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EDUCACION y los Valores Políticos


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17/08/2011


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La actual crisis de la Educación ha continuado escalando en su tensión, casi con tanta velocidad como se van cerrando opciones de solución en el corto plazo, asunto vital de cara a que los estudiantes no pierdan totalmente su periodo escolar. Digo totalmente porque, en los hechos, ya han perdido, y mucho. Todo proceso de aprendizaje requiere de espacios y tiempos para que maduren y permeen los conocimientos que se entregan.


 

Cuando prima el fundamentalismo, de la naturaleza que sea, la única respuesta válida es el logro total de lo que persigue “esa parte”, con la consecuente “derrota total” del otro lado. En los hechos, implica olvidar la vocación democrática de una comunidad, al menos las de quienes se mueven en este eje bipolar.

 

En el momento actual, ejemplos de este fundamentalismo político están por todos lados. Dos ejemplos:

 

1.       El Gobierno ha exacerbando al extremo los ánimos, incluso hasta hacer suponer que se persigue el objetivo de lograr su propio diseño de solución, mediante el miedo y el desgaste de la opinión de las comunidades, crecientemente más organizadas y de origen también crecientemente más transversales (los cacerolazos de la Plaza Ñuñoa, por ejemplo).

 

Potenciar la tensión sicológica creo que es la única explicación que puede tener que carabineros, no solo lancen bombas lacrimógenas a grupos de manifestantes que promueven desórdenes, o están francamente provocándolos, sino que también, son lanzadas hacia recintos cerrados (además en cantidades insólitas), que no están agrediendo a  nadie (por ejemplo, los “bombardeos” al interior del Instituto Nacional, o hacia la sede de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile, que llevó a sus estudiantes a sumarse, por primera vez, a acciones de tomas y protestas que son más habituales en las demás facultades de esta casa de estudios). Ni que decir cuando el alcalde Zalaquett, saca a colación la participación de militares en las calles, amenazando, sin pudor alguno, con una historia que ya es conocida y para la cual no estamos disponibles a revivir.   

 

2.       En la otra vereda están quienes exigen, casi como dogma, que no exista lucro en la educación. Lucro es la ganancia o provecho que se saca de algo, en consecuencia, adecuadamente prohibido donde corresponda y regulado en los otros casos, asegurando que no entorpece el desarrollo de valores políticos, no tiene por que ser un estandarte rígido e intransable. Es cierto que algunas  universidades, amparándose en vacíos legales han manipulado escenarios para provocar una comprensible ira de parte de la ciudanía. Sin embargo, en este punto, el Ministro Bulnes ha sido preciso en repudiar tales practicas y ha hecho propuestas que parece que apuntan a extirpar este tipo de situaciones. Con ello, queda espacio para cerrar ese punto como factor impulsor de que continúen las suspensiones de clases. Seguir, casi majaderamente con este aspecto, cae, por lo mismo, en esta lógica fundamentalista que he mencionado. 

 

Hay otros ejemplos, por ambos lados, pero me quedo con los ya mencionados. Vamos entonces a la contrapartida, a los Valores Políticos.

 

Desde la perspectiva del comportamiento humano, “valor” es aquella cualidad de las acciones, que las hace estimables y deseables por si mismas y no por relación a alguna otra cosa. En este sentido diremos que son apreciadas como un fin y no como instrumentos para una finalidad de orden superior. Un valor es una finalidad de orden superior.

 

Bajo este concepto, por ejemplo el sueldo mensual nunca es un fin en si mismo, puesto que se le desea para lograr satisfacer otras acciones (pasear, jugar, leer, compartir, viajar, salud, educación, en fin, cualquiera de la gran mayoría de las infinitas necesidades que nos rodean cada día de nuestras vidas). Por lo tanto, cuando hablamos de valores políticos, me refiero a aquellas decisiones y acciones que, en si mismas, conllevan un beneficio para la comunidad y que, por lo mismo, las hace deseables y justifican el  “luchar” por ellas.

 

Al enfocarse en los valores, se sale de una mirada polarizada de la vida y se entra en un amplio abanico de opciones donde la creatividad y las distintas ideologías pueden (y deben) encontrar puntos de encuentro que permitan avanzar. Visto así, el ejercicio de los valores políticos coloca siempre a prueba las verdaderas convicciones democráticas de los pueblos.

 

Desde esta perspectiva, el actual conflicto educacional nos ofrece dos valores sobre los cuales vale la pena todo esfuerzo que se despliegue en torno a ellos:

 

1.       Educación de calidad. No creo que haya dos opiniones al respecto. Pero claro, se abre un interesante debate en torno a qué es lo que entenderemos por “calidad”. Y bienvenido este debate, que sin duda crea oportunidades de crecimiento y saltos cualitativos que tal, vez ni siquiera imaginamos.

 

2.       Acceso garantizado a esta “educación de calidad”, sin que ello esté mediado, hasta el abuso, por los flujos económicos de los padres, ni menos de los estudiantes. 

 

Estos dos son valores políticos dado que, lo que se desea satisfacer o lograr es un fin último, que la gran mayoría de la sociedad reconoce como válidos, necesarios y urgentes.  En este escenario, las distinciones se enfocan en encontrar respuestas consensuadas respecto de “CÓMO” se alcanzan tales finalidades, asumiendo que esto implica acuerdos y tiempos de ejecución.

 

Cuando tenemos a la vista el fin último, en que es fácil estar de acuerdo, las conversaciones que se abren, por muy duras y complejas que sean, se despejan en planos en que, siempre, provocan círculos virtuosos de mejoramiento. Esto puede implicar gradualidad, asunto que, por lo demás, implica el despliegue de lo mejor de toda democracia.

 

Cuando, por el contrario, lo que está en la agenda de discusión es solo UN “cómo”, intransable, estamos en el escenario ya descrito de las conductas fundamentalistas: Educación 100% estatizada v/s Educación 100%  privatizada; Ausencia total del lucro en la educación v/s Lucro garantizado, con subsidio del Estado, en fin, no es difícil encontrar evidencias de este tipo en el actual conflicto. En este plano estamos como formando parte de uno de los dos rieles del ferrocarril pero que, como tal, nunca se encontrará con su par. No tenemos tiempo para darnos ese lujo fundamentalista. Necesitamos reenfocarnos, con humildad y firmeza, entendiendo que la solución implica de todos. Nadie sobra, todos somos necesarios.

 

Me gustaría ver una tabla de cuatro columnas: La primera, con el tema trascendente a trabajar; la segunda, con el/los tratamiento/s que piden los estudiantes en esa materia; la tercera, con la/s propuestas del Gobierno referidas a ese tema, pareándose con los antecedentes de la columna 2 en la medida que sea posible; y la cuarta, la más importante, en blanco, para que se complete en una mesa en que estén todos los actores involucrados (la invitación del Congreso es, por ejemplo, un buen espacio). Si hay verdadera vocación democrática, con seguridad, esa columna 4 será mejor que lo que estaba en las columnas 2 y 3, pero por sobre todo, serán acciones viables, posibles, útiles para el país, y no meras consignas de intenciones que se difuminen rápidamente. 

 

De eso se trata el actuar en el marco de valores democráticos, en este caso, pisando el acelerador de los cambios, a fondo, asegurando educación de calidad en un sistema inclusivo y equitativo.

Etiquetas:   Educación   ·   Política

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