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Ética Pública, la nueva agenda


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08/08/2017


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Esto ha sido una noticia en desarrollo, con una vorágine de acontecimientos en una semana.


El efecto Goic ha generado una impronta que parte en el partido demócrata cristiano, pero trasciende e impacta a toda la política. 

Cuando acá mismo me preguntaba si el factor corrupción incidiría en la decisión de ir a votar de la ciudadanía, hoy la sensación popular es de compromiso para limpiar la política y los negocios de malas prácticas. Levantar las banderas anticorrupción no puede ser una decisión pragmática de conveniencia, es decir, subirse a este discurso manteniendo los tejados de vidrio y las cocinas discretas donde se decide en función de intereses particulares y contra el bien común. La prueba de la blancura exige barrer la basura y no dejarla bajo la alfombra, significa terminar con los empates,  se traduce en que los que han estado involucrados en financiamientos ilícitos de campañas, que hayan cometido fraudes tributarios,  que hayan sido sometidos a causas judiciales como autores,  cómplices o encubridores de tales delitos, no puedan repostular a un cargo de representación popular.

La ética pública alcanza también a la empresa, al mundo corporativo que teje redes de influencias hacia el poder político, la nominación de directorios que reflejan esos vasos comunicantes impropios, los favores, la información privilegiada, el lobby que coloca barreras de entrada cuando una decisión de Estado puede lesionar los intereses corporativos,  todo ese mundo opaco en que se mueven las élites,.compartiendo privilegios,  componen un sistema de relaciones de riesgo para el interés general.

Los gethos de poder al interior de empresas del Estado, como Codelco y BancoEstado, son también ámbitos donde se toma decisiones con recursos públicos para beneficio de los que allí trabajan, lo que se refleja en bonos que ofenden a la comunidad que sufre sueldos de hambre. Similar situación que rompe cualquier estándar ético es el que se ha destapado en el Ejército,  con los fondos reservados del cobre, o en Carabineros con el desfalco gigante que parece no tener límites, o en Capredena, con pensiones de invalidez falsas, con recontrataciones ilegales, una sangría horrorosa que habla de una corrupción estructural.

Y qué decir de la compra Pública,  del efecto Cau Cau que se extiende en un sin fin de situaciones de corrupción. La ley de Pesca, aprobada con el cohecho conocido y sancionado por la Justicia ; el subsidio forestal que sigue beneficiando a los grupos económicos que han llenado el país de especies depredadoras,  como el pino y el eucaliptus.

Por donde se mire, se levanta un papel y debajo aparece el turbio negociado. Los planos reguladores cocinados para favorecerla actuación invasiva de los poderes inmobiliarios. Y detrás se detecta,  además, la colusión de intereses de partidos políticos convertidos en verdaderas sociedades anónimas y de inversión, administrando su patrimonio en colocaciones rentables del mismo mundo de los negocios que ellos debieran regular y fiscalizar. 

Qué desolación provoca comprobar día a día esta descomposición en nuestra sociedad. Llamar a votar por una opción que asegure cambios éticos y que no sea un recambio de actores para mantener las mismas corruptelas. 

Por ello, la esperanza que deja el simple hecho de que esto se converse,  que con esto se dé un tapabocas a los obsecuentes que explican y relativizan la corrupción dependiendo de quien la cometa, que callen cuando viene de su lado y la usen cínicamente,  si es asunto del adversario político.

La izquierda que asoma a través del Frente Amplio deberá aplicar en su plataforma programática el tema de la transparencia, la Fiscalización y la sanción a cualquier tipo de corrupción,  aprendiendo a gestionar un Estado integrado, que no vuelva a ser la vaca lechera del cuoteo político.

Carolina Goic ha planteado una nueva hoja de ruta,  a ver qué dicen de ella sus adversarios para el 21 de noviembre.





Periodismo Independiente, 6 de agosto de 2017 @hnarbona en Twitter.



Etiquetas:   Política   ·   Sociedad   ·   Anticorrupción   ·   Elecciones Presidenciales

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