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De Viaje (o en el exilio del amor)


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18/08/2011

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Son muchas las razones que me trajeron hoy aquí, miles las manos que sin saberlo me fueron empujando, llevando cada vez mas lejos quizás al punto del no retorno.




Poco a poco ire desenmarañando estas circunstancias, pero al mismo tiempo les iré contando, describiendo mis vivencias lejos de lo que alguna vez llame mi hogar.





Lo mas inmediato en el exilio es el reposo, es como estar en pausa, suspendido en una atemporalidad forzada, obligada.... el tiempo pasa, pero no de la manera acostumbrada, digamos que es como en esos momentos en que te acabas de despertar, que sabes que estas vivo, pero lo sabes muy de lejos....





Eso es... vivo en un despertar aletargado.... extendido....





¿Y que hacer? nada... solo pensar.





Y pensar, y volver al pasado en busca de respuestas, y saltar de repente al presente, así sin aviso, contestar con un 





 -no, gracias- 



-Sustituto de azúcar por favor- 





solo para funcionar momentáneamente con el entorno, para de repente ser arrancado de ahí y saltar ahora a un futuro imaginario y visualizar como va a ser algún día y sin aviso otra vez al pasado, al futuro, el letargo, el presente ficticio, pasado, letargo, futuro  y pensar, pensar, pensar....





Resulta verdaderamente extenuante.





Nada es real, nada es imaginario...





Dicen que el mar es el refugio de los tristes, de los rotos, de los descorazonados y yo creo que si, que uno empieza a respirar horizontes y a llenar su alma de mar, para así empezar a curarse.





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Los días aquí son mas largos y las noches mas silenciosas, estamos tan acostumbrados al barullo de la ciudad, a esa música de fondo que nos envuelve que ya ni la notamos, como el amor, no se nota después de un tiempo, hasta que no lo tenemos.





Aqui el murmullo del mar es el soundtrack que nos acompaña, por momentos se funde en tu mente y lo guardas atrás, para que no estorbe, pero es tan estremecedor, tan fuerte y grave que se conecta a ese hombre primitivo que llevamos dentro y nos habla.... y lo entendemos.





Mucha gente me comenta.. ¿porque te vas? ¿como que tres meses? es mucho tiempo!! ¿y tu casa? ¿y tus negocios? 

y lo dicen con un miedo sincero reflejado en la cara, y los entiendo, mucho tiempo vivi ahí, en esa prisión mental que nos inventamos, que aprendemos primero a odiar, después a querer e irremediablemente después a necesitar y a extrañarla, son las ataduras de nuestra mente.





Y el miedo de las personas que me preguntan tantas cosas, no es miedo por mi, es miedo por darse cuenta que alguien va a hacer algo que ellos ya perdieron el valor de intentar, de tan siquiera imaginar.





Y esa es la trampa de nuestra cotidianidad.





¿que voy a hacer sin mi ciudad? ¿sin mis amigos? ¿sin mi periódico y jugo de naranja recién exprimido en la mañana? ¿sin mis dos horas de trafico diario en el periférico? ¿sin mis asaltos? ¿sin el miedo que me da el bajar la ventanilla del coche por miedo a la violencia?





¿que voy a hacer sin tantas cosas?





La respuesta: VIVIR

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La lluvia apareció de la nada, simplemente estaba el sol y de repente ya estaba lloviendo, un día perfecto, cálido y hermoso se convirtió en un día gris, lleno de viento y llanto, de quejidos de lejos, de clamores del mar.... es que acaso no es así todo?





¿No es precisamente eso nuestra historia? un sin fin de buenas temporadas seguidas de vendavales, huracanes y días grises.





A veces podemos ver venir de lejos la tormenta y así prepararnos, pero muchas otras simplemente uno despierta y la lluvia ya esta ahí y cuando piensas que va a cesar entonces llega el huracán, los vientos, el drama.





Hoy los vientos del destino me han traído hasta aquí...

¿ya pasó el huracán? No lo se... pero sin duda va amainando.





Ayer mientras surfeaba me pico una mantarraya, vaya dolor, el piquete duele pero solo unos segundos, después queda opacado por una llamarada que recorre toda el área afectada, como si la sangre se hubiera vuelto fuego.... literal.... te quema por dentro.





Sali como pude y camine lo mas dignamente posible (lo ultimo que se pierde es la compostura) y me dirige a la tienda de tablas para entregar la mía y tomar un taxi, ahí le comente al encargado que algo me había mordido, un cangrejo o una langosta, que no sabia bien, pero que me dolía muchísimo, el fue el que me explico que si el dolor se había extendido y era bastante, lo mas seguro es que se hubiera tratado de una raya, que el veneno que inyectaba era el que provocaba tal castigo, pero que podía ir al hospital a que me inyectaran algo o que si era soportable en unas horas desaparecía, que ironía, aun ahí, en el mar, otra metáfora de la vida, lo que no te mata te hace mas fuerte y todo, absolutamente todo, por mucho que duela, acaba por pasar.





