.
Gran parte de
las plantaciones en chile son de pino insigne y en las últimas dos décadas
plantaciones de eucaliptus. El destino, la madera, pero, más prominente en
aspecto económico son las fábricas de celulosa. Creo necesario realizar una
pequeña observación y es que en Chile, y en particular en el sur, no existe ni
ha existido una cultura forestal. Entiéndase un conjunto de agrupaciones
humanas que viven de manera relativamente armónica con y del bosque. Es una
cultura que vive en el bosque y además lo cuida, lo protege y conoce
tecnologías capaces de recuperarlo, etc. Los mapuches, por ejemplo, fueron
habitantes de las planicies. Se instalaron a las orillas de los ríos y sus
“mahuidas”, o bosques, eran espacios inhabitados a los que se acudía a
recolectar frutos, yerbas medicinales, etc. No sé de Chiloé, donde quizás la situación cultural
es diferente respecto al bosque y el uso de la madera. En el sur de Chile el
método de limpiar terreno ha sido el “roce”, esto es, quemar el bosque. En
tiempos prehispánicos se limpiaba para sembrar. La presión demográfica no era
demasiado fuerte y por ello la tecnología del fuego era la mas adecuada. Hasta
hoy se puede ver en las islas del archipiélago de Chiloé el método del fuego es
el utilizado para obtener áreas despejadas donde desarrollar la agricultura y
la ganadería, y áreas boscosas. La rapidez con que se recupera el bosque en
estas regiones es tal que el método resulta eficaz.
La
colonización europea del sur de Chile se realizó bajo el imperio de una cultura
minero-extractiva. Los primeros españoles, quienes tenían algún oficio
conocido, eran mineros y no agricultores. Los sucesores vieron en el bosque
solamente recursos a explotar. La cultura extractiva se impuso hasta el día de
hoy. Ven en el bosque nativo, o en cualquier bosque, un recurso que es preciso
“cortar”.
Se sabe de boca en boca que Vicente Pérez Rosales, a mediados del siglo XIX
mientras estaba a cargo de colonización del Gobierno de Chile, acompañó a los colonos alemanes a
instalarse y no tenía sitio donde apostarlos, y habiendo llamado a lugareños
les solicitó ayuda, provocando unincendio que unió Valdivia con Lanco, esto es de mar a
cordillera, y ardió por meses. Se abrió «campo» y allí se pudieron instalar las
familias que llegaban. Las experiencias son muchas y sabemos del frenesí que
provoca el encender fuegos para “rozar” broza, dehesas o montes hechos y
derechos, o “voltear” una arboleda, a lo que se reúne gente sin ser necesario llamarlas.
La colonización europea del sur de Chile provocó un impacto titánico sobre las
entidades indígenas. A mediados del siglo XIX, Alemanes, Franceses, Holandeses,
Italianos, en general, personas de la emigración europea de entonces se
emplazaron primero al sur de la Araucanía y, a comienzos del siglo XX, en medio
de las comunidades.El Gobierno de Chile auxiliaba, al igual que Argentina,
Estados Unidos y la mayor parte de los países latinoamericanos, la migración
extranjera en tierra que se consideraba improductiva, dada la mentalidad de la
época, ya que eran habitadas por indígenas. Los colonos recibieron tierras y a
los indígenas se los ubicó en “reducciones” o “reservaciones” indígenas. A cada
jefe de familia se le entregó un Título de Merced. Estos títulos no podían ser
vendidos pero, por diversas ardides, fueron pasando a manos de colonos, y otras
personas, y finalmente, como se puede ver en los mapas, estas tierras se han
transformado en plantaciones forestales, colindantes con las comunidades indígenas.
El fuego se convirtió en el peor adverso del bosque del sur de Chile. Las
causas de esta hecatombe son variadas y no es el caso en esta columna
recordarlas. El fuego, como método de rotación de cultivos, se transformó en un
sistema para limpiar los campos. Los colonos al no poseer mano de obra
suficiente aplicaron la costumbre de quemar todo lo que impidiera el trabajo de
la agricultura y la ganadería. En Aysén, para los que no se ubican en un mapa,
es la región austral de Chile colindante con la Patagonia, durante el siglo XX
hubo incendios que duraron por
años. Conversando con algunos amigos de la Patagonia Argentina me expresan que
hay documentos que estampan que el humo se veía desde Río Gallegos, Argentina,
a cientos de kilómetros de distancia, en el filo del Océano Atlántico.Los
ciclos de exportación han sido también factores de gran importancia en la
deforestación de los bosques nativos. El ciclo minero en el norte chico condujo
a limpiar el bosque utilizándolo como carburante en las fundiciones de cobre,
hierro y otros minerales que, durante los siglos XVIII y XIX, constituyeron el
principal producto de exportación del país. Algarrobos, principalmente, pero
una cantidad enorme de especies casi desaparecieron y transformaron una zona
semi-árida en totalmente árida, a pesar de los esfuerzos que se han hecho por
reforestar con Tamarugos, de la familia acacias, ¿ le es conocida la Acacia?,
es un árbol de la Pampa del Tamarugal (que llega hasta los doce metros de
altura), en Oriente se da muy bien.
En la Región del Maule, 300 kilómetros al sur de Santiago, la época triguera a
mediados del siglo XIX condujo a la deforestación de los cerros de la
Cordillera de la Costa. Los robledales fueron cortados para construir navíos
(denominados faluchos) que iban atiborrados de trigo a la nueva California de
la fiebre del oro. Las montañas de Talca, la capital del Maule, Constitución,
donde operaban los astilleros, fueron talados. Es por ello que a mediados de
los ‘50 del siglo XX se dio inicio al esquema de reforestación con pino
insigne. La construcción de la planta de celulosa en Constitución, el vetusto
puerto de exportación triguera, fue el intento explícito de establecer un “polo
de desarrollo”. El Estado vio en las plantaciones y la producción de celulosa la
única opción para esas plazas depredadas.La determinación de construir fábricas
de celulosa, papel y planchas de madera en las localidades del Laja y
Nacimiento, junto al río Bio Bio, no distó mucho en el método. Esa parte del
territorio, en Isla del Laja, fue un gran arenal con bosques y matorrales. Las
colinas de Malleco, en la Araucanía hubo sobre talaje durante los primeros
cincuenta años de colonización llegando a quedar en un estado de
desertificación. Tierras calizas, con grandes cárcavas por donde en el invierno
fluían ríos escarlatas de arcilla, que se mantuvieron hasta la término de los
años setenta.
Cerca de Traiguén, lugar de colonización y comunidades mapuches, eran colinas
definitivamente infecundas, que se habían desgastado con cosechas de
farináceos, sin preocupación alguna por la conservación de suelos. Al sur de la
Cordillera de Nahuelbuta, la que baja al río Bio Bio, no quedaba a fines de los
cincuenta prácticamente nada de bosque nativo. Por ello no fue difícil también
que allí comenzaran a plantarse grandes extensiones de pino insigne. Las
ventajas de estas plantaciones eran evidentes: sustentaban el suelo y eran
capaces de crecer de modo muy rápido, gracias a las lluvias y frescor que
proviene del mar. Es por ello importante tener en cuenta que en el origen de
las plantaciones forestales existe
este antecedente: se trataba de solucionar un problema anterior de
desertificación y explotación inmisericorde del bosque nativo, su destrucción.
La mayoría de esos campos estaba yermo ya que sus propietarios los habían
abandonado. En los sesenta se organizaron cooperativas y sistemas de compra de
tierras por medio de acciones (Capitanac la más famosa) que permitieron que
aumentaran los bosques de pino. No hubo críticas en ese instante; por el contrario,
todo el mundo consideró que se trataba de algo positivo para el desarrollo
regional y del país.
En fin lo que hoy se está quemando es parte quizás de lo que algún día ya se
quemó, hay que evaluar aumentar la pena en el delito de incendio y de cambiar
la mentalidad de algunos sectores, ya que el costo social es muy alto. 34
millones de hectáreas de bosque es lo que hoy queda y se sigue quemando mas, de
lo cual 5 millones son estatales, la cifra es alarmante en cuanto a la
inversión de recursos un 95% de los capitales están destinados al combate del
fuego y solo un 5% a la prevención, con esa mentalidad los gastos de protección
del Estado que es de 9 mil millones de dólares ( 30%) y de los 21 mil millones
de la empresa privada (70%), en especial el del Estado se verán sobrepasados en
inutilidades y la cifra de héctareas quemadas se verá en aumento como estos
días que van según fuentes en más de 250 mil hectáreas.