Hasta hace algunos meses la fiesta de independencia entre los millones de inmigrantes en Estados Unidos tenía un sabor de fraternidad, color y alegría. No importaba de donde eras y de que rincón de la tierra habías llegado para enamorarte de una cultura ajena. Las barras y las estrellas ondeaban en las casas y los carros y los sombreros alusivos a la fiesta más representativa de los norteamericanos era unísona y de cierto modo multiracial. Era notable ver como desde 24 horas antes del espectáculo de los fuegos pirotécnicos , las familias se apostaban al lado y lado del Río Hudson para tomar el lugar predilecto y gozarce del colorido y la simbología que los explosivos rayos de pólvora galardonaban el firmamento. Unos en Manhattan y otros en Brooklyn , Bronx ,Staten Island y Queens hacían del 4 de julio una independencia propia porque el medio era propicio y el racismo aunque “solapado” entre la doble moral , era de cierto modo disimulado porque entre el bullicio que representaba la fiesta de independencia había un factor comercial determinante como el consumo. Nuevas políticas migratorias Pero han llegado otros tiempos con políticas migratorias más crudas que han hecho torcer esa idea de falso nacionalismo hacia otra realidad. Ya somos “convidados de piedra” y no es tan relevante el orgullo a cuestas de veinte , treinta o más años de nacionalidad porque en el peor de los casos podríamos ser juzgados y expulsados si la “lotería rusa” llegase a apuntar sobre algún pecado cometido en el pasado. Como quien dice, hay que andar pianito y reprochar “entre dientes” porque todo lo que digas , podría ser usado en tu contra. De ese tamaño están las cosas, hoy por hoy, así muchos latinos piensen lo contrario y se den golpes de pecho pro-americanos puesto que así hayan nacido en la tierra del Tío Sam , siempre serán Martínez, Rodríguez, maldonado y peralta. No obstante, ese flexible estatus legal te lleva a luchar por los objetivos materiales y alcanzar “ciertos sueños”. Los latinos somos conscientes , sin embargo ,que ahora más que nunca debemos fortalecer las bases de nuestras raíces ya que ante el abuso y la represión que significa llevar el peso de la hispanidad por las nuevas aprehensiones migratorias que Donald Trump han hecho sentir a la minoría mayoritaria más pujante y trabajadora de Estados Unidos, hay que hacer valer y respetar nuestra cultura. Construímos una vida y dimos años de trabajo y sacrificio y debemos demostrar que tenemos igualdad de derechos como el Italiano , el Francés, el Inglés o cualquier Europeo de los que llegaron para hacer grande a una nación hecha 100% por inmigrantes.Futuro incierto Hoy somos un grupo social con emociones encontradas sobre la ruta y el dibujo a trazar sobre lo que significa ser y hacer patria en territorio ajeno y celebrar fiestas de una cultura europeisante que ha dejado de valorar el significativo aporte de los millones de latinos que han dado todo , incluso, con los que han renunciado a su patria para arroparse con un uniforme que hoy luce desteñido ante la persecusión migratoria y ante los señalamientos dañinos que han atentado contra la dignidad de la mujer latina ., contra la clase trabajadora y contra la inocencia de nuestros hijos que en medio del “indefenso programa educativo” se creen protagonistas de la película norteamericana. Lo paradógico es que la Declaración de Independencia sobre derechos y libertades no representan nada para Trump, al contrario, esa promesa de vida y felicidad en su declaratoria hace pensar en muchos cuestionamientos. ¿Qué piensa la comunidad latina? En una reciente publicación del escritor Russell Contreras para la Agencia AP, se encontró con personas que en medio de las oportunidades que le ha ofrecido Estados Unidos no sabe en realidad a qué apostarle en éste 241 aniversario de independencia.




