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01/06/2017

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Pues eran raros el valor y la sensatez entre los hombres; pero el hombre justo es el bien más raro de todos.

Plutarco, Vidas paralelas (Tito Flaminino)

¿Para qué escuchar las palabras cuando veo los hechos?

Ciceron, Tusculanas.

Apenas la vi entrar, cerré el libro de poemas que me había dejado. No por nada especial sino porque imaginé que tendría ganas de hablar.

-Puede seguir leyendo, no se preocupe por mí -me dijo como si mi gesto le hubiese molestado.

-Prefiero más hablar con usted, si no le incomoda.

-No le está gustando el libro que le he dejado, ¿no es eso?

-Doña Paquita, se me a quebrar usted de sutil. Me está costando entender la poesía, pero creo que progreso adecuadamente.

-A usted le va más la prosa. Y el cine.

-Mucho retintín hay en esa última apostilla. Pero sí, es cierto. Me gusta mucho el cine.

-Desde luego. Si es usted capaz de marcharse de aquí por ver una película.

-Si se refiere usted a lo del otro día, vi más de una.

-¿Ah, si? No lo sabía.

-Ya veo que está usted molesta; pero voy a tratar de sacar provecho de la arisca disposición del enemigo.

-Yo no soy su enemigo.

-Mejor. Prefiero más tenerla por amiga. Mire, el otro día, en un periódico, leí que habían estrenado una serie de televisión sobre un jugador de fútbol americano.

-¡Vaya! ¿También le interesa el fútbol? Es usted una caja de sorpresas.

-No me interesa el fútbol, querida señora. Ni el americano, ni el ruso ni el que se juega en toda la vastedad del imperio romano.

-De acuerdo -dijo tranquilizándose un poco- usted dirá.

-Este jugador americano, de fútbol americano, parece ser que una noche mató a su mujer y a otra persona más.

-¡Qué horror!

-Y era, o es, negro. La película, o la serie, se centra en todos los tejemanejes de los abogados defensores para conseguir el indulto de dicho personaje, que está considerado, por sus hazañas en el fútbol, casi como un héroe nacional. Sobre todo por los negros.

-Muy a menudo he pensado cuán difícil tiene que ser hacer justicia. A veces, con la imaginación, claro, me he puesto en la piel de cualquier juez, y en fin...

-Si el juez busca la verdad, y no me pregunte qué es eso, sí que debe de ser terriblemente complicado. Por eso algún fiscal, de España, es el mejor valorado de todos los fiscales: nunca nadie ha conseguido tal clarividencia en los hechos acometidos por algunos honrados ciudadanos, que son conocidos suyos o de quien le da los cargos y las prebendas. Corruptos a la calle y lex dura lex. Más clarividencia e imparcialidad, imposible. Se está absolviendo a sí mismo.

-Usted siempre con sus ironías.

-Me ha traicionado la voz, perdone. Pues bien, la serie, o la película, como quiera, va desgranando todos los intereses que hay en torno a este negro jugador de fútbol, y su posible condena o indulto por el asesinato de dos personas. Por supuesto, no olvide que estamos en América, y que surge, inmediatamente, la cuestión racial. Un montón de negros ve en la acusación de asesinato un intento más de hacer cargar a un negro con la culpa de algo que no hizo, así lo han determinado ellos. Y los abogados defensores se escudarán en el racismo para anular todas las pruebas incriminatorias. Para la fiscalía, por el contrario, es tan clara la culpa del dicho jugador, que sin percatarse van cometiendo error tras error. O dicho de otra forma, hay un personaje que quiere ascender en su carrera, y no le interesa indisponerse contra blancos ni negros, pues todos votan. Y va dejando que la bola crezca.

-Y al final la democracia se convierte en una tiranía como otra cualquiera. En esos sitios hay que andarse con mucho cuidado con lo que se dice y dónde se dice.

-Sí. Además siempre hay gente dispuesta a sacarle punta a todo. En beneficio propio, claro.

-Imagino -me dijo sonriendo- que también vería fallos en esta película. No creo que me la haya nombrado de no ser por ello.

-Muy aguda. Pero sí, tiene razón. Observando estas cosas en el cine me imagino lo difícil que tiene que ser hacer una película, o escribir una novela, y mantener el ritmo y a los personajes, sin que estos pierdan interés y sin mentir o falsear nada. Es muy arduo ser riguroso.

-Sí, una labor complicada. Muy complicada.

-Máxime cuando ya hay tantas películas sobre el funcionamiento de los jurados. Con visiones para todos los gustos. Pero claro, en el cine casi siempre se parte del punto de vista de que el espectador sabe lo que ha pasado, mientras que lo ignora el fiscal o en juez...

-Es una forma como otra cualquiera de crear tensión y hacer que el lector o el espectador no deje de leer o aparte los ojos de la pantalla.

-Sí, pero yo me quedo insatisfecho. Yo, igual que usted, me pongo en la piel del juez, o del jurado, y me veo imposibilitado de emitir un juicio. Máxime en un caso tan mediático: los negros, la bestialidad de la policía, la presión social, el desprestigio de los fiscales... En fin, es una maraña tan complicada que hacer justicia se convierte en algo casi imposible.

-No son casos tan sencillos como los que juzga el bueno de Sancho en la Ínsula Barataria, ¿lo recuerda usted? Aquel juicio de la mujer que denuncia al porquero, con perdón, porque la ha forzado...

