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¡Qué
manía tienen los políticos de este país con tocar la educación! Parece como si
todo el mundo supiera de ello. No tengo dudas de que la ignorancia es muy
atrevida, pero de ahí a hablar de la educación como si se fuera experto, cuando
no se tiene contacto a diario con ella, va un trecho. Se lo garantizo. Sin ir
más lejos, la semana pasada, con motivo de la huelga de estudiantes, su
representante dijo a los medios de comunicación tal cantidad de barbaridades e
inexactitudes que sentí vergüenza ajena.
El
caso es que, cada vez que meten mano en ella, es para peor. La prueba de cuanto
decimos es que en algunas comunidades autónomas se ha cuidado mucho la
educación, a pesar de los recortes: es el caso de Navarra y Castilla y León. La
insuficiencia que genera la administración educativa, la suple el profesorado,
casi siempre a marchas forzadas.
A
veces la normativa educativa es deficiente o mala de solemnidad y el
profesorado lo que hace es adaptarla a la realidad, eliminando aquello
inservible o excesivamente abstracto. Cualquier enseñanza que tenga ejemplos en
el día a día siempre es más fácil de aprender que la explicación a secas. Hay
una frase de Confucio que se me ha quedado grabada para siempre y que suelo
tomarla como guía para mi alumnado: “Lo escuché y lo olvidé, lo vi y lo
entendí, lo hice…y lo aprendí”.
Esa
adaptación de la que hablaba antes se lleva a cabo siempre en beneficio del
alumnado. La formación, desarrollo y mejora de éste deben ser prioritarios para
el profesorado, sin reveses ni retorcimientos retóricos ni teóricos. Algo así como
cuando la Inspección educativa no está de acuerdo con los horarios del
profesorado: la solución siempre pasa por retocarlos y adaptarlos a lo que se
pide, pero a la hora de la práctica se utiliza el sentido común; lo que quiere
decir que no tiene por qué coincidir ese sentido común con lo que se da por escrito
a la Inspección; es lo que en Pedagogía empírica se llama realismo procedente
en aras de conseguir lo mejor para el alumnado.
Llevamos
varios años dando tumbos, como llevamos varios años hablando del pacto por la
educación. ¿Se acuerdan de cuando Felipe González decía que había que sacar
adelante ese tipo de pacto? Pues ha
llovido y salido el sol. Rubalcaba se hartó de recomendarlo, pero solo en época
electoral; después se le olvidaba hasta las siguientes elecciones generales.
También la ministra Del Castillo se empeñó en ello. El ministro Wert hizo
alusión a ese pacto, pero… ¡Agua de borrajas! ¡Y aquí llegamos! A ver ahora por dónde salen, cómo negocian el
pacto y si cuentan con los profesionales o no. Por cierto, los sindicatos de
enseñanzas no representan al 83% del profesorado si hacemos caso al nivel de
afiliación sindical.
Actualmente
es imposible un pacto por la educación, teniendo en cuenta ‘los bueyes con los
que hay que arar’. Las ideas que ‘Podemos’ representa sobre educación son más
antiguas que la sal y la noria, además de que la población está muy alejada de
cuanto defiende esa formación en cuyo ADN se incorpora la corrupción de muchos
de sus miembros. Con los nacionalistas-independentistas no veo factible hacer
un pacto de ningún tipo. ¿Se imaginan debatiendo sobre educación al tal Rufián?
¿A que tampoco se imaginan haciendo propuestas serias y rigurosas a Irene
Montero, Zapata, Mestre,…? ¡Para reírse,
vamos!
Cuestión
bien distinta es intentar pactar entre Partido Popular, Partido Socialista y
Ciudadanos. Si bien están muy alejados en algunas cuestiones, pueden acercarse
en muchas otras. Hay unos mínimos que sí se pueden pactar sin problemas. Eso
hoy, porque, de haber estado ‘Pedroflauta’ Sánchez al frente del PSOE,
hubiera sido imposible abordar el tema educativo o cualquier otro tema. La
mayor y mejor de sus propuestas era: “No es NO. ¿Qué parte de ese NO es la que no
entiende, Sr. Rajoy?” En fin, ya
conocen su final político.
Mientras
esperan al pacto por la educación, aprovechen el tiempo y lean el informe PISA.
Relájense porque no verán un pacto por la educación tan pronto. Hace tiempo
escribí sobre cómo falla por la base el informe PISA y no he cambiado de
opinión. Eso sí, sirve para que algunos políticos saquen pecho. Ya lo comprobarán.
Doy fe.
Jesús
Salamanca Alonso