia más que en la acumulación de conocimientos.

-.Desde la educación, se debe enseñar los valores adecuados para que se produzca un cambio en la mentalidad de la sociedad. En lugar de aprender a ser productivos desde la competitividad, serlo desde la solidaridad y el trabajo en equipo. En vez de acumular conocimientos, trabajar desde la creatividad para sentir satisfacción por el trabajo realizado y la confianza en uno mismo.

4) La Economía Budista es ecologista porque es consciente de que forma parte del medio ambiente.

-.La Economía Budista promueve un modelo de vida integrado por todos los seres que no pertenezca a nadie en particular, sino a toda la naturaleza.

-.La Economía Budista pide producir sólo bienes reciclables y no contaminantes. Igualmente promueve las energías limpias y renovables.

-.La agricultura ecológica de consumo local es un ejemplo de modelo económico sostenible dentro de la Economía Budista, donde se respeta el medio natural y los ecosistemas, conectando al agricultor con el consumidor en un entorno de proximidad y beneficio mutuo.

5) La Economía Budista promueve el consumo consciente. Comprar productos hechos con consciencia y hacer del consumo un acto consciente, ayuda a hacernos más felices, a dar valor a lo que tenemos y a lo que somos y a hacer un buen uso

de lo que hemos recibido.

-.La frugalidad es una forma de generosidad. Cuando no abusamos de los recursos, los ponemos al servicio del mundo.

-.Se deben consumir solamente los bienes y productos necesarios. Consumir más no aporta felicidad, porque la felicidad está en nuestro interior.

-.En cada acto de consumo y de no consumo elegimos que tipo de economía queremos para el mundo. Cambiando nuestros hábitos, creamos un mundo diferente.

6) La Economía Budista considera que la salud se basa en la vida y pertenece a todos los seres. El concepto budista de la medicina se fundamenta en el amor y la compasión hacia todos los seres, integrando la medicina moderna con la sabiduría de las medicinas milenarias de forma sostenible.

7) La Economía Budista considera que los estados, administraciones públicas, sus gobiernos y todos los ciudadanos deben estar al servicio de los seres, mediante la generación de mecanismos que cubran todas las necesidades básicas.

8) La Economía Budista defiende un sistema financiero ético basado en los intercambios que buscan el bien común, poniendo en comunicación quienes tienen excedentes de recursos con quienes los necesitan para llevar a cabo proyectos de economía real.

9) La Economía Budista pide que las empresas, al igual que las otras entidades económicas (cooperativas, fundaciones, asociaciones, administraciones…), sean fundamentales para el cambio social.

-.Las entidades económicas tienen el poder de transformar, con su tarea, a las personas, recursos y mercados con quienes se relacionan, promoviendo así el desarrollo de un nuevo modelo sistémico.

-.Las entidades económicas deben velar por su sostenibilidad económica y ecológica.

-.La Economía Budista pone al alcance de todos la actividad empresarial como herramienta de realización personal. Las pequeñas y medianas empresas son una expresión de esta actividad.

-.Los productos y servicios deben ser los que mejor satisfacen las necesidades de consumo del cliente y de sostenibilidad de las entidades económicas.

-.La participación activa del capital humano en la actividad de las entidades económicas es una tarea fundamental de la Economía Budista.

-.La Economía Budista fomenta el talento del capital humano de las entidades económicas, independientemente de su edad, género, capacidades físicas, etc., sin ningún tipo de discriminación.

Conclusión 

Una parte muy importante del discurso de Schumacher estaba en el desapego entre los conceptos economicistas y la naturaleza. “Esto significa que una actividad puede ser económica a pesar de que atente contra el medio ambiente, y que una actividad competitiva será antieconómica si protege y conserva el medio ambiente a un coste determinado”.

Leyendo el libro, algunas de sus premisas pueden resultar anticuadas, dada la época en la que fueron escritas, pero la mayor parte de las ideas (la importancia de las renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local, la tecnología debería servir al hombre no esclavizarlo) son plenamente vigentes.

El trasfondo sigue siendo extremadamente relevante ya que recuerda lo poco que hemos avanzado cuando la organización cuya opinión y valor más tenemos en cuenta no aporta ninguna referencia a educación, felicidad, el ingenio humano ni investigación como posibles motores futuros de un país. Todo queda reducido a tablas, hojas de excel, power points y esa benevolencia paternalista de que “sabemos lo que mejor os conviene”.

Referencia musical

C'est Si Bon https://youtu.be/7y9hIjH_7do



Etiquetas:   Economía   ·   Sociedad   ·   Estado del Bienestar   ·   Bienestar Social
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