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Este hombre vive acojonado, a pesar de que ETA “duerme”. Me
refiero al lehendakari, Iñigo Urkullu.
Es lo más parecido al Guadiana, tanto pronto asoma como se esconde y -- como
dicen en el País Vasco -- es lo más superficial que puede llegar a presidente
de algo; claro que, pensándolo bien, solo es lehendakari: exactamente igual que
el presidente de mi comunidad autónoma.
Llegado a este punto, este remedo de presidente entiende que
el juicio contra el expresidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, y las
exconselleras, Joana Ortega e Irene Rigau, es un día triste. Exactamente he
desayunado con la expresión: "un día triste para la política". Además
entiende que es muy urgente un nuevo diálogo.
Hay cuestiones que no se entienden y que Urkullu tampoco parece
entenderlas: se juzga a Arthur Mas por prevaricación e incumplimiento de la
legalidad. No se le juzga por capricho o por actuar contra algo relacionado con
Cataluña. Nos estamos pasando de castaño oscuro y eso se paga. Ya verán cómo y
cuándo se paga.
No entiendo eso de abrir el diálogo para "ofrecer una
vía legal y pactada" a los catalanes. La vía legal es la Constitución de 1978.
Lo demás son ganas de incordiar y de meter el dedo en el ojo al Gobierno y a la
ciudadanía y si, de paso, cae la pela pues mejor que mejor. Va a tener que
redefinir la RAE el concepto “legal” porque cada uno lo aplica como le place,
sobre todo las dos comunidades autónomas que se creen país o nación porque lo
dicen sus estatutos, y alguien se lo consintió en su día, como se consiente que
patalee el niño rebelde con tal de que se calle.
Hay algo que está claro en el concepto “legal”: si me
favorece y se adapta a lo que quiero, entonces sí es legal, pero si no se
adapta ni me beneficia, no lo es, y además hay que montar un escrache al
Gobierno, a la Judicatura o a la Real Federación de Construcción de Botes Pequeños;
lo curioso del caso es que no faltan apoyos para ese tipo de cosas. Y si supone
presionar para obtener más fondos, pues miel sobre hojuelas. No es de extrañar
el antagonismo entre las expresiones de la ‘tropa’ política catalana, “España
nos roba”, y el sentir español de “Cataluña nos roba y, además, desequilibra
las finanzas del Estado español”.
El caso de Cataluña se está saliendo de madre. No tiene por
qué haber choque de trenes ni enfrentamiento entre maquinistas. Precisamente ni
el tren ni el maquinista están del lado catalán. Ni siquiera cabe lo que en
Cataluña llaman “negociación”. Lo que se negocie para Cataluña debe negociarse
para todas las comunidades autónomas. Cuando los padres dan más a un hermano
que a otro surgen las diferencias, las envidias y el malestar. ¡Ya está bien de
que Cataluña abuse del FLA y se lleve el 32% del montante económico, mientras
el resto se reparte el 68% restante. En este punto hay que preguntarse quién es
el que desprecia la solidaridad interterritorial y quien roba a quién. ¡Manda
huevos!
Quede claro que el juicio a tres representantes
institucionales se lo han ganado a pulso. Es de sentido común que nadie esté
por encima de la ley. Las barbaridades y las bravuconadas son de otra época.
Entender la democracia y la convivencia democrática como un enfrentamiento es
no haber entendido nada de nada. Y además, permanecer ciego a la realidad y a
las necesidades del territorio en el que se gobierna o se da a entender que se
gobierna.
En fin, desde mi punto de vista el sentido de la política no
es buscar el enfrentamiento con el resto del Estado. El desacato es como la
sedición: debe cortarse raíz para que no suceda lo que en el chiste del tren,
el pastor y el cayado. Algo así como la necesidad de poner recto el árbol
cuando se tuerce.
Jesús Salamanca Alonso