Si la campaña contra el “despatarre” ha sido el hazmerreír de las redes sociales, no menos lo ha sido otra barbaridad como es querer cambiar la simbología de los servicios en lugares públicos. En la CUP, y en la izquierda radical y antisistema no han evolucionado. Siguen anclados en el pasado. Piensan que todo se resuelve con campañas, al igual que los sindicatos clasistas pensaban que todo conflicto laboral se resolvía con las huelgas. Insisten en cambiar la simbología de los servicios de los edificios públicos para eliminar roles sexistas. Hablan de faldas para las mujeres y pantalones para los hombres: salvo escasos casos, se comprueba que esta gente hace años que no micciona o lleva a cabo otro tipo de necesidades fisiológicas en establecimientos públicos.Hoy, la simbología es tan variada que deberían callarse en la CUP para no hacer más el ridículo y, de paso, añadir jabón a las sedes de la CUP para las axilas de Anna Gabriel que tantos problemas de higiene están dando en el parlamento catalán.




