. Conforme las aguas toman su nivel, movamos el reflector hacia otras
cuestiones. Dejemos claro que con o sin TLC, a México se le está agotando el
tiempo.
La
industrialización que el acuerdo comercial ha fomentado es muy importante. México
ha demostrado que es un país capaz de competitividad, que nuestros trabajadores
funcionan bien con entrenamiento e incentivos adecuados, y que somos capaces de
ir agregando cada vez más valor en las cadenas de suministro.
Sin
embargo, la velocidad a la que éstas se están transformando está aumentando, y
nuestras ventajas relativas (geográficas, de costo laboral, de escala) serán
cada vez menos relevantes, conforme la revolución tecnológica que vivimos se
arraigue. Si se puede producir un bien único, en forma remota y con eficiencia
utilizando impresoras digitales, por ejemplo, la escala deja de ser relevante.
Conforme los procesos de automatización y robotización avancen, y lo hacen a un
paso vertiginoso, el elemento dominante será el capital (no la mano de obra) y
el acceso a éste y la capacidad para invertirlo definen el éxito.
Las
grandes empresas mexicanas (y en Durango) están en sectores tradicionales que,
en el mejor de los casos, tendrán un crecimiento y valuación de mercado
modestos, pero que en muchos casos sufrirán una disrupción seria e incluso una
amenaza existencial. Les será más difícil hacerse de capital que estará
dispuesto a pagar más por participar en sectores más dinámicos. En muchos
casos, seguirán generando flujo económico importante, pero se vuelve urgente
que se diversifiquen hacia sectores, mercados y negocios que tendrán un
crecimiento mucho más acelerado, aunque se encuentren fuera de su zona de
confort.
Si
consideramos que, además, nuestra población también envejecerá, tenemos aún
menos tiempo para adaptarnos y armar un modelo económico que potencialmente
genere el crecimiento que nos urge. Es imprescindible educar a nuestra
población, mientras todavía es joven, no para darles títulos universitarios,
sino para dotarla de habilidades mercadeables. Será infinitamente más probable
que encuentre un buen trabajo un joven que sabe programar (aunque no tenga
título), o que entiende cómo utilizar redes sociales para promover productos o
servicios, que uno que sea “Licenciado en Comunicación”. Mientras nos peleamos
sobre si hay que evaluar maestros o no, o le damos tabletas a los jóvenes en
escuelas públicas que no tienen WiFi, hay millones de niños aprendiendo a
programar, como si se tratase de aprender a leer, desde preescolar, en Estados
Unidos, Europa o Singapur.
En
este contexto, destaco el esfuerzo (y el empuje) que realiza el Instituto
Duranguense de Acceso a la Información Pública (IDAIP) en nuestra entidad, en
el marco de la plataforma “Gobierno Abierto” que, desde mi perspectiva, es el
pretexto propicio para que se integre gobierno, sociedad civil, empresas e
instituciones educativas en temas no solo de transparencia, sino en asuntos que
van más allá de las decisiones de política pública que, a partir de la
transparencia, resultan relevantes en varios rubros del presupuesto público
verdaderamente trascendentes: educación, seguridad, empleo, infraestructura y/o
competitividad.
En
el tema de empleo, por ejemplo, circula un diagnóstico que el IDAIP promueve y
coordina, enfocado en conocer las necesidades de mano de obra calificada y
profesionistas especializados para empresas del municipio de Durango. Entre los
principales hallazgos, con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo
(ENOE) del INEGI al segundo trimestre 2016, destaca el “bono laboral” que
existe para los próximos 15-20 años (fácilmente extrapolable para
representatividad estatal) de gente altamente productiva pero con la necesidad
de obtener la capacitación adecuada para las necesidades del mercado de trabajo
futuro. En Durango, las personas potencialmente productivas (15-24 años de
edad) y las productivas (25-59 años de edad), representan poco más de dos terceras
partes o 62.4% de la población (de los cuáles el 29.7% son hombres y el 32.7%
mujeres). Ese “bono” se irá reduciendo con el paso del tiempo limitándonos el
umbral de desarrollo.
Esto
es importante porque el tipo de “habilidades laborales” de hace diez años
resulta infinitamente diferente de las actuales y así será en el futuro.
Adicionalmente, la oferta de trabajo, la masa crítica de personas que estarán
demandando una plaza laboral, según estimaciones del INEGI y la tendencia
natural del crecimiento poblacional, tendrá un incremento sustancial en la
próxima década. En el municipio de Durango la Población Económicamente Activa
(PEA) se aproxima al cuarto de millón de personas (260 mil) y, tan solo en los
últimos 5 años, han egresado alrededor de 15,200 técnicos superiores,
licenciados en educación normal y licenciados universitarios y tecnológicos
(Apenas 5% de la PEA).
Es
un reto para el gobierno (en todos sus niveles), y de la sociedad en su
conjunto, la incorporación de la ciencia, tecnología e innovación, así como
detectar los clústers estratégicos y la creación de más empresas, pero es
importante, en paralelo, contar con un mayor número de profesionistas, técnicos
y operarios especializados, con nuevas habilidades y competencias adecuadas a
los requerimientos de los sectores estratégicos de cada región.
@leon_alvarez