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Cambiar el ánimo a la Ciudad Bella


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13/12/2016


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Valparaíso tiene un joven Alcalde que asumió hace una semana. Hay expectativas y más que eso, esperanza.


La percepción de las personas frente a su entorno depende de su estado de ánimo. Existe una consistencia entre la forma cómo uno se siente y la posición corporal que adopta. Cuando se levanta la vista uno descubre las fachadas, el cielo y se puede respirar con mayor soltura. Cuando la persona masculla dolor o rabia, su cuerpo se encorva y la mirada baja, llegando a no observar lo que ocurre en rededor, enfermando.

Cuando los niños se toman de la mano y forman un gran círculo, la energía bulle en las rondas y el movimiento se desenvuelve como una pieza coral. Los juegos sacan sonrisas, el abrazo despierta ternura, la sangre sube al rostro y las manos se entibian.

El individuo encorvado que vive en el resentimiento o la envidia jamás alcanzará la paz. Quien vive la sensación colectiva de pertenecer a un grupo de amigos o conocidos, de compartir ideas, afinidades, compartir la calle y la vereda, la plaza, el paradero del bus, el ascensor, el barrio, puede cambiar su ánimo.

Todos nos necesitamos, cada quien organiza su espacio, su propio reino, pero, definitivamente, todos, más temprano que tarde, necesitamos integrarnos a un colectivo de sueños compartidos, en donde podamos recrear sentimientos de encuentro, de amistad cívica, de colaboración, de práctica social elemental. Como lo es saludarnos, el preguntar al vecino un simple cómo está usted. En la vida gregaria surge la armonía, porque respetamos los espacios comunes, defendemos nuestras comunidades.

El individualismo es aberrante, es contra natura, los individuos necesitan construir pertenencias para crecer, para caminar la ciudad, para sobrevivir a las crisis, para aprender a compartir y también a amar. Construir pareja, construir familia, pasa por buscar el complemento en el otro, dispuestos a entregarse el uno al otro, sumarse en un conjunto diferente que se convierte en una nueva dimensión, hilada a fuerza de entrega y renunciación.

Somos muchos los que añoramos los climas de infancia, esos que desaparecieron en una larga etapa que no ha concluido, en donde se conculcaron las actitudes colectivas, se desmanteló el tejido social, se sembró el terror, la desconfianza, el egoísmo, la delación, el sálvese quien pueda. Y seguimos como sociedad, enfermos de soledad, sin ánimo para siquiera escuchar, bregando por ganar materialidades que al final te aplastan y esclavizan.

Recuperar convivencia requiere más que un terremoto o una catástrofe de cualquier tipo. Porque las hemos vivido y después hemos seguido iguales o peores. Porque en esos episodios hemos visto la vileza de especuladores y políticos asociados, que hacen negocios con la angustia, que acaparan, que compran la madera para venderla tres veces más cara porque hay que construir mediaguas. Los monstruos del sistema son depredadores, destruyeron el bosque nativo, el mar, la ciudad bella que nos vio crecer.

Frente a ello, recuperar dignidad exige precisamente sumar, salir de la apatía, dejar de lado ese egoísmo perverso y salir, de a poco, tratando de recuperar confianzas, aunque vayamos llenos de cicatrices por traiciones y deslealtades, tenemos que atrevernos a mirar al prójimo a los ojos y no sentirlo como el enemigo que te quiere fregar, sino como otro solitario que también necesita volver a creer y quiere como tú o nosotros, levantar la vista y caminar erguidos, en una cadena de silencios, en una conversación que apenas se asoma, pero tratando de no enrejar el alma como en una cárcel, tratando de compartir un trozo de pan, un vaso de leche, una mesa modesta donde todos aportan en función de su capacidad.

Construir a partir de las tragedias es lo que hace grandes a los pueblos y eso para los chilenos es una tarea pendiente. Seguimos esclavos de nuestras malas decisiones, seguimos fragmentados y manipulados por mentiras oficiales, conscientes de que ello ocurre, pero cobardes para dar los primeros pasos.

Por eso la esperanza en este fin de año en la Ciudad Bella que se pone de pie, por porteños que antes se ignoraban, se quitaban el saludo, pero que hoy vienen con un ánimo distinto, sin optimismo pero con una mínima apertura a una oportunidad de enmendar el rumbo de esta Ciudad Bella, en un sueño que debe aterrizar en cuestiones concretas, en actitudes positivas, como barrer tu vereda, no tirar las colillas al piso, ceder el asiento a las mujeres embarazadas o a los abuelos; tener a tus mascotas en las casas, levantar sus fecas, dar agua a los perros abandonados, defender el barrio de patotas, de vándalos, de delincuentes, organizarnos para ser dignos de la libertad con que nos llenamos la boca.

Periodismo Independiente, Valparaíso, 12/12/2016 @hnarbona en Twitter



Etiquetas:   Cooperación   ·   Ciudad    ·   Participación Ciudadana

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