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24/02/2017


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El concepto de desarrollo sostenible (DS), formulado originalmente por el Informe Brundtland (IB) (1), es una de las cuestiones económicas que más literatura y mayor debate ha generado.


“Lo superfluo, y no lo necesario, es lo que hace que se  cometan grandes crímenes” (Aristóteles, La Política)



Este viene condicionado por el paradigma de la economía ortodoxa quien, haciendo una interpretación ilegítima de este concepto, equipara crecimiento económico con aumento del bienestar y pleno empleo, lo cual determina la necesidad y la bondad de un crecimiento sostenido.

Un alto nivel de crecimiento económico se convierte así en la prueba del éxito de la gestión económica de cualquier gobierno pues garantizaría la mejora en el bienestar social. Este argumento cobra especial relevancia en el caso de los países empobrecidos, lastrados por altos índices de pobreza, desigualdad y vulnerabilidad.

De esta manera, resulta prioritario para el sistema defender la compatibilidad (e incluso la necesidad) del crecimiento ilimitado con el equilibrio ecológico tal y como se ve reflejado en la hipótesis conocida como la Curva de Kuznets (2).

Esta visión se contrapone a la de aquellos que apuntan al propio modelo de crecimiento económico actual como el causante de la situación de deterioro ambiental que padece el planeta, además de situarlo en el epicentro de una buena parte de las penurias que sufre la humanidad (guerra, desigualdad o pobreza). El DS es un oxímoron (3). Desde esta perspectiva el crecimiento económico tal y como se ha planteado en los últimos decenios no haría sino alejarnos del DS.

Existe una amplia diversidad de interpretaciones del concepto de DS, aunque normalmente se acepta la versión del IB. Existen al menos, tres enfoques sobre el concepto de DS: las dos versiones dominantes -la teoría de las tres sostenibilidades y la teoría de la desmaterialización- y una corriente emergente como es la del decrecimiento sostenible.

Crecer, Crecer, es el mantra y dogma que el modelo capitalista nos repite hasta la saciedad, como si esa fuera la panacea del bienestar. Y ya sabemos que no. Aunque nos digan lo contrario. Aunque sigan intentándolo, dejando a muchos en el camino, y teniendo en ascuas a todos los que todavía creen, y esperan ansiosos, que volverá esa opulencia falaz y destructiva.

El  imperativo de crecer a toda costa se topa con la realidad, que suele ser mucho más obvia y que tiene un discurso más didáctico.

“En tiempos de recesión la economía del crecimiento nos conduce al colapso social (tasas de desempleo y de pobreza socialmente inasumibles), en tiempos de bonanza nos lleva directamente al colapso ecológico (crisis energética, climática, alimentaria y pérdida de biodiversidad)”. Florent Marcellesi (4)

Porque  lo que no nos dicen es que se incentiva un crecimiento ilimitado en un Planeta limitado. Y ya lo hemos agotado. Y aunque parezca lo contrario no tenemos otro de recambio.

Parece urgente un cambio de paradigma. Revisar el modelo. O los modelos. Esos dogmas que como mandamientos parecen sugerirnos que la forma imperante es la única posible.  Creced, comprad, multiplicad vuestros bienes. Por suerte, hay alternativas. Sólidas. Sostenidas en reflexiones y argumentos no solo teóricos, prácticas que se han confirmado en la acción con propuestas que hacen el cambio.

El concepto de decrecimiento no resulta cómodo en países industrializados, pero muchos sostienen que se necesita un plan de acción para impedir que las mayores economías del mundo crezcan aún más, para así preservar los recursos finitos del planeta.

Este reclamo se acrecienta al tomar en cuenta especialmente que se proyecta un aumento de 2.000 millones de habitantes de la Tierra para 2050. El aumento de la población, así como economías florecientes y un consumo insostenible están presionando en exceso al mundo, alterando los ecosistemas y los medios de sustento de muchos seres humanos.

Sin embargo, la ambiciosa aspiración de convencer a los países más ricos de implementar drásticos cambios en su estilo de vida demuestra ser más elusiva que nunca.

Además, la necesidad de decrecimiento llega en un momento en que el tercio más pobre de la humanidad todavía depende de aumentar el consumo para afrontar una creciente demanda de alimentos y garantizarse una calidad de vida decente.