-Sí, lo recuerdo. Me lo trajo a la memoria la dichosa película. ¿Ve? Y eso es otra cosa que llama la atención del juicio sobre este jugador de fútbol: a lo largo del juicio ni se nombra a las víctimas. Es como si no importaran. Allí lo que importa es salvar al acusado. El cual, y esto es importante, como es rico, millonario, se rodea del mejor de los equipos de abogados. Tampoco se dice, en ningún momento, lo que cobraron los miembros de dicho equipo por la defensa tan apasionada de la verdad y la justicia.

-¿Y que sucede al final?

-La película está basada en hechos reales. En el juicio sobre O.J. Simpson, el jugador de fútbol. Al final fue absuelto.

-¿Y dieron con el asesino de las dos víctimas?

-Esa misma pregunta la hace un periodista en la película. Y la mirada del jefe de la fiscalía lo dice todo. El juicio se ha convertido en un circo mediático en el que lo importante, para los abogados, es ganar. Es decir, lo importante son ellos. No la verdad ni la justicia sino su bufete, su renombre, la posibilidad de tener más casos que defender... Y así, una tras otra, van denegando valor a todas las pruebas incriminatorias porque fueron recogidas por agentes sospechosos de despreciar a los negros...

-Bueno, por lo menos en la película no hay concesiones, según dice usted, y en contra de la señorita Macbeth.

-Por desgracia no es así. Hay alguna que otra escena un tanto absurda. Y una de ellas esperpéntica. El juez dictamina un receso de diez minutos. Apenas si un par de personas salen de la sala. En el estrado quedan los guantes, que es una prueba de los fiscales. Uno de los abogados defensores, ni corto ni perezoso, coge los guantes, con las manos, sin guantes quiero decir, se los prueba, y cae en la cuenta que son una engañifa, que no pueden ser del acusado. Y lo más gracioso, otro de los abogados defensores, hablando de pelotas más o menos bien puestas, provoca al ayudante de la fiscal para que haga que el acusado se pruebe los guantes... En fin, un circo sin ton ni son.

-Evidentemente. No hacía falta eso. Con mirar la talla...

-Exacto. Ese es el punto de vista de alguien que va a comprar ropa. Muy bien traído. Añada a esto la composición del jurado. En la película lo van cambiando conforme se va desarrollando el juicio. ¿Se puede hacer eso? Tengo que hablar con algún jurista. Los miembros del jurado pasan ocho meses encerrados. Y lo único que quieren es que aquello se termine de una vez por todas. Así que votan para irse a casa... Y sin discusión.

-Evidentemente no es todo tan sencillo como en el gobierno de Sancho.

-Cabe decir además que hay películas contradictorias... En la película Matar a un ruiseñor, Áticus, el abogado defensor, le lanza un objeto al reo para que este lo coja. Lo hace con la mano izquierda ya que es zurdo. Y eso demuestra que el reo no pudo haber cometido el asesinato porque un zurdo no degüella a una persona de la forma en que está degollada la víctima. En otra película, no recuerdo el título, se hace lo mismo, y el juez monta en cólera y amenaza con expulsar al abogado como vuelva a montar un número de circo semejante a ese.

-Bueno, si le sirve de consuelo sucede lo mismo con los libros sapienciales de la edad media: tiene ejemplos para todas las situaciones. Muchos de ellos contradictorios. O si quiere, dejados al albur de quien lee.

-Quizás por eso sean tan difícil hacer justicia... Me he acordado de infinidad de casos de juicios sumarísimos, a finales del imperio Romano, por cohecho, robo, traición, corrupción... el emperador se tenía que decidir por una cosa u otra. Y no era igual que en la República: allí se condenaba al exilio. Ahora, finales del Imperio, la pena era la pena capital. Como le pasó a Sócrates.

-Eso es lo malo. Tomar resoluciones que no tienen vuelta atrás. ¿Cómo era aquel dicho de en la duda..?

-In dubio pro reo.

-Pues eso. Y tiene usted razón. Impartir justicia tiene que ser muy difícil. Y ya sé que tiene muy poco que ver. Pero ¿sabe lo que más odiaba yo de mi oficio? Corregir exámenes, poner notas. Aunque había veces que el suspenso estaba más que motivado. Otras veces, dudaba... Pero, claro, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Sea como fuere la justicia tiene que funcionar, ¿no cree?

-Sí, porque en caso contrario se convierte en el lodazal en el que nos estamos moviendo en esta graciosa piel de toro. Aunque sepamos que la justicia jamás en la vida va a ser igual para todos. Máxime cuando el delito se comete entre muchos que, como estamos viendo, queda impune. Y más cuando entre esos muchos hay amiguetes con cierto poder, y ellos mismos son unos delincuentes. ¿A que es todo maravilloso? Y dicen que son jueces... A pesar de todo funciona la maquinaria, sobre todo para quienes no tienen padrinos. Entonces sí que se cumple el dicho lex dura lex. En los otros casos, en fin...

-Para que esto cambie querido amigo, quizás haga falta ética y sentido común. Algo de lo que estaba muy bien dotado mi querido amigo Sancho Panza.

-Sí, de la esdrújula estamos muy faltos hoy en día. Y unos mucho más que otros.

-Sí, pero encima se permiten el lujo de jurar sobre la cruz. No sé qué... En fin...







Etiquetas:   Ética   ·   Racismo   ·   Justicia   ·   Objetividad

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Vicente Adelantado Soriano, Educación He intentado varias veces ponerme en contacto con vosotros, pero no lo logro. Me pide unos caracteres para poder enviar el mensaje que no aparecen por ninguna parte. Por si leéis esto, me gustaría que me explicarais qué tengo que hacer para que no aparezcan esos signos al principio del artículo, y que nada tienen que ver con él. Y cómo insertar mi foto, pues por más que lo intento, no lo logro. Lo mío no es la informática. Ya lo sé. Gracias y perdón por las molestias.




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