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¿Qué le ha pasado al Partido Popular?


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23/12/2016


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Está claro que el Partido Popular ha dejado de ser, sin duda, el referente del pensamiento liberal-conservador. Ha apoyado a lo largo de sus cuatro años de gobierno de lo décima Legislatura y los pocos meses de la duodécima en los que continúa al mando, medidas poco o nada acordes con su supuesto ideario y sus principios más intrínsecos. El PP parece encaminarse, inexorablemente, hacia un pozo de vacío ideológico brutal, un vacío de identidad en toda regla.


Este PP de Rajoy ha apoyado por activa y por pasiva, pero apoyado al fin y al cabo, por el hecho de haber mirado hacia otro lado, políticas de fuerte gasto público, incluida la mayor subida de impuestos de la historia de la democracia, la despenalización del aborto, la ley (me niego a escribirla en mayúsculas) de desmemoria histórica, borrando de un plumazo un pasado colectivo sólo a gusto de la progresía, la discriminación "positiva", el gran éxito del feminazismo (como si cualquier discriminación pudiese ser positiva), denigrando así los derechos naturales del hombre, sólo por ser hombre, la descatolización de la esencia española, más antigua que el propio estado, la difusión de una mentalidad sectaria sobre España y sus particularidades regionales, favoreciendo el auge de las simpatías hacia cualquier tipo de segregación con reminiscencias xenófobas, propias del nacionalismo romántico más arcaico, la apatía ante la lucha contra el terrorismo, dejando en libertad y acercando a etarras a las cárceles exigidas por éstos, la apertura de brazos hacia inmigrantes sin papeles, promocionando sus derechos por encima de los de los ciudadanos honestos y honrados, por el mero hecho de ser inmigrantes... entre otras muchas tropelías.

Todo ello lo ha apoyado pasivamente, y en casos concretos muy activamente, en connivencia con los ideales de sus denostados "adversarios" políticos, que al fin y al cabo no dejan de ser aliados o, mejor dicho, colegas, el PSOE y Podemos, con los que, en verdad, sobre todo con el primero, sus planteamientos no difieren más que en pequeños puntos programáticos. Al final, PP y PSOE son prácticamente lo mismo, atrás quedaron los estables tiempos en los que un partido de mayoría natural liberal-conservadora se alternaba, más sanamente que ahora, con un partido de mayoría natural socialdemócrata. Ahora, el vacío PP de Rajoy, Soraya, Montoro, el Partido Popular sin contenidos, ideas y valores se ha subido al carro de la conveniencia política y juega a ser de centro, ese ridículo espacio cuya única ventaja es saber no mojarse en nada para huir "aparentemente" de los grandes conflictos.

Una actitud, la de no ser nada ni nadie, que, como la vida misma enseña, tiende a resolver problemas a corto plazo, pero no resolviéndolos verdaderamente, sino postergándolos hasta que se hayan hecho más grandes, más complicados todavía de solucionar. Y eso es lo que están haciendo Rajoy y su cohorte, no casarse con nadie para, paulatinamente, ser abandonados por todos.

No defiendo un partido no dialogante, intransigente en exceso y que no sepa alcanzar determinados consensos. Pero menos aún defiendo un partido que ha despreciado sus ideales puros, originarios, los que se suponen son su seña de identidad y no deberían cambiar jamás. Pero está claro que en estos tiempos de relativismo y vacío moral la batalla de las ideas suena a caduco, inútil y hasta cursi, y sólo parece importar ganar el mayor número de votantes posibles, pescando en caladeros cada vez más amplios y difusos, para así conseguir mayor número de escaños y, por ende, sillones. Hoy, los dirigentes tecnócratas y materialistas del PP parecen haberse amarrado a aquello dicho por Groucho Marx de que todo principio puede ser susceptible a ser modificado. 

Pues no, señores. Ustedes creen haber ganado por aquello del voto del miedo, de potenciar el pánico al radicalismo de Podemos, que no es más que una aparentemente astuta estrategia para esconder su profunda inseguridad como partido: el miedo a mirarse sinceramente a sí mismos, a realizar un juicio auto crítico profundo que llevan eludiendo mucho tiempo y mostrarse como quienes realmente son, no como mal menor frente a lo que puede ser peor. Enhorabuena PP de Rajoy. Ahora, en plena tormenta de proceso progresivo de recuperación económica y necesidad de estabilidad institucional, parecen haber ganado la partida. Pero no se confíen, la gloria, como los verdaderos líderes saben, no es eterna, y la comodidad de eludir los problemas algún día se acabará.

Cuestión de tiempo que se tengan que enfrentar a demostrar quienes son verdaderamente, y entonces tendrán que demostrar si en verdad poseen valentía, o si la cobardía continúa siendo su verdadera seña de identidad. Tiempo al tiempo.



Etiquetas:   Política   ·   Partidos Políticos   ·   Neoliberalismo   ·   España   ·   Conservadores
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