"Un decrecimiento sostenible, en un sentido ambiental y también social, requerirá alguna clase de sociedad ecosocialista". Petter Næss (5)

El Global Footprint Network, (6) un grupo internacional de expertos sobre sostenibilidad, estima que los seres humanos usan el equivalente a un planeta y medio para obtener los recursos que consumen. También generan desechos que la Tierra absorbe. La huella que dejan los seres humanos sobre los sistemas terrestres se duplicó en las últimas décadas, y los expertos advierten que será necesario reducir significativamente la economía, al tiempo de promover la protección ambiental y de disminuir las desigualdades.

El concepto de decrecimiento concita la atención en países como Italia y Francia. Por ejemplo, actualmente hay 69 ciudades y poblados italianos que adhieren a la red de "Cittaslow" (7), un movimiento fundado en 1999 que en la última década se expandió mucho más allá de fronteras. Este aspira a mejorar la calidad de vida en los centros urbanos "Convirtiendo en lento su ritmo general", especialmente en lo relativo al uso de los espacios y al flujo del tráfico, garantizando un estilo de vida más saludable, promoviendo la diversidad cultural y la singularidad de la ciudad, además de proteger el ambiente.

"Este cambio social intencional es esencial para un mundo donde 7.000 millones de seres humanos están agotando la biocapacidad de la Tierra y amenazando con el colapso de servicios claves del ecosistema, como la regulación climática, las reservas pesqueras, la polinización y la purificación del agua",  Erik Assadourian (8).

 En los últimos tiempos, se ha enfatizado mucho en que la economía debe de forma imperativa unir tres conceptos Desarrollo, Sostenibilidad Ecológica e Igualdad Social  y se vienen creando los ámbitos para compartir y debatir temas, desde la soberanía alimentaria y la transición energética a la crisis de deuda y la política participativa, haciendo especial énfasis en las soluciones y en exhaustivas estrategias de decrecimiento que pueden aplicarse en el Sur en desarrollo.

"Se debería implementar regulaciones para garantizar una distribución gradualmente más justa y equitativa de la riqueza y los ingresos entre los habitantes en los planos local y nacional y, a través de impuestos y mecanismos de distribución internacionales adoptados por la Organización de las Naciones Unidas, entre naciones" Petter Næss.

Sin esos poderosos mecanismos de redistribución, se arraigarán más los impactos negativos de una política de decrecimiento, como severas dificultades entre los más pobres, mayores brechas sociales, xenofobia y racismo.

Vivir mejor decreciendo

El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que propone una disminución de la producción económica para establecer relaciones de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, y entre los humanos entre sí. El decrecimiento es vivir con menos para vivir mejor.

“Debemos darle la vuelta al sistema desde lo local y lo global, lo personal y lo colectivo, lo social y las instituciones. Ni “austeridad punitiva” (que castiga a las personas que menos tienen), ni vuelta al crecimiento (que castiga los ecosistemas y a las generaciones futuras), necesitamos una sociedad del “vivir bien” donde sea posible tener un empleo que sea a la vez sostenible y decente, (re)distribuir la riqueza y el trabajo de forma equitativa y construir una democracia real para que de forma colectiva decidamos cuáles son nuestras necesidades según la biocapacidad de la Tierra.” Florent Marcellesi

Serge Latouche, (9), ideólogo del decrecimiento,  dice que “la aplicación de políticas reales de decrecimiento se debe producir de manera singular y asimétrica, dependiendo de las condiciones sociales y ambientales de cada lugar del planeta“. Sin embargo, sería común, una visión de la vida basada en la felicidad a partir de la sobriedad.

Un decrecimiento económico planeado, lejos de ser inconveniente puede constituir una herramienta útil para promover el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, al tiempo de promover una mayor igualdad social.

El principal desafío que conlleva el decrecimiento es obvio: cómo convencemos a los que tienen riqueza y poder de estar dispuestos a redistribuir esto con otros

"Los principales obstáculos a ese tipo de desarrollo son los fuertes poderes ideológico y discursivo que ostentan los proponentes del régimen de crecimiento dominante, incluidas las influencias a través de los medios de comunicación, la publicidad y el hecho de que a menudo el estatus social de la gente es juzgado a partir de su nivel de consumo y riqueza, como lo es su posibilidad de influir políticamente". Petter Næss

El poder de la ciudadanía

Es importante informarse para que tener conciencia de la situación en la cual nos encontramos es un primer paso. La segunda prioridad es apostar por una pronta implantación de simples propuestas y buenas prácticas, como son el establecimiento de cooperativas locales de consumo, la compra de productos de segunda mano, la autoproducción o la promoción de actividades de bajo consumo energético y de materiales. Consumir menos no es un tópico. Es una clave esencial.

