. ¿No era evidente?
Desde que Donald Trump se
presentó como candidato en las elecciones a la presidencia de los Estados
Unidos, empezó ese proceso de reacciones adversas que todos los que alguna vez
tuvimos la osadía de decir que este señor (por llamarlo algo) iba a ganar las
elecciones, hemos sufrido. La primera reacción de las personas con las que conversábamos
era la risa, la jocosidad de decirte, poco más o menos, que eres tonto y que
eso es imposible. La segunda reacción, al ver que el proceso presidencial
continuaba, fue aferrarse a la negación, apoyándose en todos esos grandes medios
de masas que hacían sus encuestas y mostraban sus resultados, los cuáles daban
gran ventaja a Hillary Clinton. Y la tercera reacción, cuando ya vieron los
resultados de las elecciones, fue el insulto fácil. ¡Éstos yanquis están todos
locos!
Mi pregunta ahora es: ¿no era evidente?
Dejemos de leer tanto mass media y
empecemos a pensar, a escuchar a la gente, a comprender la realidad del pueblo,
a entender que, como dice la canción, la mentira está escrita en los periódicos
de mañana. Intentaré resumir en este artículo el por qué decía desde un
principio que ese hombre iba a ser el nuevo presidente de los Estados Unidos de
América.
Para empezar, como siempre digo,
las acciones no hay que juzgarlas por las causas que la motivan sino por las
consecuencias que produce. A día de hoy, creo que poca gente puede (o se
atreve) justificar la supuesta buena herencia de Obama. Es cierto que ha
intentado reformas en el sistema sanitario, educativo, etc. pero lo que hay que
ver es a quien ha beneficiado todas esas medidas. Personalmente me da igual a
quien beneficie, siempre que sea algo bueno para la sociedad, es bueno para mí.
Pero, ¿qué pensaría un estadounidense de clase media (si es que queda alguno)
del interior del país, de las medidas tomadas por Obama? Esa es la pregunta
real, esa es la pregunta que explica el ascenso de Donald Trump.
No confundan mi postura, no creo
en la política ni la democracia, como decía ese gran hombre, el menos malo de
los sistemas, solo estoy intentando ponerme del lado del votante
estadounidense. La desigualdad entre ricos y pobres en Estados Unidos ha
aumentado en la “Era Obama” así como la diferencia entre clase media de la
costa y del interior del país. Este dato, aisladamente ya nos da una pista del lado
por el que se iba a inclinar el voto de todo el interior del país. Si a eso
sumamos el algoritmo crisis económica – surgimiento de -ismos, ya tenemos el
contexto perfecto para explicar lo ocurrido.
Es evidente que el nuevo
presidente de los Estados Unidos de América es una persona, machista, racista,
narcisista… y otras muchas cosas. Pero lo que también es evidente es que es un
empresario de éxito, que (según los estándares de EEUU) es un triunfador, por
lo que el estadounidense medio piensa que va a hacer triunfar su país igual que
a el mismo. Al igual que la mayoría de seres humanos, el estadounidense
prioriza su supervivencia (todos creen que Trump les va a dar trabajo) y la de
su familia a cualquier otra cosa: ¡qué sea lo que quiera, mientras me de
trabajo!
No me voy a extender mucho más y
tampoco voy a entrar en el falaz debate sobre la cultura americana y el nivel
cultural de los estadounidenses, ya saben mi opinión sobre la categorización de
los conocimientos. Simplemente es una cuestión matemática, al desastroso legado
de Obama sumémosle la creación de un enemigo (el inmigrante), como sabemos nada
une más a un pueblo que un enemigo común. Sumémosle también la necesidad de
supervivencia y sumémosle además la influencia del líder autoformado. A todo
este cóctel le ponemos la rodaja de limón, una Hillary Clinton que no gusta a
la sociedad estadounidense, y tenemos barra libre para el surgimiento de un
-ismo: el idiotismo.
Para terminar, llámenme loco, mi
preferencia en estas elecciones era Donald Trump, no porque comulgue con sus
ideas (recalco mi tendencia anarquista), sino porque se le veía venir de
frente. Prefiero un cañón que me apunte a la cara que un misil que me rodee y
me mate a traición. Recordemos, la memoria es selectiva, que la propia Hillary
Clinton ya había votado a favor de construir el muro con México en el pasado,
entre otras cosas. Mi decepción no está causada por las personas que votaron
por Trump, lo entiendo. Mi decepción es por las personas que votaron por
Hillary Clinton, sabían lo que había hecho y en las primarias la eligieron
condenando así al partido a la derrota.
¡Bienvenidos a 1984!