. Cada actitud, cada emoción, cada intento, se va quedando
grabado en nuestro subconsciente y son los que determinan lo que vamos a hacer
y la manera en que vamos a reaccionar.
Cierto, se puede cambiar, pero cuesta
mucho trabajo y el esfuerzo es inmenso. La satisfacción ante un reto así es
mucho mayor. Pero no todos quieren o queremos cambiar. La vida que está, así
como viene, es maravillosa.
Cada uno de mis recuerdos se ha quedado
en mí para siempre. Cada uno de mis amigos tiene un valor especial,
precisamente porque lo vivido juntos ha hecho que seamos especiales. Tanto los
que me acompañaron de niño, como los que fueron jóvenes como yo o aquellos que
emigraron de casa a buscar estudios en tierras ajenas y luego, los compañeros
de trabajo y los amigos de aventuras. Cada uno es único.
Por supuesto, al mismo tiempo que mis
amigos, en mi vida existe familia. La muy cercana: padres, hermanos, primos;
hasta la que constituye más un cariño por la cercanía en los afectos que por
los lazos de sangre o afinidad. Pero cada uno es un recuerdo vivo que está ahí,
presente en el corazón.
Y la vida avanza y de pronto, me entero
que empiezan a faltar los pilares, las columnas que soportan mi vida.
Un día, hace mucho pero que yo lo siento
como si fuera apenas hace un momento, faltó mi padre y eso, cambió mis
esperanzas y avivó mis recuerdos.
Luego, abuelos, parientes en todos
grados y amigos, los muy cercanos y los que solo a veces nos veíamos.
Allá, lejano, cada mucho tiempo uno se
entera que se ha ido un amigo cercano, a quien llorar. Cada mucho tiempo.
De pronto, no sé si porque ya soy muy
viejo o porque he perdido el sentido del tiempo, en un instante se han ido dos
amigos con quienes viví y conviví; en distintas épocas y por diversas razones,
pero los dos, de mi Matamoros querido, que pierde de a poco a sus mejores
hijos.
Y a ellos debo sumar que entre mis
mejores recuerdos están los tiempos en que la casa de mis padres se llenaba en
vacaciones de primos, tíos, amigos y mucha gente que estaba con nosotros por el
cariño que existía y que ha seguido vivo.
De ellos, el papá de uno se fue y otro,
que vivió en la casa muchos años, que era como un hermano mayor, también ya
murió. Vivió siempre a su modo, pleno, con música inglesa y conquistando
mujeres.
Y eso me ha hecho recordar que la vida
es frágil, que es solo un instante el que estamos aquí y que lo mejor, es
disfrutarla. Que la esperanza de un mejor mañana es el motor que nos mueve, es
la ilusión que permite que sigamos en la faena.
Y recuerdo a mis amigos y trato de
seguir en contacto con los que puedo. Así y gracias a las nuevas tecnologías,
ahora tengo grupos de Facebook y WhatsApp de compañeros de secundaria, de
preparatoria, de facultad, de anteriores trabajos y de esperanzas compartidas.
Hace muchos años conocí y agregué como mis amigos a un grupo de reporteros. Uno
de ellos, a quien tuve el honor de escribir unas líneas que aparecieron en su
obra póstuma, ya nos dejó. Otros, con tumbos y problemas, siguen en la brega y
lo hacen por amor a nuestra tierra.
Y sigo creyendo que México debe salir
adelante y ofrezco mis esfuerzos y mis afanes a quienes, como yo, saben que
todos juntos Somos México.
Que la esperanza de seguir sumando
recuerdos maravillosos, sea la inspiración para lograr el México que queremos.
Me gustaría conocer su opinión.
Vale la pena.
José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante jmgomezporchini@gmail.com/ http://mexicodebesaliradelante.blogspot.com