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No nos queda mucho tiempo


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04/02/2017


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Cualquier  comentario u opinión que sea cuestionable sobre el pasado, logra un lugar y un grado de importancia en la discusión pública, mucho más intenso que la discusión del presente o el futuro.




Otra vez la opinión fue sobre la etapa de la Dictadura Militar del 76 y de un funcionario del gobierno. 

Otra situación repetida, condenas por un lado, justificaciones y defensas por otro. 

El debate sobre el comentario de esta vez, desde mi perspectiva, no tiene la menor importancia. Una opinión sobre un tema, no puede cambiar los hechos,  así como Gómez Centurión no puede  cambiar el “Plan Sistemático” que se aplicó durante el Proceso de Reorganización Nacional, tampoco los Grupos de DDHH que más lo cuestionaron, pueden cambiar el número de Desaparecidos que figuran en la CONADEP, una tercera parte de lo que ellos dicen.

Seguimos sin resolver el pasado, más allá de coincidencias o no, porque no importan los hechos, sino el relato que hace cada uno de esos hechos y cada interpretación.

Esta falta de resolución en lo histórico, institucional y social, se repite en cada aspecto de la vida nacional, desde el fútbol de hoy y de antes, al trabajo, la cultura y la economía.

Pero no lo resolvemos porque seamos diversos, amplios, inclusivos y tolerantes, aún de las mayores contradicciones, sino porque simulamos serlo, pero en realidad seguimos creyendo en la interpretación de los hechos (pasados, presentes o que anticipamos a futuro) que más se relaciona con nuestra afinidad (ideológica, política y más)

Vivimos empantanados en discusiones viejas, no cedemos, no resolvemos los puntos de contradicción y no nos interesan los puntos de coincidencia.

Así como actuamos en función del pasado y creemos en parte de la  historia, mientras que negamos o cuestionamos  las partes en las que no coincidimos, analizamos el presente y proyectamos el futuro.

De este modo solo podemos tener destino de sociedad dividida en dos o más partes, y para donde va una de las partes, no irá la otra o las otras.

Así como somos con respecto al pasado, así como analizamos el presente, también del mismo modo, permitimos los abusos de los gobiernos de turno, los omitimos  y hasta los negamos, aún cuando los hechos son tan claros y brutales que no permiten discusión.

Mantenemos los status quo de beneficios y conveniencias y gobierne el signo que gobierne, favorece a un establishment  político, corporativo estatal y privado, en detrimento de la verdadera mayoría que son los sectores medios.

Va a ser muy difícil lograr una real cohesión social, aún con las diferencias de cada sector, para poder cambiar el presente (que es lo único que de verdad se puede cambiar)  y con eso tener un futuro distinto.

Desde las decisiones más elementales como sociedad, el modelo económico y social que se pretende, la distribución de la renta que se produce y aumentar esa producción para obtener más riqueza, todo demanda de cierto grado de cohesión social. Dejar de discutir las diferencias del pasado para  pasar a buscar las coincidencias sobre esos hechos que ya no se pueden cambiar. Dejar de mirar el presente por esas diferencias que en décadas no se pudieron resolver.

Y sobretodo analizar quien es el verdadero factor de poder, que puede producir abusos  y favoritismo con ciertos sectores minoritarios, para acotarlo y no entregarle ese poder institucional.

El cambio que se va a producir en esta Era Tecnológica, será más rápido, total e impensado en su alcance, que todos los cambios de eras anteriores. 

No podemos insistir en sostener con dinero público, subsidios o peor aún, involucrar inversiones privadas,  en actividades no competitivas o que en el mundo están en su etapa final de demanda (petróleo, hidrocarburos, energía hidroeléctrica, térmica y nuclear, ensamblado de piezas de tecnología importada y de baja calidad, transporte en camión para larga distancia y más…) No puede ser pretexto que hay demasiados trabajadores que dependen de esas actividades. Hay que reconvertir sus talentos y habilidades e innovar. Sin embargo es peor todavía, cuando se levanta la bandera de defender esos puestos de trabajo  --- trabajo casi ficticio a esta altura--- desde el discurso demagógico del gobierno o de los sindicatos, y en realidad a quienes se subsidia con montos muy superiores al costo laboral de esos trabajadores, es a empresarios amigos, familiares o que antes bancaron campañas electorales.

No nos debe confundir lo ideológico, está bien que cada quien crea en el modelo socio-económico que quiera, pero eso no debe significar seguir sosteniendo actividades  que ya casi son el pasado. Hay que acompañar, hay que asistir para incluir, pero no hay que temer al cambio que se viene. El trabajo tal cual lo conocimos, en poco tiempo no va a existir y el que se siga sosteniendo pese a que no tenga demanda, será con dinero del Estado, dinero público y de seguro se pagará con déficit e inflación.

A los gobiernos de turno no les interesa hacer el cambio a  la velocidad que está sucediendo en el mundo y en buena parte de la región, porque los intereses empresarios que le son afines, están  y tienen inversiones en esas actividades que solo funcionan subsidiadas y quieren seguir ganando aunque lo que hacen no sea rentable.

Teniendo empresas que sostiene el Estado con subsidios (Petroleras, Transportadoras de Electricidad, de Obras Públicas, transporte en ómnibus o camión y más) cualquiera puede dar empleo y ser un empresario exitoso. Pero la verdad de que una empresa sea rentable, que dé trabajo genuino y de calidad y que un empresario sea exitoso, es cuando puede competir en su país y en el mundo, sin subsidios ni fondos públicos  y aún así ser productivo.

Es la economía... como dice la frase, pero también es el modelo socio-económico común y consensuado, que tiene una sociedad, que aún con sus diferencias, quizá algunas de ellas irreconciliables, lograron ponerse de acuerdo ¿a donde quieren ir?

Es muy motivador, emocionante y hasta reparador discutir el pasado, cuando uno sabe que en ese pasado estuvo en el lugar correcto. Sin embargo es imprescindible y no nos queda mucho tiempo, discutir y consensuar el presente, para tener algún futuro distinto

(distinto al de país pobre)











Etiquetas:   Economía   ·   Innovación   ·   Crisis Social   ·   Mauricio Macri   ·   Kirchnerismo

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