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Sin embargo, la respuesta que yo buscaba y a la que llegamos por exclusión,
fue: el compromiso. La realidad de que el dueño cumpla su palabra cuantas veces
la empeñe.
Y entonces lo discutimos. Que existen
dos tipos de clientes: promotores y detractores. Los primeros, son los que
salen satisfechos del trato recibido, pues el bien o servicio que adquirieron
les pareció en precio, correcto y el trato fue bueno. Los segundos, son
aquellos que se dan cuenta que algo está mal en la empresa, pues les pretenden
vender un bien o servicio a precios muy altos, con malos modos, con defectos
visibles o con cualquiera de los vicios que hacen que el cliente no quede
satisfecho con la operación.
La diferencia es que mientras el primero
es raro que salga y comente que le fue muy bien en una empresa, los segundos
aprovechan para hablar mal, para despotricar en contra de la institución que
hace mal las cosas.
Y aclaro: muchas veces la empresa no
está consciente de lo que sucede, de lo que en su nombre se hace, pero el
cliente sí y ese es el que va por el mundo regando una noticia.
Luego entonces, el buen nombre de una
empresa, el que la gente hable bien de ella, se convierte en el más preciado de
sus activos. Podrá tener problemas de efectivo o de suministro, pero mientras
el cliente esté satisfecho, mientras la gente le reconozca que cumple su
palabra, que es una organización de fiar, estará en paz y a salvo de todo tipo
de problemas.
Cuando una empresa seria, que siempre
cumple, por cualquier razón tiene un tropiezo y no honra su palabra, la inmensa
mayoría de los clientes le van a conceder el beneficio de la duda y le darán la
oportunidad de que vuelva a hacer las cosas.
Cuando la empresa tiene mala fama, así
entregue en tiempo y forma el pedido, la gente siempre va a decir que algo
faltó, por el simple hecho de que no está conforme con la manera de hacer
negocios de esa empresa.
Así, siguiendo ese orden de ideas, de
repente tenemos que una empresa que tuvo una falla, sigue bien en el ánimo de
sus clientes, precisamente porque le reconocen su trayectoria. Ese camino de
vida tiene nombre y se llama fama pública. Es la forma en que la empresa
reacciona y responde a los retos de la vida. Porque la que tiene buena fama
pública, es la que honra su palabra, trata bien a sus trabajadores y cumple sus
compromisos.
Y por supuesto, el comerciante
individual también tendrá los mismos compromisos y las mismas
responsabilidades. Hay gente con la que uno quiere hacer trato y otros a los
que nos dicen: ¡a ese, no le confíes ni el bendito!! Es más, si te dice buenos
días, voltea a ver el cielo para saber si realmente son buenos.
Hay gente, empresarios y no, que no son
capaces de hacer honor a su palabra, que tienen como norma de vida buscar la
manera de “sacar ventaja”, lo que tal vez logren alguna vez, pero no lo pueden
hacer dos veces y menos, con los mismos.
Esa gente es la que denigra el buen
nombre de los mexicanos. Es el vivales que no debe seguir siendo. Es aquél que
no conoce de la ética ni su nombre ni la definición, mucho menos el sentido que
proporciona a la vida en sociedad.
Vamos juntos a buscar la manera de hacer
que la gente toda tenga como premisa fundamental de vida, el actuar de manera
apegada a un recto proceder. Tiene como resultados colaterales, mucho mejores
ganancias y una forma honesta de vivir. Piénselo.
Me gustaría conocer su opinión.
Vale la pena.José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante jmgomezporchini@gmail.com/ http://mexicodebesaliradelante.blogspot.com