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Los periodistas y la manipulación de la opinión pública


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08/02/2017


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A lo largo de mis años de plena conciencia del análisis crítico, muy por el contrario de lo que “opina” el fundador del ágora macrista Alejandro Rozitchner, he podido vislumbrar la contundente decadencia periodística esgrimida por algunos esbirros periodistas.


La voracidad del poder hizo que los medios de comunicación administren la realidad en base a la tergiversación y el goteo informativo; antes para el kirchnerato hoy para el macrismo. El periodismo perdió toda transparencia a merced de los grupos económicos que han reorientado sus “intereses” hacia el negocio de los medios, transformándose en corporaciones periodísticas que a su vez tienen de empleados a algunos políticos.

 Me ha tocado ver, y experimentar, diferentes estilos de periodismo; a veces rudimentariamente enfáticos y vehementes; otros condescendientes y cómplices de algún acto de gobierno facilitando la protección de funcionarios en situaciones incomodas.

En el otro extremo se regodean descuartizando a quienes invitan a sus programas con el fin de denostarlos y hacer de ello una ejecución en plaza pública no dándole lugar ni siquiera a que refuercen su posición o respuesta. Un panel de periodistas te puede acusar, juzgar y sentenciar en minutos. Es allí donde comienza el periodismo a imponer lo que puede pensar o decir el entrevistado. Así es como van descuartizando la certeza y a la vez se hacen dueños, en exclusiva, de la libertad de expresión acomodándola más cerca de la confusión y la impunidad mediática que a lo genuina que debe ser la información.

Sorprende el ninguneo periodístico, también conocido como “negación plausible”, que ejercen las “celebrities” de los medios invisibilizando hechos o personas cuando los periodistas no pueden manipular  la realidad. Todo esto apoyado en su credibilidad. Así se sustenta la figura del embuste, ingrediente infaltable en el reality informativo. Nuevamente la manipulación de la opinión pública, en manos de los “formadores de opinión”, consolida la verdad tergiversada.

La actividad periodística ha pasado del periodismo informativo al periodismo de opinión de allí al periodismo de investigación y el ahora venerado periodismo novelado, este último muy utilizado por estos días. En referencia a este caso me voy a detener en algo que se ha dado en llamar “hablando sin saber” y para el sin saber es necesario generar una novela; costumbrista o glamorosa, tanto como para que la opinión pública se detenga en lo banal y no en los acontecimientos importantes. Nos adormecen con el show y la verdad se transforma en ficción.

El reacomodamiento de la noticia es la adulteración solapada de la verdad usando todo tipo de artilugios, casi imperceptibles para el público receptor. Algo como una inoculación contaminante pero de baja intensidad.

En la arena del show todos opinan de todo. Aquí es donde se confunde la doxa con la episteme; una cosa es opinar acerca de algo y otra muy diferente es conocer acerca de la cosa. Mientras tanto la amplitud de expresión genuina no aparece. Solo aflora la frivolidad para tapar lo que realmente importa.

Es notable ver como en estos programas surge un periodista que pasó de denunciar barras bravas futboleros a arrojarse a la arena de la cosa política-pública con una  erudición casi desmedida o como un comentarista que apenas acierta con los nombres de los jugadores de fútbol se convierte en un analista de la política nacional, y hasta a veces se atreve a la internacional. Como también hay otros que ejercen su profesión con objetiva responsabilidad. Pocos.

En todos estos casos se trasluce la disfunción que hoy padece el periodismo, que es manipular y reorientar la opinión pública omitiendo, intencionalmente, el objetivo de informar sin tintes tendenciosos y en algunos casos veladamente malintencionados. Es por eso que los periodistas han pasado a ser una herramienta del establishment de las grandes corporaciones que buscan “redireccionar” intencionalmente la noticia hasta, porque no, hacerla desaparecer en pos de sus intereses, ya no tan solo locales sino también internacionales.

Es indudable que la masacre de las noticias no se produce solamente en la Argentina y que no viene sola. Esta masacre de noticias lleva consigo la malversación de la verdad. Esto es lo grave, nos mienten tanto la verdad que hasta la tienen agonizando.

Recuerdo la parábola del “Loco del farol” que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: “¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!”. (Nosotros diríamos ¡Busco la verdad!) De los que estaban allí reunidos muchos no creían en Dios. El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. “¿Qué a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino. (sic)

Entre la manipulación informativa, los condicionamientos y la mentira, agoniza la verdad del periodismo objetivo.



Etiquetas:   Política   ·   Periodismo   ·   Argentina   ·   Novela Romántica   ·   Manipulación Mediática   ·   Poder Mediático

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