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Frente Amplio: la difícil convergencia generacional


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15/04/2017


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Al develarse los acuerdos secretos de la transición, todo ha repercutido en un rechazo visceral de los movimientos jóvenes a lo que suene a viejo, cargándole a la generación de los setenta la culpa por el país que hemos levantado desde la supuesta recuperación democrática. Esta percepción que traen los jóvenes se nota cuando enrostran a las generaciones de sus padres y abuelos, la falta de convicción y su cobardía al no haber enfrentado el orden impuesto por esos acuerdos secretos, que se basaron en la colusión y el cohecho, sino haberse resignado a vivir la mentira por tres décadas.


Como profesional formado en las Ciencias Políticas y las Relaciones Internacionales, ex académico de la Escuela de Gobierno y Gestión Pública de la Universidad de Chile, ejerciendo el periodismo de opinión por largas décadas, quiero plantear mi preocupación por el proceso de construcción del Frente Amplio, nueva coalición política que aparece como instancia de convergencia de esos ciudadanos que tienen una sensibilidad de carácter progresista y que se sienten desencantados con la actuación de la Concertación y la Nueva Mayoría.

En diversas columnas he venido siguiendo el desarrollo del proceso que ha vivido Chile, por lo que ahora me ahorro diagnósticos recurrentes. El punto que me preocupa es la empatía que debe existir para que el diálogo democrático pueda darse entre grupos que traen una impronta muy diferente, desde el plano formativo, doctrinario y de experiencia política.

Los movimientos que se han levantado a nivel de partidos emergentes son consecuencia de las movilizaciones sociales que se iniciaron con los pingüinos el 2005 y han venido catalizando un descontento profundo que se tradujo en el alejamiento de un 70% del electorado potencial de los comicios electorales, dejando el poder a una élite que ha sido una quinta columna del neoliberalismo en la coalición de pseudo izquierda denominada Concertación. Las trenzas impropias entre Partidos políticos y grupos económicos, más algunas malas prácticas traídas desde España, generaron un estilo elitista y sectario de manejo del poder, sin mínima voluntad política de recuperar una democracia real.

La evidencia que hemos vivido en Valparaíso, desde el año 2003 en adelante fue el alejamiento de antiguos militantes del seno de partidos cooptados por caudillos sectarios, para sumarse desde la sociedad civil a la construcción de un movimiento social contestatario, con banderas comunes en defensa de la ciudad de los poderes fácticos que han querido arrebatar a la ciudad su esencia patrimonial. 15 años evidencian que ese movimiento disperso original, donde estuvimos los Ciudadanos por Valparaíso, el Foro Valparaíso Posible, el Colegio de Arquitectos, la CUT provincial, gremios locales, la Agrupación de Ex Presos Políticos y Prisioneros de Guerra, entre otros,  fue creciendo y sumando a los jóvenes líderes que tomaron la posta, generaron desde su visión más aguda, el Pacto Ciudadano La Matriz, que llevó adelante una propuesta anticorrupción en la comuna, que realizó con éxito las Primarias Ciudadanas y alcanzó el triunfo de Jorge Sharp como Alcalde de Valparaíso.

Esta experiencia ha integrado a lo menos tres generaciones, la de los setenta, esos jóvenes que alcanzamos a vivir los mil días de la Unidad Popular, la de los ochenta, que son nuestros hijos, que fueron protagonistas en la recuperación democrática cuando eran universitarios y la de los jóvenes de los noventa, que son esos nietos secundarios que el 2005 colocaron en jaque al cinismo político de la Concertación. A partir de allí, se inició en Chile el destape de una corrupción profunda, inteligentemente simulada hasta entonces, que significó este empelotamiento histórico que como una gran foto de Tunick refleja hoy a la política chilena.

Revolución Democrática, Izquierda Autónoma, Movimiento Autonomista, son fruto de esa visión rupturista y de sinceridad política, que enfrenta una realidad de inconsecuencia, traición y obsecuencia que ha demostrado la izquierda tradicional, supuestamente heredera del Allendismo y de los partidos de la Unidad Popular. Son jóvenes con una formación política auto gestada, que sintetiza repudio, resentimiento, rechazo a esa institucionalidad que margina, discrimina y abusa.

Al develarse los acuerdos secretos de la transición, todo ha repercutido en un rechazo visceral de los movimientos jóvenes a lo que suene a viejo, cargándole a la generación de los setenta la culpa por el país que hemos levantado pasados ya 27 años, desde la supuesta recuperación democrática. Esta percepción que traen los jóvenes se nota cuando enrostran a las generaciones de sus padres y abuelos, la falta de convicción y su cobardía al no haber enfrentado el orden impuesto por esos acuerdos secretos, que se basaron en la colusión y el cohecho, sino haberse resignado a vivir la mentira por tres décadas.

