. Solo que, a diferencia de aquellos, este es semejante a un
castillo de naipes, sin nada nuevo, sin impacto claro y frágil. Retórica pura.
Aún y
cuando busque explicar y mitigar los efectos del gasolinazo es difícil que el
Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y Protección de la Economía Familiar
logre una aceptación del aumento de las gasolinas. El malhumor social se ha
transformado en enojo generalizado. Un sondeo del Reforma, aún y cuando es
telefónico y a 500 personas, realizado el 6 y 7 de enero, indica que el 99% de
la población rechaza el aumento de los energéticos; 68% de los ciudadanos está
a favor de que la gente se manifieste por el alza de precios de los
combustibles (haga marchas); en tanto que, 64% está en contra de que se use la
fuerza pública para impedir las protestas.
La
presentación del acuerdo, que intentó mandar un mensaje de unidad y emular a
los gobiernos priístas de antes, reunió a 12 representantes de los sectores
empresarial, campesino y obrero; sin embargo, terminó siendo una entelequia del
sistema corporativista en la que se extravió el “respaldo” de los líderes con
el apoyo de la población. No hay empatía con la gente, no existe solidaridad,
clama la calle.
Además,
los empresarios, representados en este acto por el líder nacional, Juan Pablo
Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), me parece,
junto con el secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, se mostraron
serviles y condescendientes. No digamos del líder obrero. Pésimo.
Quizá
la parte más importante del nuevo acuerdo, no expresada pero implícita, es que
no habrá marcha atrás en el gasolinazo. El Presidente no ha querido retractarse
de la medida más controvertida de su administración. Y quizá hay buenas razones
técnicas para no hacerlo. Si no se mantiene el alza de la gasolina, sería
indispensable hacer recortes monumentales en el gasto público y las entidades
federativas, todas, cuyos ingresos participables están ligados al IEPS, se
verían en grandes aprietos financieros. De modo que, los mismos grupos que hoy
se quejan del gasolinazo, serían los primeros en protestar por un recorte de
200 mil millones de pesos que es lo que se requiere para cubrir los ingresos
del gobierno sin gasolinazo.
En la
reunión del lunes pasado se presentaron medidas para hacer más aceptable el
gasolinazo. No obstante, a más de uno inquieta la posibilidad de los controles
de precios en algunos productos. El acuerdo señala que el sector empresarial se
compromete "a coadyuvar en que no se
incurra en un incremento indiscriminado de precios de bienes y servicios,
evitando repercusiones injustificadas o fenómenos de especulación,
particularmente en el caso de los productos que forman parte de la canasta
básica". Si este esfuerzo se realiza con controles de precios, el
retroceso sería monumental. El acuerdo señala que se reforzarán "las acciones en favor de la libre
competencia", pero la duda queda. Es imposible que un aumento de los
combustibles de esta magnitud no tenga consecuencias en los precios. Ese es el
principal argumento de la COPARMEX, quien fue el único organismo empresarial
que no se sumó al Acuerdo.
En el
cónclave del lunes, también se anunciaron medidas como el fortalecimiento de
las políticas de crédito y subsidio y programas de transporte público que
incluyen la conversión de unidades a gas. Se ofrecieron ampliaciones a
programas de seguridad social, como las guarderías del IMSS, y se prometió una
mayor inclusión laboral "para migrar
de los programas sociales a la economía formal". Adicionalmente, el
presidente anunció recortes de 10% en los sueldos de los altos funcionarios.
El
gasolinazo ha sido una medida explosiva. Varias de estas propuestas de ajuste
se tienen que “negociar” con fuertes sindicatos otrora aliados del sistema. Lo
peor del asunto es que los gobernadores regresan a sus estados con la
encomienda de no dar marcha atrás, de usar la fuerza pública y así, evitar que
la gente se salga de control. Olímpicamente, les están diciendo “arréglense ustedes como puedan”.
En el
punto más complejo de su gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto ha
recurrido a un nuevo pacto como los que usaron en su momento Miguel de la
Madrid y Carlos Salinas de Gortari para calmar los ánimos y elevar la moral y
unidad nacional. Es destacable que COPARMEX se haya negado a firmar el Acuerdo.
A
diferencia de aquellos, este es semejante a un castillo de naipes, sin nada
nuevo, sin impacto claro y frágil. Sin solidaridad, a juzgar por lo que piensa
y dice la gente.
@leon_alvarez