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2017: Recuperar las confianzas


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30/12/2016


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Mal se puede esbozar el deseo que titula esta nota, si no se asume como sociedad el sentimiento colectivo de sentirnos estafados, desprotegidos y vulnerados en nuestra dignidad.




Porque los chilenos vienen de un trauma brutal que tronchó el alma nacional, se nos calificó de enemigos y se nos persiguió por pensar diferente, por aspirar a una sociedad simplemente más humana. Y esa cuña enorme, sangrienta, dejó secuelas profundas en las relaciones humanas de nuestra sociedad. un amplio sector que se identifica con aspiraciones de una sociedad más justa, en lo que se ha etiquetado burdamente como sectores de izquierda, han sumado al desencanto la convicción actual de haber sido traicionados por las élites que negociaron la transición y 26 años más tarde la evidencia es penosa, el mantenimiento de un sistema depredador, la condena de las mayorías a pensiones de hambre, a la desprotección en salud, a una oferta demagógica de una mala educación, de carreras que son burbujas, que no conducen a nada, que venden ilusiones, espejuelos, a una masa de desinformados o manipulados consumidores aspiracionales. Hay en la sociedad una estafa profunda, una mentira estructural que cala los huesos.



Está archi repetido el diagnóstico, está repetido el hablar de individualismo, de sálvese quien pueda, de la estigmatización de las palabras que olieran a colectivo, a colaboración o cooperativismo. Toda acción asociativa resultaba sospechosa y la reacción del sistema fue rotunda, represiva. Se fomentó la dispersión, el modelo nos convirtió en individuos consumidores, clientes fidelizados, clientes amarrados al plástico, personas condicionadas a quienes se puede influir y orientar a diversos temas, manipulando conductas a nivel masivo. Las tecnologías también han incentivado la desconexión con las personas reales. El panorama de las ciudades es patético, personas con audífonos y celulares, registrando fotos que jamás irán a un álbum de familia sino se perderán en la vorágine desmedida de la imagen atemporal, que intenta congelar la vida y envasarla para los mausoleos virtuales del futuro.



Cuando uno aspira a romper el círculo perverso de la desconfianza y el individualismo, es necesario exorcizar los demonios que incubaron la frustración. Cuando se sufre una estafa y hay una traición que impacta emocionalmente, la primera reacción es la negación del hecho, incluso el querer justificar a acción deleznable del traidor. Es duro asumir el haber sido víctima de un engaño. Eso lo aprovechan vilmente los estafadores respecto a sus víctimas.



En la política chilena hemos llegado a tocar fondo, a descreer de todo. ya no dan garantía ni curas ni pastores, ni políticos de izquierda o derecha, ni los grandes empresarios que hacen shows mediáticos de caridad y por la espalda te crucifican con sus colusiones, ni los funcionarios públicos que se venden y son parte de las trenzas de corrupción. El cambalache se ha quedado corto y esa pérdida de confianza puede derivar en la violencia. Porque es la institucionalidad del Estado , su legitimidad la que está en tela de juicio. Frente a ello, la gran amenaza es la anarquía, la reacción visceral de masas desbordadas que quieran hacer de la violencia un camino de desahogo.



Y del otro lado, la tendencia intrínseca de los poderosos que temen al pueblo y se rodean de pretorianos que les sirvan y protejan. Una situación de este tipo estamos viviendo en Chile, con un conflicto que escala sin capacidad de Estado para abrir correcciones de fondo, porque eso implicaría herir intereses creados, radicados en un saqueo histórico de territorios ancestrales. Hay una represión cuyo eco lejano resbala en las conciencias centralistas y por eso se genera una violencia que sale de las reglas de una sociedad democrática. Un Estado inmovilizado que promueve reacciones en contra de quienes reclaman, pero hace vista gorda frente a delitos que afectan a los ciudadanos desprotegidos.



Esta situación descarnada no es un escenario apocalíptico, pero sí de alta preocupación . La gente de los sectores de trabajo, la mentada “clase media” trabajadora, funcionaria, emprendedora, innovadora en el día a día, esforzada, atada a deudas de usura, quiere prosperar en paz y está cansada de abusos. Recuperar la República no es un eslogan , es una aspiración ética, volver a la decencia, al Chile de vecindad y no de delincuentes depredadores, con capucha o de cuello y corbata.



En este fin de año 2016, el año en que la traición a los principios se convirtió en la desfachatez de los poderosos que ya ni se arrugan para robar, coimear o coludirse. Todo vale en su esquema salvaje. Quiero expresar un deseo ciudadano, que no es utópico, porque en Valparaíso lo estamos logrando. Hay una impronta de manos limpias y transparencia en el Pacto Ciudadano y esto hay que defenderlo. No son menores las amenazas, en un período pre electoral los operadores no se quedarán quietos y las zancadillas a este grupo joven que empieza a conducir la ciudad, no se harán esperar. Estar alertas es un deber cívico con Valparaíso.



Recuperemos la Confianza. Que el 2017 sea un año de inflexión para recuperar la Decencia en Chile.



 



Etiquetas:   Política   ·   Anticorrupción   ·   Sociedad Civil   ·   Valparaíso   ·   Soberania
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