Una república de hombres encantados

El movimiento de indignados ha perdido cierto protagonismo en medio de la reciente Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, empequeñecido por el millón y medio de católicos que en el aeródromo de Cuatro Vientos asistieron a una misa oficiada por el Sumo Pontífice Benedicto XVI. Ante esta demostración de catolicidad, grupos de furibundos anticlericales a quienes «no les representa ni Dios», favorecidos durante años por un gobierno que se ha declarado beligerante ante la Iglesia Católica, han podido hacerse notar. Sus actos de violencia han provocado una reacción aún más violenta de la Policía y sólo han servido como contraste a una tremenda demostración de que España sigue siendo católica.

 

. Ante esta demostración de catolicidad, grupos de furibundos anticlericales a quienes «no les representa ni Dios», favorecidos durante años por un gobierno que se ha declarado beligerante ante la Iglesia Católica, han podido hacerse notar. Sus actos de violencia han provocado una reacción aún más violenta de la Policía y sólo han servido como contraste a una tremenda demostración de que España sigue siendo católica.
 

Sin embargo, estos anticlericales mezclados entre los indignados, no han conseguido trasmutarse en ellos, puesto que el movimiento Democracia Real Ya ha querido siempre reivindicarse como un movimiento de no violencia. De hecho, el pasado domingo la habitual asamblea de indignados en la Puerta del Sol dio cabida a una reunión paralela con varios peregrinos participantes en la Jornada Mundial de la Juventud, quienes pidieron que se respetase a los católicos, pues ya habían participado en anteriores asambleas y habían sido una de las corrientes del movimiento junto a otras de las que hemos hablado anteriormente.

 

Por un momento la imagen de los indignados como los herejes albigenses y valdenses que ha usado Gustavo Bueno para explicar este heterogéneo movimiento ha parecido nítida: la Iglesia Católica intenta convertir así a los indignados en buenos católicos y que regresen al seno de la Santa Madre Iglesia, frente a la excesiva violencia policial de la que las autoridades competentes se negaron a responder. Parecía casi como la prédica de Santo Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos, quien en el siglo XII intentaba convertir a los albigenses en lugar de acabar con el movimiento hereje a sangre y fuego.

 

Ahora los indignados están planteándose un referéndum para la inminente reforma constitucional, impuesta a España por Francia y Alemania, que fijará un techo de endeudamiento del Estado. No sabemos a día de hoy si será un referéndum con urnas o mediante la participación en las redes sociales, o si elevarán su propuesta hacia aquellos partidos políticos que «no nos representan».

 

Con esta presencia católica que bendice el movimiento, sumado todo a la falta de concreción de sus propuestas, casi podría decirse de la amalgama de fuerzas que componen los indignados aquello que dijo el arbitrista Martín González de Cellorigo de España en el año 1600: Una república de hombres encantados que viven fuera del orden natural.

UNETE



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