Reforma constitucional con 'agostidad' y alevosía

Hoy, a eso de la hora de la meridiana, comienzo a leer un aluvión de tweets relativos a la, parecía ser, inminente reforma de la Constitución para la fijación de un techo de déficit acordada entre el Presidente del Gobierno, Jose L. Rodríguez Zapatero y el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, en una especie de inesperada, sorprendente y súbita 'coalición'.He seguido el tema con atención en TWITTER y la proliferación de mensajes desde todos los flancos ha sido también francamente interesante. Muchos de ellos, a los que me dirijo, criticaban el hecho de que tal reforma se plantease sin necesidad de someterla a referéndum. Estoy de acuerdo con ellos en el fondo, pero me impiden posicionarme plenamente en su favor determinadas cuestiones formales de índole jurídico. Importantísimas en muchos casos.Lo cierto es que, de acuerdo a nuestro ordenamiento jurídico vigente, que son las reglas de juego de la partida que iniciamos todos los españoles en el año 1978, PP y PSOE pueden llevar a cabo la reforma en cuestión sin consultar a la ciudadanía. Ostentan, entre ambos, una representación superior al 90% en el Parlamento y, consecuentemente, pueden proceder legalmente según pretenden.

 

. Rodríguez Zapatero y el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, en una especie de inesperada, sorprendente y súbita 'coalición'.He seguido el tema con atención en TWITTER y la proliferación de mensajes desde todos los flancos ha sido también francamente interesante. Muchos de ellos, a los que me dirijo, criticaban el hecho de que tal reforma se plantease sin necesidad de someterla a referéndum. Estoy de acuerdo con ellos en el fondo, pero me impiden posicionarme plenamente en su favor determinadas cuestiones formales de índole jurídico. Importantísimas en muchos casos.Lo cierto es que, de acuerdo a nuestro ordenamiento jurídico vigente, que son las reglas de juego de la partida que iniciamos todos los españoles en el año 1978, PP y PSOE pueden llevar a cabo la reforma en cuestión sin consultar a la ciudadanía. Ostentan, entre ambos, una representación superior al 90% en el Parlamento y, consecuentemente, pueden proceder legalmente según pretenden.

Lo que nos debemos plantear aquí es si el Parlamento es una representación fidedigna y justa de la voluntad popular. Lamentablemente, la vigente e injusta -en mi opinión- ley electoral ha permitido una infrarepresentación en escaños de los partidos minoritarios, que lo son, pero no tanto, en votos. Así, PP y PSOE ostentan el porcentaje necesario para poder llevar a cabo semejante reforma sin necesidad de consulta popular.

Un país serio o que, al menos pretenda dejar de ser de una vez un país de pandereta, debe caracterizarse, entre otras cosas, por un escrupuluso respeto de su ordenamiento jurídico. No parece exigible el referendum ciudadano para esta reforma, aunque, desde luego sí que resulta plenamente patente (una vez más) la perentoria necesidad de modificar la citada ley electoral, pues en su actual redacción, en mi opinión, está pervirtiendo el sistema.

Tal vez, si las representaciones en el Parlamento fueran un reflejo más fiel y directo de la realidad del voto ciudadano, ahora no estaríamos hablando de que estos dos grandes (a día de hoy, exclusivamente por tamaño) partidos están planteándose una reforma constitucional sin el concurso de los ciudadanos.

UNETE



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