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Miro la costa entera desde mi terraza, son las 7.30  de la tarde, el clima es cálido aunque el cielo nublado trae consigo amenaza de tormenta... por lo menos seguro llueve, la espuma baña la playa, los mosquitos empiezan checar  tarjeta ( estoy seguro que tienen un horario bien establecido)  el mar se llena de surfistas, es la mejor hora para montar olas, yo debería estar ahí pero hoy no tengo ganas, el cuerpo lo tengo molido, los músculos deshechos y eso bastaría para retener a muchos en reposo, pero no a mi...

 

A mi lo que hoy me duele es el alma.





Pienso descansar y llevarme la noche a cigarro y cafeína, quizás un poco de alcohol que mitigue no las penas, sino los recuerdos.





Ya empezó a llover.





Es el dolor de lo intangible lo que acaba por derrotarte...

La muerte del futuro imaginado lo que mas duele...

Los sonidos que ya no escucharas mas que en la voz interminable de tu mente los que realmente te dejan vacío.





Pero lo bueno de estar vacío es que ahora tienes espacio para volver a llenarte

Lo bueno de la tristeza es que aprendes a ser feliz con nuevas cosas, recuperas la capacidad de asombro que tenías cuando eras niño, cuando un insecto, el pasto, la luna o el sol bastaban para arrancarte una sonrisa.





Hoy mis días son como los de mi infancia, largos, eternos de sol a sol, me asombro del mar, de la lluvia, me quedo absorto perdido en los sonidos de la noche (los grillos, las olas rompiendo, los coches que pasan e inclusive la banda de rock cristiano que practica como a dos cuadras todas las tardes)... 

El camotero silva, indiscutiblemente voy por un plátano con crema, cuanta felicidad en un simple postre.... voy recobrando el asombro... sigo vacío, pero sin duda alguna me estoy llenando... empiezo a llenarme y eso me esta haciendo reír.

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Hace días que no escribía...





El clima cambio, el tronar de la mar gruesa retumbaba como si reclamara algo perdido, como si las olas fueran gigantescas manos que al arañar la costa pudieran recuperar algo de lo que se ha ido.





Dias de calma, Dias de tormenta, dias y dias.





Despierto temprano, la bruma aun domina el horizonte, el viento hace mecer las palmeras, los arboles y mis recuerdos...

 

Café...





Cigarro...





Me acuesto en la hamaca rememorando así los días pasados, el fluir constante del oceano, las playas, el sol, los cientos de turistas, cuanta gente, cuantas historias diferentes, cuantos dolores distintos coincidiendo en un mismo tiempo, en un mismo lugar...

Pero al final todos buscamos lo mismo, sanar con el mar, exorcizar nuestros demonios, absorber la belleza aunque sea un poco para así poder continuar moviendonos hacia adelante...





Fluyendo como el mar.





Bajo y camino por la calle principal, los vendedores ofrecen un sin fin de baratijas y recuerdos...





Siempre critique a los que compran souvenirs en sus viajes.... ahora lo entiendo... es como si ese pequeño objeto, ese simple llavero o pulsera, tuviera la capacidad de transformarse en  amuleto, en un tótem al que recurrir cuando las cosas se ponen difíciles y arrancarle un poco de la magia donde fue creado, recordando así que mas allá de tus problemas existe la belleza, existe la calma, la paz.





Sin lugar a dudas voy a comprar varios.





El viaje o al menos esta etapa  ha llegado a su fin.





Hoy no se que me espera, ni quisiera saberlo, no se que me depare el futuro¿es que acaso alguien lo sabe?





Hoy solo se que mis heridas no se curaron pero están sanando...





Asi que lleno de mar y sol, de risas y noches interminables, de renovadas esperanzas (y como 200 recuerditos) emprendo hoy el camino de regreso.





Dejo aquí nuevos amigos, al mar le regale mi tristeza (no toda, aún conservo algo para mi)

y me llevo la certeza de que aún río, amo, lloro, sufro, respiro y suspiro, extraño, añoro, reclamo y me calmo.... es decir Vivo.





Se que al empezar a escribir esta columna prometí contar los motivos que me trajeron hasta acá, de alguna forma entre lineas lo hice y el resto de la historia en verdad es complicada. 





Pero siempre es así ¿o no? Complicado.





Así que cada uno de ustedes que se tomo la molestia de leer esto, llenen los espacios con sus propios dolores, con sus propios tormentos y fantasmas, les aseguro que no estarán tan lejos de mi realidad, porque al final, lo que nos mueve a todos son dos cosas (una cosa):





El amor y el dolor ¿que no son lo mismo?





Gracias.





Alfonso Aparicio. 

Puerto Escondido, Oaxaca; Agosto/Septiembre 2011



Etiquetas:   Reflexión

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