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¿A quién le hablo Zaratustra?


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16/08/2011

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Desde que empezara a padecer públicamente de cáncer, el presidente venezolano Hugo Chávez, ha querido hacer públicas también las lecturas con las que ha decidido acompañar la dura terapia. Así habló Zaratustra de Friederich Nietzche, es un texto que parece hablarle misteriosamente


 

Ricardo Piglia vino y se fue. Antes de cumplir la segunda acción, recibió aquí en Caracas, el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, de manos de funcionarios subalternos, cuando era tradición que lo entregara el propio Jefe de Estado. El aludido, como es noticia mundial, ha estado últimamente indispuesto, pero está visto que desde que ocupa el cargo jamás le ha hecho el honor a ninguno de los ganadores del premio.

Piglia recorrió algo de Caracas, atendió a la prensa, los burócratas a cargo lo llevarían a algún restaurante de carne asada por ser argentino. Y hasta ahí.

El Premio Rómulo Gallegos, el más importante y de mayor tradición para la novela hispana, ya no propicia la expectación, ni los fastos, ni las polémicas de antes. El gobierno actual cumple con la rutina de convocarlo y entregarlo.

Pero, así como se fue sin que nos diéramos cuenta, siempre quedarán sus libros.

En días pasados, aproveché este espacio para comentar El último lector, de entre cuyas reveladoras páginas quisiera hallar la relación entre el poder y el acto de leer.

Me planteo una pregunta: ¿Qué hace que un poderoso, súbito falte al desdén que le procura a la sabiduría, y quiera encontrar algo que le sirva en las páginas de un libro?

Y cuando uso el verbo servir, ya voy afinando un poco más la interrogante; servir en la acepción tomada del Drae: “Estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone”. En el caso que ocupa no se trata de una persona que “está sujeto” a alguien, sino de una acción: leer, ¿para qué me sirve?, se preguntará el aludido. Y si de leer se trata ¿qué leer?.

Piglia diserta sobre varias encarnaciones del lector: habla del “lector adicto”, por ejemplo, “el insomne”, “los lectores puros”.

Escribe Piglia: “Muchas veces los textos han convertido al lector en un héroe trágico (y la tragedia tiene mucho que ver con leer mal), un empecinado que pierde la razón porque no quiere capitular en su intento de encontrar sentido”. Cabe suponer que alude tal vez al Quijote.

Piglia cumple con dar el nombre de su compatriota Macedonio Fernández, como el primero en querer desentrañar esa cosa, “el lector”, en las páginas de su inagotable Museo de la novela de la Eterna, “la obra en la que el lector será por fin leído”.

Hay un lector que lleva el asunto de servirse de la lectura al extremo del crimen. Según Piglia: “El lector criminal, que usa los textos en su beneficio y hace de ellos un uso desviado, funciona como un hermeneuta salvaje. Lee mal, pero solo en el sentido moral (…) Se lee un libro contra otro lector. Se lee la lectura enemiga”.

El sex appeal de Zaratustra

Todas estas citas de Piglia valgan como boyas en el derrotero borrascoso a transitar. Finalmente, ¿cuál es el lector que se quiere hallar? Ese que desde el poder, se siente atraído por la enigmática afectación de Así habló Zaratustra de Friederich Nietzche.

Es sabido que el atormentado pensamiento del alemán ha sido visitado por gobernantes más o menos despóticos a lo largo de la historia. Para encontrar una explicación tal vez venga la caso algo de ese desgarrador retrato intelectual que Thomas Mann hace del autor de Ecce Homo: “Todo el mundo admitirá que es una extralimitación de la soberbia, una extralimitación hética, que da testimonio de una razón escapada de las manos, el hecho de que Nietzche diga que Así habló Zaratustra es una hazaña tal que, comparada con ella, todo el resto de las acciones humanas aparece como algo pobre y condicionado (…)” Y continúa Mann: “(…) la relación de Nietzche con el Así habló Zaratustra me parece una relación de sobreestimación ciega”. Y agrega una apreciación de estilo muy pertinente para entender la atracción que un texto terminal y paroxístico ejerce sobre cierta gente: “Merced a su gesticulación bíblica se ha convertido en el libro más ‘popular’ de los libros de Nietzche; pero no es, ni de lejos, el mejor de ellos”.

Nos deja ver Mann que a Nietzche se le conoce más por el estertor de su monumental pensamiento, que por otra cosa. El uso que se le quiera dar a ese legado oscuro es igualmente turbio; servirse de ese texto no es aconsejable puesto no fue escrito para servir a nadie ni a nada. “Un libro para todos y para nadie”, al decir de su autor.



Etiquetas:   Literatura

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