Se Puede vivir con mucho menos de lo que se tiene sin confundir sobriedad con resiliencia. No es lo mismo necesitar que poder permitirse algo en esa lógica capitalista de demostrar a través de lo que tienes el estatus que has adquirido. Reciclar, compartir, hacer uso de la energía de forma eficiente y responsable. Buscar alternativas en definitiva.

Está claro que con algunas buenas prácticas sólo se puede llegar hasta un cierto punto. Un cambio estructural en lo personal y en lo local, es necesario en un primer estadio. Poner en marcha estas acciones interesantes produce cambios en las ciudades y en los pueblos, donde lo colectivo, lo social, lo colaborativo sean prioritarios y esenciales para habitar un espacio común de forma sostenible y enriquecedora. El siguiente estadio es político y democrático. Si se alterara esa dinámica, todos nos beneficiaremos.

Ante la disyuntiva Decrecimiento vs. Productivismo, una de las cuestiones más urgentes de nuestro tiempo, la ciudadanía ya es consciente de estos problemas, y está preparada para recibir un discurso radicalmente nuevo y que, por tanto, unas propuestas políticas basadas en parámetros post crecimiento supondrían un eco electoral.  (10)

El sentido común es un factor de la psique humana sumamente resistente: es vox populi que la tierra es finita y que sólo las plagas y el cáncer crecen sin fin, o que todo metabolismo biológico o social debe crecer sólo hasta un determinado punto para después estabilizarse y simplemente mantenerse.

Así lo demuestra el estudio “Public views on economic growth, the environment and prosperity: Results of a questionnaire survey” (11) Un considerable 44% cree que el crecimiento económico podría detenerse en los próximos 25 años y el 92% creía probable que, en los próximos veinte o treinta años, hubiese que reducir drásticamente el uso de combustibles fósiles.

Con todo, aún queda mucha pedagogía que hacer para desmontar los mitos suicidas de nuestra cultura tecno industrial y consumista: el mismo estudio citado nos muestra que la posibilidad de un “crecimiento verde” es asumida por la mayoría.

“Estamos ante una ventaja estratégica:… (que) sólo pueden favorecer que ese tercio de la población se convierta en una mayoría que reclame cada vez con más fuerza algo radicalmente diferente… los votantes comprenden y aceptan que es posible vivir bien sin crecimiento económico”. Manuel Casal Lodeiro (12)

El decrecimiento económico es una condición indispensable para la supervivencia de la humanidad, que se impone como única fórmula económica viable, no solamente en beneficio de la naturaleza sino también para "restaurar" un mínimo de justicia social, sin la cual el mundo está condenado a la destrucción. 

Otro mundo es posible si las personas nos lo creemos y si estamos dispuestas a poner en juego nuestra energía, entusiasmo y capacidad.





Referencias:

1 Informe Brundtland http://bit.ly/2lNeypd

2 Curva de Kuznets (OCDE, 1997: 26) Environmental Kuznets Curve: Implications for Sustainable Growth http://bit.ly/2lNeG8f

3 Sachs, W. (1999). Planet dialectics. Explorations in environment and development. Zed Books Ltd. London. http://bit.ly/2lNs0cK

4 Florent Marcellesi Investigador y teórico de la ecología política

http://bit.ly/2lNnwTg

5 Petter Næss, Universidad de Aalborg http://bit.ly/2lNr9ZE

6 Global Footprint Network http://bit.ly/2lNiLJz

7 Cittaslow http://www.cittaslow.org/

8 Erik Assadourian, del Worldwatch Institute. http://bit.ly/2lNtS5g

9 Serge Latouche  http://bit.ly/2lNeVQy

10 5th International Conference on Degrowth for Ecological Sustainability http://bit.ly/2lhNr2H 

11 Drews S., Van Den Bergh J.C.J.M. Public views on economic growth, the environment and prosperity: Results of a questionnaire survey. Global Environmental Change. 2016, vol. 39, p. 1-14  http://bit.ly/2lNmbft

12 Manuel Casal Lodeiro «La izquierda ante el colapso da civilización industrial. Apuntes para un debate urgente»  http://bit.ly/2lNufNe





Referencia Musical

Leonard Cohen - Traveling Light https://youtu.be/-KH29ERPpLw



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