Sin embargo, esta visión juvenil omite contextualizar esos primeros años después del plebiscito, en que el miedo siguió siendo el instrumento de dominación para desmovilizar a la sociedad civil. Pero lo que observan correctamente los jóvenes, es el resultado presente de esos pecados de acción u omisión, y lo hacen desde la perspectiva que le permiten las plataformas de conectividad, las TICs que dominan porque nacieron en ellas, lo que les ha dado una enorme capacidad movilizadora. Las calles fueron tomadas el 2005, el 2011 y el 2015 para repudiar las inconducentes comisiones tipo “mesa de Te Club”. Muchas veces esas movilizaciones fueron contaminadas por grupos violentistas, anárquicos o simplemente vándalos a sueldo. Lidiar con eso es difícil, pero lo es más tener que formular una convocatoria al grueso del país, al 70% que no ha querido votar. Cuando la proximidad al poder es algo real, la sensatez es una gran virtud. Es el momento de establecer puentes para una conversación franca y honesta con los que buscan converger en este nuevo conglomerado, al estilo uruguayo, como pretende ser el Frente Amplio.

El realismo político para representar a la mayoría de los chilenos determina que el liderazgo no es de quien grita más o manipula una asamblea, sino de quien es capaz de liderar equipos potentes para acometer las exigencias del ejercicio del poder. A Sharp los agoreros le gritaron “otra cosa es con guitarra” y el joven Alcalde ha ido laboriosamente generando participación popular y ya no se le escuchan declaraciones políticas generales, sino llamados concretos a tomar acción por la ciudad y sus prioridades. Traigo el ejemplo de un proceso en desarrollo, que bien puede ser el laboratorio para evitar errores.

El construir un Frente Amplio exige separar los niveles políticos y técnicos. En el plano político deponer ambiciones y fundamentalismos ideológicos, buscando definiciones que sean comunes denominadores para avanzar juntos, el respeto a los acuerdos y el construir confianzas es algo fundamental. En el plano técnico, es preciso generar las competencias del grupo, basadas en personas con sólida formación, efectiva experiencia y ética intachable.

Son muchas las áreas del Estado, pero cada una es preciso dirigirlas con lineamientos políticos coherentes pues el principal error de las coaliciones ha sido el cuoteo, repartir el Estado como cotos de caza a los diferentes partidos, para que ellos gestionen a su amaño. Generar un fracaso, parte por la falta de liderazgo conductor de equipo político, que debe tener visión de Estado y eso no se compra en el supermercado, requiere capacidad política, un liderazgo que sepa escuchar, para fortalecer la coalición con aportes generosos de la ciudadanía. En momentos de término de un ciclo político de 28 años, hay miles que se desembarcan y buscan refugio. Tener cuidado del oportunismo y malas prácticas de esos desembarcados será siempre necesario.

Los liderazgos que deben conciliarse en el seno del Frente Amplio deben trabajar con urgencia. Ya no hay tiempo para generar propuestas afinadas, ni tampoco se puede convertir esto en un mosaico desordenado de propuestas parciales. Es necesario que la candidata Beatriz Sánchez cumpla ese liderazgo y perfilarse desde ahora como la futura Jefa de Estado. En ese rol debe ir marcando los ejes de su compromiso, para el mediano y largo plazo. La mirada país que debe tener siempre el respaldo de la factibilidad en el marco de la legalidad pública. A este nivel, no interesan mayormente los gustos personales de la candidata, sino las grandes líneas de compromiso que el Frente Amplio ofrece a Chile como camino largo, habida cuenta del contexto en que se desarrollan los acontecimientos. Beatriz Sánchez tiene la energía, inteligencia y capacidad para comunicar con convicción, pero, lo importante, es centrarse en lo prioritario que es ofrecer opción de gobierno para Chile y no un saludo a la bandera “emblemático”.

La sobriedad del discurso significa enfriar las proclamas que desde la calle se gritaba con fervor, para sentar un diálogo que ofrezca gobernabilidad, demuestre solvencia y rechace la improvisación. Un déficit de la izquierda ha sido ideologizar la gestión y generar compartimentos de poder que impiden gestionar con coherencia al Estado, permitiendo espacios para malas prácticas. Por ejemplo, evitar que se estigmatice al Frente Amplio de “populista” es demostrar que ese populismo es servil al neoliberalismo, que ambos se complementan y se han practicado por 28 años. Que más que dar bonos, lo que queremos es recuperar la iniciativa privada, cooperativa, asociativa o personal, pero aumentando las penas a los delitos económicos, como colusiones, oligopolios o cohecho.

Es necesario sentarse a conversar con visión de Estado, no para convencerse unos a otros, ya que eso sería bizantino, sino para rayar la cancha, con inteligencia y una buena carga de intuición política.



Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 15 de abril 2017. @hnarbona en Twitter.



Etiquetas:   Movimientos Sociales   ·   Participación Ciudadana   ·   Anticorrupción

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