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El trabajo está bajo ataque


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16/12/2016


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En los últimos tiempos pareciera que el establishment se propuso crear un ámbito de discusión donde se plantea el trabajo como un problema.


Desde las suspensiones, el desempleo como variable de reacomodamiento financiero y la flexibilización hasta el trabajo en negro, sin dejar de lado a nuestros trabajadores pasivos, los jubilados el mundo del trabajo humano soporta las mayores desigualdades. Antes el trabajo era como la ley; todos somos iguales ante ella, hoy el trabajo no iguala porque se puede tener un trabajo precario que no es igual a un trabajo justo con todos sus beneficios.

Dirigentes políticos que forman parte de algunos feudos provinciales, el gobierno nacional, dirigentes gremiales, ministros de trabajo y economía han naturalizado este statu quo al punto de incorporar como “normal” que el arco que va desde las suspensiones hasta el 38,6% del trabajo en negro y la flexibilización encubierta sean parte de la resignación dentro del escenario político-social. En este sentido el trabajo ha pasado a ser una variable discriminatoria aplicada a aquellos que no lo tienen y pasan a conformar un “invernadero de pobres” que siguen sin poder incorporarse al mundo del trabajo. Han vulnerado la dignidad que ofrece el trabajo y su rol de ordenador social quedándose, además, con el  exceso de la renta a través de impuestos distorsivos y descabellados que ponen al trabajador cada vez más lejos de sus necesidades básicas. 

El desempleo ha dejado de ser una herramienta de destrucción del tejido social de “baja intensidad” para convertirse en el eje de disolución social y nacional; fundamentalmente porque agrede a las familias que son la unidad básica de la sociedad. Un país esmirriado está a expuesto a los virus disgregativos más letales en una sociedad: la fragmentación familiar y social.

Lo notable es que ningún gobierno, mediante la “policía de trabajo” que depende del ministerio de trabajo no intervenga de manera directa en la detección de la explotación encubierta de nuestros trabajadores. ¿Hay algún acuerdo con los empresarios para no avanzar en este sentido y terminar con el trabajo en negro? ¿Las rentabilidades deben ser cargadas sobre las espaldas, siempre castigadas, de los trabajadores y quitarles el “jubileo” a nuestros trabajadores pasivos? El 38,6% de nuestros trabajadores está en negro y el 78% de la masa jubilatoria no cobran más de $7.000.

Quieren transformar en un “simple número” los efectos nocivos que produce esta degradación humanitaria. Hoy pobres e indigentes suman el 48,2% de la población activa, mientras tanto los responsables de esta denigración humana banalizan esta situación social dándole una “naturalidad” que solo demuestra la insensibilidad de unos pocos en detrimento de muchos. Nos quieren convencer que el hambre es lo natural y que el holocausto es inevitable. Para salir de esa lógica globalizadora tenemos que comprender, y defender, que  trabajo es el medio de progreso y movilidad social.

Muchos se pavonean hablando del trabajo y sus derechos, pero saben que; para que existan los derechos del trabajador primero debe haber derecho al trabajo.

El trabajo está bajo ataque, los derechos han pasado a ser “placeres aparentes” con fecha de vencimiento. Para algunos hoy no es sustentable el trabajo digno y promueven la insectificación del hombre alientan como una panacea la “esclavitud relativa”.

Se habla de inflación, despidos,  pobreza e indigencia y se omite subrayar el ingrediente que devela la fragilidad estructural que padecen los trabajadores; los que están en “blanco” para no ser pasados al “negro” y los trabajadores en negro para no ser desplazados al “invernadero de pobres” que dependa del gobierno de turno. Me estoy refiriendo a las Necesidades Básicas Insatisfechas que al día de hoy someten al 53,2% de la población activa.



Es inaudito que se siga relativizado el valor del trabajo, esto nos conduce hacia la nada misma y al desencanto por la trascendencia como seres humanos. Debemos cuidar y promover el hábito del trabajo. El relativismo altera la realidad y nos pone frente a los sofistas que sostienen que una sociedad caótica es igual a una sociedad dinámica (¿?).



Etiquetas:   Políticas Sociales   ·   Desempleo   ·   Sindicato   ·   Trabajo   ·   Empresas   ·   Ministerio de Trabajo   ·   Argentina   ·   Esclavitud

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