De prostitutas, alcaldes y doble moral.

               

 

.

                En el Centro las quejas provenían sobre todo de los vecinos de la Alameda de Colón y calles adyacentes donde las meretrices se apostaban en búsqueda de clientes.

                Dicha medida, ya ha sido contestada y duramente criticada por el Grupo de Juristas “17 de Marzo” que solicita su retirada inmediata, anunciando incluso interponer recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía como ya lo hicieron en Granada ante una medida similar proveniente de un Ayuntamiento también regido por el Partido Popular.

                A dicha iniciativa se suma la Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía y el Grupo de Estudios de Política Criminal (GEPC) compuesto por Jueces, Fiscales, Profesores y Catedráticos de Derecho Penal que se alarman ante la que es una clara conculcación de derechos fundamentales de las profesionales a sancionar y que ya firmaron un “Manifiesto a favor de la regulación del ejercicio voluntario de la prostitución entre adultos”.

                Y es que desde una aproximación mínimamente seria al fenómeno, la Ordenanza, si no fuera por las nefastas consecuencias que para los derechos de estas mujeres y sus clientes pudiera conllevar, es de risa y jurídicamente no se sostiene desde el momento en que incluso la mera contratación del servicio sexual, aún no llevado a cabo, ya es sancionable.

                Pongámonos ante el supuesto de que un Policía Local observa una conversación entre una mujer apostada en la calle y un hombre sin oír siquiera de qué están hablando. Según la ordenanza ya podría tener potestad para levantar Acta sancionadora a ambos, pensando que se podría tratar del preludio de una relación sexual pagada. ¿A cuántos malentendidos podría dar lugar dicha situación? ¿Cómo se va a hacer efectiva la sanción a imponer a la mujer que en la inmensa mayoría de los casos es absolutamente insolvente y quizás tenga para comer ese día únicamente los 30 ó 50 euros que consiga a base de pasar frío en invierno o achicharrarse de calor en verano? ¿Y respecto del hombre? ¿No pagará el aprensivo ciudadano –a menudo casado-  la multa correspondiente, haya intentado o no, contratar los servicios de la prostituta con tal de que no llegue a su casa una notificación con una multa que diga haber sido interceptado intentando contratar los servicios sexuales de una señora?

                Vientos ultraconservadores soplan desde la Casona del Parque gobernada por el Partido Popular que sigue confundiendo Moral y Derecho -al igual que hacen con la Ley del Matrimonio entre parejas del mismo sexo, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y Salud Sexual, etc. – tomando medidas de este tipo.

                Y no es eso.

                La prostitución, y no nos rajemos las vestiduras por ello, es consustancial a la civilización. Babilonia, Roma, Atenas, y todas las ciudades que en el mundo antiguo fueron, tuvieron sus “barrios rojos”, como hoy lo tiene Amsterdam, o la zona de Pigalle en París, la Martin Luther King Strasse en Berlín, o la Calle Montera en Madrid y sin irnos más lejos la conocidísima por tal motivo Calle Camas en Málaga, luego Plaza de Las Flores, más tarde Calle Torregorda y alrededores y hoy Alameda de Colón.

                Desde que el hombre vive en ciudades, las prostitutas han estado ahí, cumpliendo una importantísima labor social para todos aquéllos que, bien porque quieren practicar sexo pagando un peaje por ello y a cambio no tener ningún tipo de implicación emocional después o bien para iniciarse en el mismo -cada vez menos, dada la relajación de las costumbres sexuales en España-;  o como válvula de escape de muchos hombres casados, convirtiéndose así las salomés de turno en garantes de la estabilidad y pervivencia de muchos matrimonios.

                La experiencia histórica tampoco avala el éxito de medidas como la comentada. Cualquier intento de prohibición del fenómeno ha fracasado, a la vista está, y no ha conllevado sino una  ocultación hipócrita del mismo, cuyos efectos perversos han sido la estigmatización, la vulnerabilidad y cómo no, el favorecimiento de la explotación de estas mujeres.

                El Ayuntamiento carece de potestad para sancionar conductas que no están tipificadas penalmente cuando entran en juego además derechos fundamentales de la persona.

                Contratar un servicio sexual no es delito como tampoco lo es hacerlo gratuitamente.

                Otra cosa es practicar sexo en un lugar público a la vista de mayores y menores, háyase pagado o no, por ello. Pero eso es otra cosa. No confundir el jamón con el cerdo. La Policía Local habrá de sancionar este acto cuando tenga lugar efectivamente. No la simple discusión y contratación de los términos de la relación sexual a llevar a cabo pues ésta puede acabar teniendo lugar en un coche alejado de la ciudad, en un piso o en un hotel o pensión (que magros beneficios obtienen de este comercio carnal).

                Y por ahí es por donde debió ir la Ordenanza; sin aprovechar el tirón y debido a las quejas vecinales, aprovechando que estábamos en campaña, dictar una Norma populista donde las haya que además devendrá ineficaz. Y ellos lo saben. El alcalde lo sabe.

                Regúlese legalmente de una vez por todas el fenómeno de la prostitución que sólo redundará en beneficio de todos: las prostitutas, los clientes y los ciudadanos en general. Y no trate el Ayuntamiento de barrer y esconderlas bajo la alfombra.

                Debemos elaborar normas que reglen su ejercicio y velen por los derechos y la seguridad jurídica de estas mujeres que, pese a ser la profesión más antigua del mundo, permanece aún en el limbo jurídico de la hipocresía.

                Se hubiera agradecido más ,aunque ello no hubiese conllevado para el Ayuntamiento tantos réditos electorales y le hubiera supuesto más gasto y personal, la elaboración de un programa de reinserción profesional de cuantas mujeres quisieren abandonar la profesión -si es que quieren de verdad abandondarla;  pues dejémonos ya de actitudes paternalistas y propias de la Ilustración, con mujeres adultas que libremente deciden utilizar su cuerpo como les da la gana-, con la impartición de cursos, talleres, compromiso de contratación incluso por las Entidades Públicas o fomento de su contratación por la Empresa Privada.

                Todo, antes de prohibir por prohibir.

                Y no seamos tan pacatos cuando estamos hartos de ver a jóvenes y no tan jóvenes darse los arrumacos propios del amor -a veces con una fogosidad envidiable- en bancos, parques y jardincillos sin que nadie se eche las manos a la cabeza e incluso nos arranquen una sonrisa.

                ¿Acaso usan el hecho en sí de proteger a las prostitutas de los proxenetas y de las mafias de trata de mujeres a modo de excusa? La solución no pasa por sancionar a las propias víctimas en el supuesto de que lo fueren y no ejercieren por libre, sino a los capos de tan ignominioso tráfico, a los que la Ordenanza no contempla ni castiga.

Persigan a los verdaderamente delincuentes y productores de dramas gravísimos.

Pero ésa es otra historia y da para otro texto.

En fin Sr. Alcalde, como siempre, muy mal.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales