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20/01/2017

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Desde el principio de la crisis económica, a mediados del 2007, y posterior Gran Recesión se originó un gran descontento y rechazo hacia las principales instituciones políticas y a la implementación de sus políticas de recortes. Producto de estos acontecimientos fue la creación del movimiento social 15 – M, surgido a raíz de la manifestación en Madrid el 15 de mayo del 2011 llevada a cabo por diferentes colectivos sociales en contra de lo establecido. Este movimiento tuvo notable éxito ya que se reprodujo en gran parte de las ciudades españolas.


El éxito de este movimiento al margen de las principales organizaciones política ocasionó una activación tímida de los principales partidos políticos mediante medidas por parte del Gobierno, “fichajes” de algún que otro representante de las protestas o propuestas por parte de la oposición. Esto no consiguió traducirse en el apoyo necesario en los próximos comicios electorales, sino que la desafección y el desapego hacia la democracia representativa en general y el PSOE en particular aumentaron de manera notable.

Nos guste más o nos guste menos la crisis que viven estas dos instituciones supone un mal mayor para la sociedad. La democracia representativa poco a poco se recupera, ya que en el Parlamento y el Senado, pero sobre todo en el primero, se ha producido un cambio importante. Este cambio es la transición de un modelo multipartidista moderado hacia un multipartidismo fragmentado. En el primero había una representación de diversas formaciones políticas con una o dos formaciones en clara ventaja. Esto suponía la formación de Gobierno y apoyos en el Parlamento y el Senado sin muchos contratiempos. Mientras que en el multipartidismo fragmentado se caracteriza por una pluralidad de organizaciones políticas con clara ventaja de tres o más partidos políticas, lo cual dificulta la gobernabilidad.

Los principales resultados de esta transición han sido la aparición de Ciudadanos y Podemos en el panorama político estatal, pero no solo la simple aparición, sino la ocupación de un espacio que antes ocupaban solamente PP y PSOE respectivamente, pero que ahora se reparten cuatro partidos políticos.

Por la posición que ocupaba y por ser el que gobernaba cuando apareció la crisis, el PSOE está viviendo una crisis de legitimación, confianza, desafección y desapego que no pueden ser comparables en todo este tiempo atrás. El canal de participación que proporcionaba a la sociedad está roto y en mal estado. El proceso de primarias que permitió a toda la militancia elegir al Secretario General en julio de 2014 se vivió con mucho entusiasmo. Unos lo vieron como un paradigma para atraer a militantes y simpatizantes desencantados y así recuperar la posición perdida tras la crisis, mientras que otros veían el proceso como un peligro para la existencia de la formación, la imagen que se pudiera proyectar y lo novedoso de la elección del líder.

Con Pedro Sánchez al frente del PSOE parecía que la situación iba a cambiar pero tras los malos resultados tanto en las elecciones generales como en Galicia y País Vasco, además de la rebelión de varios miembros de la ejecutiva, forzaron la dimisión precipitada de Pedro. Tras esto se formaba una Gestora capitaneada por Javier Fernández. Que tenía como misión fijar la fecha del proceso de primarias y posterior Congreso Federal para elegir al nuevo Secretario General en junio de este año.

Cuando llegue junio, serán ya nueve meses sin liderazgo, con una imagen totalmente fragmentada que hemos ofrecido a la sociedad, con líderes más interesados en su proyecto personal de liderazgo que en el proyecto que debe suponer reconstruir el canal de participación que ha sido y es el PSOE. La ambición de los líderes no sirve para reconstruir una imagen y unas siglas en las que confiamos muchas personas como motor de cambio de la sociedad. El proceso de primarias que se abra en mayo debe de ser una iniciativa enriquecedora de participación, de intercambio, que no confrontación, de discursos que refuercen ese canal de participación tan necesario para la sociedad en general y para los ciudadanos en particular. Porque el PSOE nunca será un proyecto personal, sino colectivo. En estos tiempos, si no entendemos esto, nos seguirá yendo muy mal.



Lo comenté en su tiempo y lo reafirmo ahora, el PSOE no puede garantizar la estabilidad de un Gobierno que ha implementado unas medidas muy dañinas para los diferentes colectivos más desfavorecidos antes y durante la crisis, porque ese no puede ser nuestro proyecto, ni en el corto, medio o largo plazo.







Etiquetas:   PSOE   ·   Pedro Sánchez

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