. Por un lado le considero heredero del establishment soviético, y
en concreto de aquellos oscuros entresijos del KGB; creo que su “entusiasmo”
por la democracia y la libertad es perfectamente descriptible, y su inclinación
a la megalomanía no se le escapa a casi nadie.
Sin embargo hay que reconocerle algunos méritos. Tiene su política
exterior infinitamente más clara que la UE o los USA, y así lo ha demostrado en
Siria, donde ha derrochado la decisión y valentía que le ha faltado al “bloque
occidental”. Tiene muy claro quiénes son sus aliados y quiénes sus enemigos, y en perfecto orden de prioridad, y
está dispuesto a defender a capa y espada su país, su identidad, su cultura y
su forma de vida.
En cualquier caso, lo que no me parece de recibo es que el BID (Buenismo
Internacional Dominante) pretenda hacer de Putin un tentetiesto al que zurrar
cada vez que algo se les tuerce. Que Obama y el Partido Demócrata americano pretendan
culpar a Putin del descalabro electoral de Hillary Clinton produce bochorno. Esa
“todopoderosa” CIA que fue incapaz de ver durante media Guerra Fría que la URSS
era un gigante con los pies (y la mitad del cuerpo) de barro; esa misma CIA que
incluyó en sus informes durante años a Olivenza entre los focos de conflicto
mundial; esa misma CIA nos sale ahora con que los hackers de Putin fueron los
que hicieron fracasar a Clinton en su carrera a la Casa Blanca. Ocho millones
de norteamericanos que habían votado a Obama en las elecciones anteriores,
decidieron no votar a Clinton porque se lo dijo Putin. Así, sin más. Que
Clinton fuera considerada una pésima candidata incluso por amplios sectores del
propio partido demócrata, no tuvo nada que ver. El enfrentamiento fratricida
con Sanders en las primarias tampoco tuvo que ver. Que los Clinton sean una de
las parejas que más rechazo genera en la sociedad norteamericana tampoco tuvo
nada que ver. La culpa fue de Putin.
Lo que no nos explica el señor Obama es por qué, en un alarde de
soberbia en toda regla, afirma que con él de candidato los demócratas hubieran
barrido a Trump. ¿Qué pasa? ¿Qué con Obama no hubieran tenido efecto los
hackers de Putin? ¿El señor Obama es inmune a los sabotajes rusos? Creo que
esta afirmación de Obama encierra en sí misma todas las respuestas a por qué
los demócratas se estrellaron en los últimos comicios.
Para no ser menos que los americanos, ahora la “inteligencia” alemana
nos sale con que Putin promovió una denuncia falsa de violación para trasladar
a la opinión pública la sensación de que los refugiados sirios se dedicaban en
Alemania a forzar sexualmente a chicas. ¿De verdad piensan las fuerzas de
seguridad alemanas que tras los sucesos de Colonia la nochevieja del año pasado
es necesario algún tipo de denuncia falsa para que la gente relacione a los
refugiados con acosos sexuales? ¿O nos van a decir ahora que lo de Colonia fue
también un invento de Putin? ¿Nos van a decir que las imágenes de musulmanes
lanzando artefactos pirotécnicos contra una iglesia en Dortmund, al grito de “Alahu
Akbar”, las ha creado Putin para generar miedo y rechazo a los “refugees”?
Mejor harían en explicarnos por qué tanto lo de Colonia como lo de Dortmund
se ha conocido gracias a las redes sociales, y no a través de los medios de
comunicación tradicionales o las propias fuerzas de seguridad, mientras que la
supuesta denuncia falsa es aireada a bombo y platillo por el gobierno alemán.
Nos podrían explicar por qué la misma Alemania que exigía reconocimientos
médicos a los emigrantes españoles de los sesenta, ha dejado entrar a su territorio
a centenares de miles de personas sin realizar comprobación alguna; porque si
hubieran hecho alguna mínima comprobación, podrían haber visto que el rostro de
algunos de los que cruzaban sus fronteras coincidía con el de yihadistas que sólo
meses antes habían subido a internet sus fotos junto a un AK-47 y a algunas
cabezas cortadas.
En lugar de eso prefieren echar balones fuera y buscar un enemigo
exterior al que culpar de su propia incompetencia e irresponsabilidad.
Así que ya saben, de ahora en adelante, sigan el ejemplo de los
demócratas estadounidenses y las autoridades alemanas. Cada vez que se den un
trompazo por no ir atentos, cada vez que su jefe les ponga en evidencia por no hacer bien su
trabajo, cada vez que hagan el más espantoso de los ridículos, no se corten un
pelo: échenle la culpa a Putin.