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El suicidio del PSOE


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22/05/2017

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Todo suicidio es en el fondo una huida, y la huida hacia atrás que ha protagonizado el PSOE a cuenta de las primarias, tiene mucho de suicidio. Que el principal (por los pelos) partido de la izquierda española, haya decidido decir no a su mejor, y casi único, activo electoral para abrazarse al archiderrotado Sánchez, es algo difícil de entender para los que estamos fuera de los endogámicos esquemas mentales del socialismo patrio.


Muchos interpretan la victoria de Sánchez como un giro a la izquierda, y el propio Sánchez tiene el desparpajo de presentarse como regeneración del partido, como si los tres años que ha ocupado la secretaría general no hubieran existido nunca. Alguien que cayera hoy de nuevas en España y leyera a los sesudos analistas de la izquierda española, podría formarse la idea de que el PSOE en los últimos años ha adelantado por la derecha a Rajoy, espantando al electorado de izquierdas, y que hoy Sánchez viene al rescate devolviendo al partido a sus esencias. Pero basta rascar un poquito con la uña para darse cuenta de que este análisis no puede ser más equivocado.

En primer lugar la cantinela del giro a la izquierda no es nueva: sin remontarnos a los años 30, cuando Largo Caballero decidió ser más comunista que los comunistas, con el resultado que todos conocemos, el PSOE viene virando a la izquierda casi desde que yo me acuerde. Cuando en los 90 empezó a cernirse sobre el felipismo la sombra de la derrota, muchos acusaron al hasta entonces líder indiscutible de haber olvidado el alma izquierdista del partido. De hecho, el camino quedó marcado para su sucesor en la secretaría general, Joaquín Almunia, que decidió comparecer a unas elecciones generales en coalición con la Izquierda Unida de Frutos. ¡Díganme si esto no fue un giro a la izquierda!

Luego vino Zapatero, al que cabe atribuirle el mérito de crear votantes podemitas antes incluso de que existiera Podemos. ¿O quién si no rescató para el argumentario de la extrema izquierda el discurso guerracivilista con la nefasta Ley de Memoria Histórica? ¿Quién incorporó al debate la radical ideología de género, tan utilizada hoy por las huestes de Iglesias? El golpe de Estado del 11-M, y la ceguera de los españoles ante las mentiras de Solbes “el tuerto”, permitieron a Zapatero gobernar España durante dos legislaturas, y sólo su absoluta indigencia para gestionar la crisis explica el batacazo que supuso perder en una legislatura más de cuatro millones de votantes. Aun así, es indudable que el paso de Zapatero por la secretaría general del PSOE supuso una radicalización del mensaje, y una apertura de nuevos frentes de confrontación con la derecha. En ningún caso un giro hacia el centro.

Después llegó Sánchez, que empezó siendo una incógnita para después convertirse en la viva imagen del desconcierto, haciendo de su propia supervivencia en el cargo el único horizonte claro de su errática estrategia política: entre el Sánchez de la bandera gigante de España y el de la nación de naciones, entre el Sánchez que nunca pactaría con populistas y el de la entrevista de Ébole, sólo queda claro el esfuerzo de un político mediocre por salvar su propio culo.

Y ahora ¿qué va a hacer Sánchez? ¿en qué va a consistir su giro a la izquierda? ¿en no facilitar la gobernabilidad?: después de su abstención en la investidura, el PSOE de la gestora no ha hecho otra cosa; ¿en aislar al PP?: eso es el Tinell, y ya se ha hecho; ¿en buscar un pacto con Podemos y los separatistas?: eso también se ha hecho; ¿en disputar la calle a Podemos? ¿en volver a asaltar las sedes del PP?. Esto es lo que deberían explicar los sesudos analistas de la izquierda.

Después de ver el debate mantenido por los tres candidatos a las primarias del PSOE resulta difícil ver dónde reside el plus de izquierdismo de Sánchez, ya que en las grandes líneas políticas los tres parecían estar de acuerdo. De hecho las mayores diferencias se encontraban no en la forma de gestionar España, sino en la forma de gestionar el PSOE. Y aquí reside precisamente otro de los riesgos de la victoria de Sánchez, cambiar el modelo de democracia representativa por un modelo asambleario no hará sino acabar de podemizar el partido. Si se copia el discurso de Podemos, y se copia el funcionamiento de Podemos, es muy difícil que al final el PSOE no acabe siendo Podemos.





Etiquetas:   PSOE   ·   Partidos Políticos   ·   Primarias

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